Campeones del este

DCF 1.0ÁLVARO MÉNDEZ | Cada día que pasa son más los analistas políticos que, tras 30 años de ‘Pax Americana’, vuelven a replantearse los contrapesos de poder del mundo conforme a la antigua bipolaridad surgida tras la II Guerra Mundial. Tras la caída del Muro de Berlín, muchos dieron por extinta a Rusia, heredera de la Unión Soviética. Hoy, sin embargo, el poder de Moscú ha vuelto a los escenarios de la mano de un actor que siempre ha pretendido devolver a la Madre Rusa al lugar que jamás debió perder. Con Vladimir Putin en el Kremlin, la Unión Europea y Estados Unidos han encontrado un rival que no consiente vulneración alguna de los intereses eslavos ni afrenta que pueda dañar su imagen. Ucrania no es sino el último contexto en que esta nueva bipolaridad del siglo XXI se manifiesta en todo su esplendor.

Atrás queda aquella Guerra Fría que protagonizaban Kruschev y Kennedy, Brezhnev y Nixon, Gorbachov y Reagan, un período de mayor tensión en el que Europa se dividía en dos grandes bloques. Por un lado, una Europa occidental contagiada por el ‘american way of life’, Hollywood y la NBA con el capitalismo y la OTAN como señas de identidad. Al otro lado del Telón de Acero, una Europa del Este encorsetada por la supresión de la iniciativa privada, atada por la economía planificada de los regímenes satélite de Moscú y tutelada por el Pacto de Varsovia. En el plano balompédico, la rivalidad se manifestaba en que los jugadores nacidos al otro lado de la línea imaginaria trazada por Winston Churchill no podían fichar por los grandes de Europa, aunque los equipos de dichos países sí participaban en las competiciones continentales.

Sin embargo, rara vez los clubes del este se asomaban a las rondas finales de la Copa de Europa. Las economías patrias no ofrecían garantías a la hora de realizar incorporaciones y cada equipo debía encomendarse a la férrea disciplina de los preparadores físicos de la casa para forjar estrellas rojas. Hasta 1966 no hubo un representante comunista en una finalísima. Aquel Partizan de Belgrado dirigido con maestría por Velibor Vasović había dejado en la cuneta al todopoderoso Manchester United de Charlton y Foulkes. Sin embargo, sucumbió ante la heroica remontada que protagonizó el Real Madrid de Gento y Amancio. Hubo que esperar justo dos décadas para poder ver una Copa de Europa tallada con la hoz y el martillo, una histórica tarea que consiguió llevar a cabo el Steaua de Bucarest.

Fundado tras la II Guerra Mundial por el Ministerio de Defensa de Rumanía, el entonces ASA Bucarest echó a andar como el club vinculado a la Armada. Con la instauración de una República de corte soviético, el club incluyó en su escudo la celebérrima estrella del Ejército Rojo para hacer partícipe al pueblo de las gestas de los militares más allá de las trincheras y los campos de batalla. La metodología tan característica de la doctrina comunista no tardó en dar sus frutos y el ya renombrado como Steaua de Bucarest comenzó a ser un habitual de las competiciones continentales.

La turbulenta década de los 80 trajo al equipo su etapa de mayor esplendor. Lăcătuș, Bölöni, Pițurcă, Hagi y un elenco de estrellas fugaces rumanas trajeron a Bucarest cinco títulos ligueros y tres Copas, aunque fue la Copa de Europa lograda en 1986 su punto álgido. Sin clubes ingleses en el horizonte después del desastre de Heysel, los pupilos de Jenei se deshicieron de Honvéd, Kuusysi y Anderlecht en su camino hacia la final del Sánchez Pizjuán. A orillas del Guadalquivir esperaba el Barcelona capitaneado por Bernd Schuster, favorito indiscutible para alzarse con la ‘Orejona’ tras haber eliminado en cuartos a la Juventus, vigente campeona. Pero el equipo del Ejército demostró que sabía defenderse como pocos y aguantó las embestidas azulgranas durante los 120 minutos que duró el encuentro. Tras la prórroga, los once metros decidieron aupar al Olimpo de los dioses al meta Duckadam, que detuvo todos los penaltis al equipo culé y llevó al Steaua a convertirse en el primer equipo del este del Telón en proclamarse campeón de la Copa de Europa.

Tras la caída del Muro de Berín, el fútbol comunista vivió un éxodo que dejó en la ruina balompédica a los grandes clubes del este del continente. Sólo el Estrella Roja consiguió emular la gesta del Steaua como representante socialista meses antes de que Gorbachov firmara el acta de defunción de la URSS en 1991. Desde entonces, silencio. ¿Hasta cuando? El tiempo, el esfuerzo y el dinero de los oligarcas lo decidirán. De hecho, Zenit de San Petersburgo y Shakhtar Donetsk llevan ya bastantes años haciendo mucho ruido.

23/05/2014

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