En busca de un nuevo zar

911707-19899008-1600-900ÁLVARO MÉNDEZ | Me relataba una conocida rusa hace unos días las hazañas y logros del actual Presidente de la Federación Rusa. Según ella, el omnipresente Vladimir Putin había devuelto a su país al lugar que jamás debió abandonar. Nada nuevo bajo el sol. Es la percepción general —e incluso acertada— de quienes vieron con horror cómo la Unión Soviética estallaba en mil pedazos y quedaba reducida a una ebria caricatura de sí misma con el Gobierno de Boris Yeltsin. Los excesos del político nacionalista contrastaban con la mofa internacional y la pobreza de una sociedad cuya estructura era incompatible con el capitalismo. En cambio, hoy Rusia vuelve a rivalizar con las grandes potencias mundiales y no duda en entrar en conflicto cuando sus intereses están en juego utilizando para ello las herramientas que la madre naturaleza le ha dado en forma de hidrocarburos.

Sin embargo, la hegemonía soviética no sólo se expresaba en los despachos. Su otra gran baza consistía en asombrar al mundo entero con fastuosas demostraciones del poderío comunista en todas las especialidades deportivas. La férrea disciplina y el esfuerzo estajanovista de sus deportistas ejemplificaba el respaldo del pueblo al Kremlin. Natación, baloncesto, atletismo, hockey e incluso el propio fútbol constituían un motivo más de orgullo para unas élites comunistas que llenaban de oro, plata y bronce sus medalleros particulares para berrinche de Occidente. Sobre el césped eran Lev Yashin, Oleg Blojín o Igor Belánov quienes llevaban la grandeza de la hoz y el martillo por todo el mundo.

Si bien es cierto que el balompié de la URSS no llegó a las cotas de excelencia de otras disciplinas, sí logró competir de tú a tú con los país capitalistas. Buena prueba de ello es la Eurocopa de 1960, los tres subcampeonatos cosechados en 1964, 1972 y 1988, los oros olímpicos de Melbourne 1956 y Seúl 1958, y los tres bronces consecutivos logrados entre 1972 y 1980.

Pero desde que el 25 de diciembre de 1991 Mijaíl Gorbachov firmara el acta de defunción de la URSS, nada ha vuelto a ser lo mismo. Los desequilibrios generados por el libre mercado y por la crisis económica sumieron al país en una ruina futbolística que a día de hoy sigue sin superarse. En las últimas dos décadas, sólo en una ocasión ha conseguido la Selección rusa pasar de la primera fase en una Eurocopa o en un Mundial. Fue precisamente en Austria y Suiza, año I del Renacimiento español, donde unos brillantes Arshavin y Pavlyuchenko sorprendieron a todos con un espectacular tercer puesto.

Pero Rusia sigue sin encontrar su sitio. Encuadrados en un grupo al que podríamos calificar sin duda como poco competitivo, los eslavos se jugaban ayer la vida en el Mundial. A priori no debería haber sido una auténtica odisea lograr el pase a la siguiente ronda al compartir primera fase con la joven Bélgica, la anárquica Corea del Sur y la inexperta Argelia. Sin embargo, el combinado de Capello se empeñó en agotar todas sus oportunidades. Ayer, ante la ocasión perfecta de redimirse y de olvidar los viejos mitos que achacan a sus futbolistas una alarmante falta de carácter y una crónica irregularidad, contra un equipo en principio inferior como los ‘zorros del desierto’, los de Fabio Capello se adelantaron en el marcador con un temprano gol de Kokorin. Sin embargo, fueron incapaces de mantener el resultado y se dejaron empatar en la segunda parte, algo inaudito en los discípulos del ‘sargento’, equipos que suelen sobresalir siempre por su consistencia, su eficacia en ataque y su solidez en defensa.

Habrá quienes expliquen el desastre con la falta de acierto de los arietes. Otros se cebarán con las pifias de Akinfeev. Pero los hechos no engañan cuando la virtud muta en defecto. De nuevo fuera de una Copa del Mundo a las primeras de cambio, Rusia ha de encontrar un nuevo zar que logre dar consistencia y continuidad a un combinado al que no le falta el talento. Proyecto, confianza y seguridad son más necesarias que nunca para devolver al país al lugar balompédico que jamás debió perder. En el horizonte, una fecha: el 8 de junio de 2018. Día en que el balón volverá a echar a rodar en las estepas de los estadios rusos. Será su última oportunidad. Su Mundial.

27/06/2014

Anuncios

One thought on “En busca de un nuevo zar

  1. Pingback: El cometa Arshavin – Visiones

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s