‘Encara no’

xaviMARIO BECEDAS | Es el mejor. O lo ha sido. Es igual, no admito discusión. Nadie ha mecido igual el balón, nadie ha jugado así al fútbol, como si lo viera desde el cielo. Ha sido el control, la estabilidad, el ‘ninja’ del estilo, la apoteosis de La Masía, el cálculo, la inmortalidad. En su cara hecha para lagrimones se podía leer su adiós, pero Xavi no se va, todavía no. ‘Encara no’.

La vida fue un gol al Valladolid que salvó a Van Gaal en el 98 y llegó a ser una bola de oro bajo el cielo de Johannesburgo. La vida fue un ‘6’ trabajando y trabajando los doce años mediantes. La vida fue un Xavi al que Antić adelantó su posición en 2003 ante el Betis para engrasar la maquinaria como nunca se vio en el Camp Nou. Aún no ha parado.

Con su media vuelta única, Xavi ha protegido siempre al fútbol del horror sin balón. Tras su giro quedaba la catástrofe y por delante la belleza. Aunque empezó muy atrás y a Rijkaard le costó fiarse, fue Luis Aragonés —Luis siempre aparece— quien le dio la batuta en la Euro de 2008 y junto a Iniesta comenzó a coser el juego. El de Tarrasa iba para elefante de San Siro, pero un Guardiola aún capilar encontró su llave.

¿Y qué vino después? La circulación. La posesión. El ‘céspet’. Los choques dialécticos, el ‘seny’ que se escapaba por algún micrófono y la gloria. Xavi ha sido todo nuestro fútbol. Estuvo en los naufragios ante el Valencia de Mendieta, y en el de Corea con España. Sus primeros toques fueron bajo la arrulladora voz de Ángel de la Casa y va a dejar el primer nivel cuando todo es ya 2.0 y él por los siglos de los siglos el jardinero fiel del ‘fúpbol’. Ya es un monumento. Un ídolo de los que es forzoso despedirse en la tristeza. Un ídolo de los que no quieren irse, de los que no queremos que se vayan. Un ídolo de los que se tienen que despedir en el ridículo y la vejez. Ésa es su leyenda.

Algunos llegaron al fútbol desde Di Stefano, otros desde Pelé, los más desde Cruyff o Maradona. Vino después la oleada de Raúl y para los que llegamos tarde ahí estaba Xavi. Con su pelo primero de ‘Al salir de clase’ y después de ‘Bola de Dragón’, escupiendo pases al 100% de efectividad, incendiando el círculo central, marcando a la Juventus para nada, siendo el verdadero rival mediático de Mourinho, intercambiando números y virguerías con Iniesta, con su pupila de 100 metros, con su GPS en el cogote.

Ha visto Juntas que se inmolaban, ha sobrevivido a Núñez y Gaspart, a Laporta y a Rosell. Conoció dos veces a Van Gaal. Ha jugado con Guardiola y Luis Enrique para después estar a sus órdenes. Ha ganado el ‘Sextete’ y sufrió la pañolada ante el Sevilla. Empezó con Rivaldo y va acabar con Neymar. Le dio mirra a Kluivert para acabar dándosela a Messi. Ha sido la sombra de Del Bosque y el amigo de Casillas, los dos salvadores de un legado que ahora se destruye sin piedad.

La temporada del Tata fue un despropósito, un cúmulo de pequeñas tragedias. El reloj biológico empujaba a Xavi a la pachanga americana, a la ‘gymkhana’ australiana, al convite catarí. Pero no. Aún no. Xavi seguirá dando nuestros pases, seguirá llevando nuestro brazalete, seguirá poniendo compás a la crepuscular danza de la pelota, seguirá siendo el reflejo verde en la tele. Aunque sea un error, aunque no salga bien, aunque apenas juegue, aunque sean sólo unos meses. Aunque sea por sobrevivir a Valdés, a Puyol, a Pep. A todos. Xavi todavía no se podía ir. Él no estaba preparado. Nosotros tampoco. ‘Encara no’.

26/07/2014

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