Fatalidad, a pesar de todo

EspañaDAVID PALOMO | Hay pocas cosas más sanas en España que sentarse en una terraza y escuchar lo que dice el pueblo. El opinar de todo sin saber de nada es una de esas prácticas nacionales que nos unen irremediablemente, como la de hacer convocatorias, alinear a jugadores o trabajar a lo Zubizarreta perpetrando fichajes mientras tomamos alguna cerveza. Son las cosas de la piel de toro, esa donde la fatalidad lleva impregnada desde que Don Quijote enfatizara las batallas perdidas o Azorín extendiera la idea de que África empieza en los Pirineos. Tanto es así, que este verano está tomando conciencia la idea de que ‘La Roja se la pega en Brasil’. ¿Por qué? No pregunten, antes de razonar el argumento alguien pidió la siguiente ronda.

Así somos, una nación que se sabe campeona del mundo y de Europa, pero sigue dudando de la generación más exitosa de la historia del país, que cuestiona las elecciones del mejor seleccionador nacional que se puede tener o justifica la posición de un Rey porque es campechano y representa al país, lo que viene siendo hacer su trabajo. Pero eso es otro tema. Como Manuel Hidalgo escribía en El Mundo el domingo, en España gusta lo nuevo, se premia la juventud por el hecho de ser novedosa. Y, al mismo tiempo, se penaliza lo viejo porque no cambia nada, algo así como esa España de Del Bosque, que es la misma de siempre, que recibe las críticas de siempre por llevar a Torres y a Villa, pero que sigue fiel a su juego y, sobre todo, permanece impasible ante sus propias victorias.

Sin embargo, no todo es viejo. La Roja tiene todavía margen de maniobra para cambiar sobre la base. Sin Torres en Sudáfrica –lesionado casi todo el campeonato– y sin Villa en la última Eurocopa, España gana un delantero centro de los de verdad con la entrada de Diego Costa y con la veteranía de los dos anteriores. A estos hay que sumarles un Koke que ante El Salvador ya manejó el cotarro con Xavi en el banquillo, la que puede ser la explosión definitiva de Silva con el combinado nacional o una defensa renovada con Javi Martínez y un Ramos que se encuentra en el mejor momento de su carrera. ¿Motivos para dudar? Contesten ustedes.

No importa, ante todo lo bueno, las conversaciones seguirán versando hacia el fatalismo que desde hace años nos ancló en cuartos o nos echó de algún torneo por el exceso de aire del pito de algún árbitro. Al final, es inevitable que los nacidos en aquella época de fracasos piensen en negativo, como decía Gil de Biedma: “De todas las historias de la Historia, la más triste, sin duda, es la de España, porque siempre termina mal”. O como explicaba Rafael Núñez Florencio en su libro “El peso del pesimismo (del 98 al desencanto)”, “constatar el pesimismo es pesimista”. En definitiva, mucha filosofía para un deporte en el que la única literatura se escribe con goles y el toque no es sino un modo de hacer bello lo que es un simple juego. Digan lo que quieran, disfruten y perdónenme que termine como empezó todo, al grito de ‘Podemos’.

09/06/2014

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