Redentor James

JamesRodríguezJULIÁN CARPINTERO | 20 años. No podía haber una fecha más redonda que éste 2014 para conmemorar uno de los días más tristes que vivió el fútbol colombiano en toda su historia. El 22 de junio de 1994, en el Rose Bowl de Los Angeles, más de 90.000 personas vieron en directo cómo el defensa ‘cafetero’ Andrés Escobar desviaba un centro del norteamericano John Harkes para batir a su propio portero, Óscar Córdoba. Tendido en el suelo con el rostro tapado por sus manos, ‘El caballero del fútbol’ no podía imaginar que apenas diez días después sería tiroteado por un perturbado relacionado con el narcotráfico y el paramilitarismo. Este mismo sábado, la nación que hace dos décadas escondía la cabeza como las avestruces, salió a la calle con sus banderas, henchidos de orgullo, para festejar que Colombia avanza con paso firme en esta Copa del Mundo.

Pase lo que pase el próximo sábado, Colombia ya ha hecho historia. Cuando el 4 de julio salte al césped del Estádio Castelão de Fortaleza para enfrentarse a la anfitriona Brasil por un puesto en las semifinales, los chicos entrenados por José Pékerman habrán clavado el estandarte colombiano más alto que ninguna otra generación de futbolistas de este país. Ni los Higuita, Valderrama o Leonel Álvarez, que cayeron estrepitosamente ante Camerún en los octavos de Italia ’90, ni los Asprilla, Serna o Rincón, que no pudieron pasar de la fase de grupos del citado Mundial de Estados Unidos podrán compararse jamás con la prole de los Cuadrado, Jackson Martínez o Quintero. La de James Rodríguez, al fin y al cabo.

Su nombre bien podría ser el del protagonista de un película de Tarantino. Y, a pesar de que sus disparos son igual o más letales que los de Jules Winnfield, su pierna izquierda encierra toda la sutileza de la que haría gala el General Hans Landa antes de acabar con una familia de judíos. A estas alturas de torneo pocos podrán discutir que James Rodríguez está siendo la gran revelación del campeonato. Más allá de cifras –ha marcado cinco goles, anotando en todos los partidos, y ha repartido dos asistencias–, el ‘regista’ del Mónaco tiene la gran virtud de enamorar con cada acción en la que participa, ya sea un regate, un pase, un amago o una dejada. A sus 22 años, James –cuyo nombre ha generado más de una jaqueca en los narradores para mayor gloria de Twitter– no ha titubeado a la hora de vestir los galones que dejó en el armario el lesionado Radamel Falcao para liderar un ataque que, con Cuadrado por la derecha, las constantes subidas de los carrileros Zúñiga y Armero y Jackson en punta, más bien parece una estampida de gacelas. Colombia baila al compás que marca James, un ‘veterano’ al que la vida le puso dos opciones: madurar para triunfar o caer por el precipicio.

“Nunca tuvo juguetes como los otros niños. Eso sí, tuvo balones de todos los tamaños y colores”, ha comentado en alguna ocasión su tío Arley, ex futbolista del Medellín y la persona que inició a James en el fútbol. Y es que el ’10’ de Pékerman se crió sin la figura de su padre, Wilson –también antiguo futbolista de América de Cali y Deportes Tolima– que le abandonó a él y a su madre cuando el pequeño tenía sólo tres años. No obstante, y aunque su infancia futbolística debió estar marcada por ‘El Pibe’ Valderrama y su séquito, James siempre soñó con ser Oliver Atom, el protagonista de la célebre serie de dibujos animados japonesa “Supercampeones”. Tan idílico como tierno.

Su precocidad nunca ha conocido límites. Contaba Juan Castro en MARCA que a los 15 años debutó con el primer equipo de Envigado y que su primer gol llegó con 16. En este contexto, aún hoy conserva el récord de ser el extranjero más joven (17) en marcar en la máxima categoría del fútbol argentino, en este caso con la camiseta de Banfield. Así, fue en ‘El Taladro’ donde se dio a conocer al mundo y, de hecho, la Dirección Deportiva del Espanyol puso sus ojos en él hasta el punto de tener cerrado su fichaje, pero un problema con los avales para el traspaso hizo que el Oporto se adelantara en la puja y se hiciera con los servicios del genio de Cúcuta por unos 5 millones de euros para, dos años después, venderle al Mónaco por una cantidad cercana a los 40.

Su increíble momento de forma también encuentra explicación en una estabilidad emocional de la que disfruta desde 2009, cuando contrajo matrimonio con Daniela, hermana de David Ospina, el arquero titular de la Selección colombiana, con la que el pasado año fue padre de una niña llamada Salomé. Ambicioso, James admite tener entre ceja y ceja el Balón de Oro“ganarlo es la razón por la que madrugo y trabajo duro cada día”­–, y aunque es indudable que tiene potencial para ello quizá le falte refrendar de forma regular todo lo que está mostrando en el país del orden y el progreso.

El día en que a todo el planeta le costó cerrar la boca después de contemplar la obra de arte con la que despellejó a Uruguay, James hizo respirar a todos aquellos jugadores colombianos que llegaron a un Mundial con la misión de hacer grandes cosas por su país y fracasaron en el intento. Su tío fue uno de los líderes del cártel de Cali, pero el sábado James consiguió que Colombia fuera noticia por algo más que simples estereotipos. Él no había cumplido los dos años cuando Humberto Muñoz desenfundó su pistola para acabar con la vida de Escobar. Hoy, esa herida parece estar un poco más cerca de cerrarse.

01/07/2014

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