Hierro

hierro-ancelottiMARIO BECEDAS | Se nos acabó el fútbol, que no nos devore la pasión. Entramos en el tedio perdido, calor sin balón. Atrás queda un Mundial dudoso pero que mantenía la sangre en circulación. Algo en lo que apoyarse. La pelota en movimiento. Se viene la temida pretemporada. Baile de rumores. Tintas huecas y planificaciones desde la piscina. Periódicos edificados sobre la nada y nombres, muchos. El último: Fernando Hierro.

Juguetea Florentino con los ovillos de James y Keylor Navas, pensando ya más como cabeza de fundación —¡ay el gran proyecto latino!— que como presidente de club. Ante la temeridad de prescindir de Benzema o la concesión de rigor al Arsenal —ahora todos somos ‘khediristas’, fenómeno Podemos— han caído dos aciertos raros en un Madrid reciente campeón.

Toda vez que Luis Enrique, nuevo mantra, comparece en Barcelona con pocas respuestas, muchas ganas y un cetáceo del despacho futbolístico como Zubizarreta a su vera, los blancos piden la pieza a Alemania —¡Kroos de mi vida!— y sujetan la comunión del vestuario: retorna Hierro, otro capitán mi capitán.

Hay en lo de Hierro un poco de raciocinio bajo el solitrón de Concha Espina. Se confía en el de Vélez-Málaga —¡codos fuera!— como pegamento para un vestuario que viene de la gloria, son veinte orejas apiladas sobre la Castellana. Ante la sorpresa de Zubi, Hierro aterriza como segundo entrenador —el hueco de Zidane en el banquillo es humano— y no para jugar. Mientras la prensa catalana ya va por Mathieu y Marquinhos, el Director Deportivo del Barça cree tener cerrados a Migueli y Alexanco, pero para la zaga.

Sentido común y campechanía, Hierro aportará al vestuario la gramática traidora de Ramos y un viso de unicidad que tan bien vino a ‘La Roja’. El andaluz, más psicólogo que táctico, es un anhelo perdido para Del Bosque, que tanto le echa de menos en una Selección agujereada por las puntas de su estrella. Con él, jamás hubiesen vuelto de Brasil desperdigados y sin traje.

Pero, por desgracia para el Marqués, el viejo ‘4’ del Madrid hizo las paces con Florentino —sombra del fútbol, siempre presente— para regresar a la casa que le hizo grande y al amparo de Ancelotti, divino acompañante, glamour campestre, abrefácil del fútbol, amabilidad, ‘charming’, flexibilidad laboral y chicles para todo. Sólo les queda el melón de Casillas, tan cerrado como una herencia en el olvido.

Aun así, el madridismo vuelve a estar seguro desde atrás. Y es que, ya sabe que, ante la dificultad, Hierro, como aquella vez en Anoeta, frente al árbitro, estará ahí para plantar cara a cualquier eventualidad: “Ya no sabes como jodernos, eh”.

17/07/2014

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