Cama vacía

seleccionMARIO BECEDAS | Al igual que con el amor, se nos acabó ‘La Roja’ de tanto usarla y, al menos, hay que agradecerle que, como los árboles, haya muerto de pie en la selva de Maracaná. Fue la defunción de España una cosa ya escrita que no quisimos ver. Cargamos en esa espalda mucho de las vidas que tenemos y no nos gustan. La Selección ha sido la vía de escape de un país triste y vencido, un mapa siempre abrasado por sus tristes destinos.

Si hace cuatro años salió todo, el destino quiso que esta vez España metabolizara su fracaso en auténticos disparos al pie. La altura de las expectativas y el sudor de Camacho en el pañuelo de Telecinco empaparon un deseo que carecía de sentido. Si algo se demostró en 2010 es que, al igual que le ha sucedido al Barça, España lo tuvo que bordar para ganar. No han valido ni las furias, ni las épicas, ni las remontadas. El hecho científico ha sido la implosión blaugrana que ha precedido a la matanza en el fluorescente Brasil.

Cuesta explicarse cómo sólo dos años después de la exhibición en la Eurocopa y una fase de clasificación salvada en el corazón de Francia hayamos llegado a esto. No eran pocos los que se extrañaban ante los que vivíamos agazapados en un rincón con lagrimones en los ojos calculando qué día Xavi nos dejaría. Un día que, como todos, acabó llegando. Sin él como ensalmo, manija hastiada de 15 años de confección exquisita, ni siquiera Iniesta ha podido taponar la hemorragia. La cama de España (y del Barça) se queda demasiado vacía.

Por eso toca aprender a continuar los días sin algo que se fue, evitando idealizar la nostalgia y caer en el anhelo constante, pero recurriendo a lo logrado como única forma de soportar el calendario. Ingentes ‘trolls’ han abandonado la umbría de su puente para sacar la guadaña después de un hexágono de años esperando este óbito. No se han parado a pensar, como mínimo, en aquellos que, habiéndolo deseado desde niños, no pudieron ver cómo España se cosía su primera estrella en el pecho del mismo modo que hicieran las leyendas de su infancia. Memorias de Sudáfrica.

Pudo acertar o no Del Bosque, pero el naipe estaba echado. Koke aportó vigor en la salida, pero el arranque del segundo tiempo sólo nos acabó de ahogar en nuestro propio vómito. Tampoco hay por qué dar nombres, como un equipo se venció y como un equipo se ha fracasado. Si acaso uno, romántico siempre, esperaba que los músicos del Titanic tocasen algo más bonito en la tragedia. Ahora queda la vergüenza sobrera contra Australia, un debido homenaje a Casillas, Villa y Xavi, artífices los dos últimos que debieron estar sobre el réquiem del césped. No hay peor fusilamiento que el presenciado desde el banquillo.

No fue el agotamiento físico, no fue la falta de fe, no fue la mala suerte, no fue la táctica ni la Monarquía o la República. Únicamente el paso del tiempo, mal enemigo de la ilusión. El tonelaje de ‘memes’, que llega a convertir en arte la inquina hematúrica que late invariablemente la patria, nos inducirá a pensar que todo vuelve a ser como antes; pero todos sabemos que, desde aquel penalti de Cesc ante Italia, hace 2.811 noches, y pese a despertarnos mañana sin esa otra mitad del colchón, nada volvió ni volverá a ser igual.

19/06/2014

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