Contradicciones desde Roma

Italia-Mundial_Brasil_2014_ALDIMA20130910_0020_3ÁLVARO MÉNDEZ | No importa en qué condiciones llegue. Da igual que los todopoderosos profetas de la prensa y la televisión pretendan jubilar a media selección. Nunca recibe el tratamiento de clara favorita pero suele ser asidua de las rondas finales. Sin lugar a dudas, de nuevo competirá al máximo por los siglos de los siglos. Ya se clasificó para la pasada Eurocopa 2012 sin hacer apenas ruido y llegó nada menos que a la final eliminando en cuartos a una prometedora Inglaterra y a la favorita Alemania en semifinales. Es la intrigante Italia de Prandelli, aunque verdaderamente el técnico es lo de menos. Es en el ADN de este combinado donde, independientemente de quién ordene el banquillo, reside su mayor virtud. Aquella virtud que, paradójicamente, coincide con su más peligroso defecto.

La Azzurra es fiel reflejo del país cuya bandera representa. Siempre vibrante. Siempre en los medios. Siempre en la primera fila de una montaña rusa de sentimientos. Por un lado, es la Italia de la crisis permanente, la Italia a la que nunca se toma en serio. La de la corrupción y la ingobernabilidad, la de Berlusconi en la sombra, la de la prima de riesgo por las nubes, la de Beppe Grillo, la de la mafia y la camorra. Pero es también la Italia que mama del legado del Imperio Romano, la Italia que vio nacer la Unión Europea de la mano De Gasperi, la Italia que sigue asombrándose con Da Vinci y Rafael, la que se excita con Botticelli y Tiziano, la que filosofa con Umberto Eco, la que danza al son de Antonio Vivaldi y Giuseppe Verdi, la que ríe y llora con Roberto Benigni, la que ora en el Duomo de Florencia y en San Pedro del Vaticano, la que navega en góndola por los canales de Venecia.

Es un país de extremos rodeado de un halo de romanticismo que lo hace único. Y ya no sólo en los planos cultural o identitario. Es la Serie A una competición amada y odiada a partes iguales en la que equipos históricos como Milan, Juventus o Inter pueden verse relegados al ostracismo por las malas praxis de sus directivas en cualquier momento. Un torneo que cada verano mueve a un centenar de jugadores en un baile de fichajes difícilmente entendible para el aficionado europeo. Una Liga dominada por un término, el catenaccio, que es denostado y piropeado por los voceros de medio continente. Porque, en Italia, las medias tintas no seducen cuando quien realmente manda es la pasión.

En este recién estrenado Mundial podrá ocurrir cualquier cosa. Y no es éste el clásico tópico balompédico. Al estar emparejados con Uruguay e Inglaterra en el grupo de la muerte, los hijos de la patria por la cual un día luchó Giuseppe Garibaldi podrán caer estrepitosamente en primera ronda como ya ocurrió en Sudáfrica 2010. O, por el contrario, podrán incluso alzarse con el título como hicieron cuatro años antes en Alemania. Porque es Italia. La Italia de la irregularidad, de la inseguridad, sí. Pero también de la calidad y el talento. Una ‘Azzurra’ que combina la experiencia de Pirlo, Buffon, De Rossi y Cassano con el desparpajo y el hambre de títulos de los jóvenes Verratti, Insigne, Balotelli e Immobile.

Mañana serán los discípulos ingleses de Roy Hodgson los encargados de hacer girar esta ruleta cuya aguja nunca se sabe a ciencia cierta qué demonios señala. Una prueba de fuego a la que los de Prandelli acudirán con botellas de agua… o con bidones de gasolina. Es la Italia de las contradicciones. La auténtica. La imprevisible. La de siempre. Y por lo tanto, la eterna favorita a todo.

13/06/2014

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