El ‘mufa’ y un pobre estúpido

imageSERGIO MENÉNDEZ | Resulta el humano un ser insaciable. Colmar nuestras expectativas nunca es suficiente, siempre queremos más. Un nuevo ejemplo de esta ambición desmedida lo hemos podido ver, precisamente, a lo largo del presente Mundial. Parece como si el hecho de asistir a uno de los torneos más emocionantes que se recuerdan en el pasado reciente, lectura que goza de cierta unanimidad a la luz de lo que se ha podido ver sobre el césped hasta el momento y a juzgar por la interpretación de los hechos trasladada a la prensa, no bastara para saciar las ansias de espectáculo. No tanto por parte del público, que en el caso que nos ocupa se encuentra libre de culpa y sólo se preocupa de disfrutar, sino de quienes, de una forma u otra, sin desempeñar rol alguno sobre el terreno de juego, tienen presencia en los medios.

Ni el papel tan notable que, en líneas generales, vienen completando las selecciones de África, las sorpresas de Costa Rica y la decepción de España, el nivel mostrado en los partidos InglaterraUruguay o AlemaniaGhana, el respetable concurso de Estados Unidos y la intimidatoria Francia han bastado para que la competición se vea salpicada por los llamados “asuntos extradeportivos”. Al margen del clima de contestación social que rodea a Brasil prácticamente desde su designación como anfitriona, hay quien se ha empeñado en animar la fiesta con aparato pirotécnico de cosecha personal. El origen y foco principal de los incendios viene, en esta ocasión, desde la siempre visceral Argentina.

Quizá tenga la culpa, precisamente, aprovechando que abordábamos con anterioridad el tema de las expectativas, que la Selección albiceleste, pese a sumar sus partidos por victorias, lejos de carburar, no haya dado señales del nivel que se le presume a una convocatoria que cuenta con Di María, Higuaín, Messi o Agüero para su delantera. De hecho, si a la espera del debut era la línea defensiva la que se perfilaba como punto flaco, lo cierto es que tras los encuentros frente a Bosnia-Herzegovina e Irán, los de Sabella han encajado un tanto y, a cambio, solamente han sido capaces de anotar dos goles de fabricación propia, ambos a cargo del ‘enano’, que diría Sergio Romero.

Lo extraordinario del caso ha hecho de la búsqueda en motivos que escapan a lo deportivo la única ocurrencia a la hora de explicar tan escaso rendimiento. Y entre tanta oscuridad ha sido Julio Grondona, presidente de la AFA y, desde este instante, una eminencia en materia de esoterismo a la altura de Iker Jiménez, quien ha visto el cielo abrirse ante sus diminutos ojos, similares a la huella que dejarían dos uñas al clavarse sobre una pastilla de jabón, y ha creído localizar al culpable. El papel de chivo expiatorio ha ido a recaer, paradójicamente, en el hombre que ha contribuido en mayor medida a coser la segunda del par de estrellas que custodian el escudo de Argentina y el mejor futbolista que jamás ha pisado una cancha.

Obviamente, se trata de Maradona, espectador de lujo al partido que midió a su país con Irán. Un hastío que soportó hasta cumplirse el tiempo reglamentario, cuando optó por abandonar su localidad y marcharse sin presenciar el descuento. Así le sucedió, que no pudo disfrutar del zurdazo con el que Messi clavó la pelota en las redes, jugada que según Grondona no se habría producido jamás si el “mufa” hubiese permanecido en la grada. No tardaría en sonar el teléfono de aludidos. Corrió entonces el turno de réplica a un Diego visiblemente enfadado que, en la medida que jamás se tuvo por un cenizo, se apresuró en arrojar una sombra de duda sobre los postulados del dirigente tachándole de “pobre estúpido”, haciendo de menos su legitimación en el cargo y dedicándole una socorrida peineta, al igual que hizo con la hinchada de Ferro durante su etapa dirigiendo a Racing de Avellaneda. Todo, merece la pena destacarlo, haciendo gala de un rictus severo, casi amenazador, que ríete de las bravuconadas de Jordi Alba, ‘El Robespierre del Llobregat’, por mencionar otro incendio sonado.

Queda abierto, merced al fuego cruzado entre un par de individuos cuya consonancia se limita a la rima en sus apellidos, el penúltimo enfrentamiento verbal de argentinos a propósito del fútbol, subgénero de la dialéctica que un día fundaron Menotti y Bilardo. En el rincón del ‘toma’, hallamos a Maradona, un barrilete cósmico a quien parecen colgarle dos probetas de cristal de Bohemia con nitroglicerina dentro en lugar de bolas, ya que suele ser suficiente con picar para rompérselas y desencadenar una explosión capaz de remitir al gremio periodístico en su totalidad a “que la chupen”; en el rincón del ‘daca’ se encuentra Grondona, un antiguo ferretero a quien la ausencia de cuello definido, el resto de su complexión y el tiempo que lleva detentando el poder de la AFA, institución que preside con su tiranía habitual prácticamente desde que Juan Pablo II se convirtiese en Papa y con Videla gobernando todavía la nación, colocan más cerca de Jabba el Hutt que de cualquier otro mandatario conocido. Un follonero, en definitiva, que inaugura con estas declaraciones una nueva página en su amplio historial de polémicas, un escapista que a la hora de justificar el mal juego de la albiceleste ha comenzado a defender argumentos que exceden lo peregrino. Veremos por dónde nos sale la próxima vez…

25/06/2014

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