El pegamento de Bosnia

el_pegamento_de_bosniaSERGIO MENÉNDEZ | Proclamada independiente en abril de 1992 como consecuencia de la desintegración de la antigua Yugoslavia, hecho que desencadenó una guerra que dejó cerca de 100.000 muertos, Bosnia-Herzegovina sigue siendo la república federal que se constituyó tras la firma de los Acuerdos de Dayton en 1995. Una rúbrica que, si bien contribuyó a dotar de legitimidad constitucional al país, nunca ha terminado de cumplir con el objetivo de consolidar una identidad nacional común a la miscelánea de culturas que cohabitan dentro de sus fronteras.

A pesar de que han transcurrido casi 20 años desde que se diera por finalizado en conflicto armado por el que Serbia trató de anexionarse de forma tiránica el actual territorio de Bosnia contra la voluntad de buena parte de sus ciudadanos y del estado limítrofe de Croacia, lo cierto es que la cifra de asesinados, la brutal represión a la que fue sometida la población civil –que incluyó limpiezas étnicas como la que tuvo lugar en Srebrenica– y la diáspora de bosnios surgida a partir de la dispersión de los refugiados de guerra por el resto de Europa y el mundo constituyen heridas que el tiempo no ha logrado cicatrizar.

Bien es verdad que serbobosnios y bosníacos, por lo general de religión ortodoxa y musulmana, respectivamente, conviven a día de hoy junto a los católicos bosniocroatas en paz, pero lo hacen todavía con cierto recelo por las rencillas de un pasado demasiado reciente. Circunstancias que hacen de la tarea de Safet Sušić, el hombre que ha conseguido llevar al combinado nacional a Brasil en la que significa su primera participación en un gran torneo y que se ha propuesto aglutinar a toda la nación en torno al fútbol, en todo un desafío. “Creo que el Mundial va a aportar más unidad a los tres pueblos que viven en Bosnia-Herzegovina. Nuestro país es pobre, con un montón de problemas, pero gracias al fútbol la gente tiene un motivo de alegría, de optimismo”, ha declarado.

Y no le falta razón, a juzgar por las reacciones de la gente la noche del 15 de octubre de 2013 en que Vedad Ibišević anotó en Kaunas y contra Lituania el tanto que sellaba su pasaporte al Mundial, pues el gol del delantero del Stuttgart sirvió para que miles de personas saliesen por Sarajevo portando la bandera del triángulo amarillo y las nueve estrellas blancas, dejando que la luz de las bengalas guiasen a la multitud entre la oscuridad para celebrar un acontecimiento histórico. Las calles de la ciudad se teñían nuevamente de rojo, aunque en esta ocasión lo hacían por un motivo feliz.

Para tan ilusionante fin cuenta con un grupo que incluye a un viejo conocido de la afición española como Emir Spahić, ex jugador del Sevilla y actual militante en las filas del Bayer Leverkusen; futbolistas de gran solvencia como Asmir Begović, portero titular del Stoke City al que la prensa ha situado alguna vez en la órbita del Real Madrid; Sead Kolašinac, central del Schalke 04Izet Hajrović, extremo derecho del GalatasarayMensur Mujdža, centrocampista de contención del Friburgo; Senad Lulić, interior izquierdo de la Lazio, Sejad Salihović, medio del Hoffenheim; el mencionado Ibišević y dos nombres que destacan por encima del resto: Miralem Pjanić, volante de la Roma y quizá el hombre más desequilibrante, hábil y talentoso de la lista, y Edin Džeko. Un caso, el del punta del Manchester City, un tanto especial, en la medida que la cita de Brasil puede suponer, no sólo la oportunidad de reivindicarse a ojos del planeta después de una temporada donde no siempre ha contado desde el inicio en los planes de Manuel Pellegrini, sino también de reconciliarse por completo con un país del que se vio obligado a huir con seis años debido a que los bombardeos habían destrozado su casa de Sarajevo.

Conviene, entonces, no subestimarles. Pueden no ser un dechado de virtudes técnicas, pero Argentina, Nigeria e Irán se enfrentan, más que a un equipo, a un estado de ánimo, labor que nunca resulta fácil. En teoría, Messi y los suyos cuentan ya con pie y medio en octavos de final y la vigente campeona de África, con más experiencia en este tipo de citas que sus otros dos rivales de grupo, debería acompañarles. Ya se sabe, sin embargo, lo mucho que se prestan los Mundiales a las sorpresas y sin duda que Bosnia-Herzegovina aterriza en Brasil dispuesta a dar la campanada.

02/06/2014

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