Tópicos

Tim Cahill australiaDAVID PALOMO | El periodismo tiende a extirpar los tópicos de la escritura, a rebelarse contra los clichés, a soterrar las frases hechas y los prejuicios en lo más profundo de las letras. Sin embargo, es inevitable intentar cambiar las ideas preconcebidas que tiene el mundo sobre determinados países. Ya saben, en España siempre hace sol, no se trabaja y se come paella todos los días; en Alemania se alimentan a base de cerveza y salchichas, trabajan mucho y son eficaces; en Inglaterra llueve siempre, toman té a cualquier hora y son unos borrachos; y en Australia sólo hay canguros, playas y gente haciendo surf. ¿Es verdad todo esto? En parte sí y en parte no. Pero, en cualquier caso, da una ligera idea de lo que se piensa de un país en el extranjero.

A lo dicho respecto a Australia, se le podrían añadir otras dos sentencias: el fútbol es un deporte minoritario y no hay problemas económicos. Y ambas afirmaciones son ciertas. Empezando por lo segundo, la isla es un remanso de paz y un lugar seguro para trabajar. La tasa de paro es del 5’8%, mejorada tan solo por seis países según la web datosmacroAlemania (5’2%), Islandia (5’4%), Rusia (5’3%), Austria (4’9%), Brasil (4’9%) y México (4’8%). De ahí que muchos españoles hayan optado por emigrar entre canguros, aunque sea por disfrutar de un exilio soleado.

El otro tópico se confirma mirando las audiencias de televisión. En las islas se vuelven locos con el rugby y el fútbol australiano, pero no con el soccer. El Mundial es un evento para ‘frikis’, en ningún caso para el grueso de la población. Y su selección, una reunión de jugadores esparcidos en ligas con poca tradición y escasa repercusión. El combinado nacional es un ‘rara avis’ entrenado por un emigrante griego, Postecoglou, que se hizo un nombre en Australia, siendo el técnico más laureado de la competición doméstica.

Los denominados ‘Socceroos’ –apodo nacido al amparo de los ‘cangaroos’, muy original todo– llegan a Brasil como teloneros de tres aspirantes al título: España, Holanda y Chile. Su empresa se antoja imposible antes siquiera de que empiece el torneo. Australia ha disputado tres mundiales (1974, 2006 y 2010) con tan solo una gran actuación en su segunda cita, en Alemania. Ese fue su campeonato, el año en el que pudieron cambiar la historia. Tras empatar con Croacia (2-2) en la fase de grupos con un gol de Kewell en el minuto 79 lograron el pase a octavos. Y allí se encontraron a una Italia a la que estuvieron a punto de sacar del campeonato. Cuando el partido se encaminaba hacia la prórroga, en el tiempo extra, Medina Cantalejo pitó un penalti inexistente que Totti convirtió a favor de los suyos.

Con el recuerdo de aquel glorioso 2006, los de Postecoglou intentarán, al menos, no caer como ese sol de verano que achicharra en la siesta sin pedir permiso a nadie. Pero ni siquiera eso se antoja fácil. Australia basa sus esperanzas en un sempiterno Cahill y en el talento de un par de jóvenes voluntariosos. Lejos quedan ya los días de Kewell, Schwarzer, Neill o Kennedy. Al fin y al cabo, son la Cenicienta del grupo de España. O, quizá, la Cenicienta del Mundial. Y eso también es un tópico, pero no deja de ser verdad. Si al final va a llevar razón Khaled Hosseini en “Cometas en el cielo”, libro recomendable, por si a alguien le interesa.

07/06/2014

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