El último ‘rockero’

kloseMARIO BECEDAS | En el partido contra Ghana Miroslav Klose saltó al campo como debe hacerlo un jugador de Alemania, con la mirada perdida. El delantero corrió lento, largo, inexpresivo, hasta donde creyó que la Historia vendría a buscarle. Y así sucedió cuando su equipo sufría el 1-2 contra la potencia de los africanos.

En un córner extraviado, en una parábola desechada, Klose sacó levemente la pierna a punto de caerse al suelo y el balón entró en la red. Acto seguido se levantó como si nada para ejecutar su ya legendario salto mortal hacia delante, esta vez fracasado en su mitad por el peso gravitacional de los 36 años.

Pero, pese a la acrobacia circense y el pequeño puño de rabia, tuvo el gol y su reacción algo de ese Rummennigge que entraba con los partidos empezados, ya fuera por lesión o por edad, y anotaba sin esfuerzo , como quien pasaba por ahí, un tanto en el momento más crítico para Alemania.

Era un tanto que Rummennigge jamás festejaba tras su ceñuda cara de enfado y que acababa invariablemente de la misma forma: el atacante se colocaba la parte de atrás de su calzón para que la camiseta siguiera por dentro —todo en orden, espíritu teutón— y volvía al centro del campo trotando como si el balón se hubiera perdido por la banda.

Algo de esa frialdad quedó en los ojos siempre abiertos por miedo a fallar el remate de Klose, quien no hizo excesivo aspaviento pese a saber que se convertía en ese momento, junto a Ronaldo, el verdadero, en el máximo goleador de la historia de los Mundiales con 15 dianas. Lejos queda la primera de ellas, cuando Corea resultó un despertar.

klose-saltaa

Era 2002 y Rudi Völler confió en un jovencísimo Klose, que abrió su lata inmensa con un hat-trick ante Arabia Saudí, partido que quedaría 8-0. Allí se hizo famoso con su primera voltereta mediática y con un mes en el que sumaría cinco goles. Él prendió la hoguera que un Ballack de pómulo púrpura avivó tras su año ‘Neverkusen’.

Otro quinteto marcaría cuatro años más tarde en el Mundial de su casa y uno menos en Sudáfrica, cuando ya empezó a estar rodeado de alevines de toque y plasticidad para éxtasis de Löw. Si algo le queda a Klose es ganar el cuarto Mundial en el que participa y el cuarto consecutivo en el que su equipo puede disputar todos los partidos: no caen antes de semifinales desde Francia.

No podría caber mejor epílogo para este polaco de vida alemana que pone fin, quizá ya por siempre, a una gloriosa tradición en la ‘Mannschaft’: la de los viejos ‘rockeros’ de su delantera. Sus primeros conciertos fueron con los veteranos Neuville o Bierhoff —pipiolos cuando el crepúsculo de Klinsmann— y ahora es él quien se acerca a colgar la guitarra.

De hacerlo con su gol 16 en los Mundiales, es posible que intente su ya maltrecho salto mortal, pero a buen seguro que, con la mirada gélida, regresará al centro del campo recordando que tiene que colocarse la parte trasera de la camiseta bajo la goma del pantalón: ‘Deutschland über alles’.

26/06/2014

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