El ‘Colorado’

SCHOLES MANCHESTER UNITEDDAVID PALOMO | La crónica pensaba abordar las lágrimas en la Champions, tenía como objetivo acudir a las penas que riegan el césped del sacrosanto trofeo europeo. Pero el exceso de tristeza y la escasez de relatos fotográficos petrificaron la narración en pos de recurrir a contar una historia de gloria y fracaso, de hablar de un tipo llamado Paul Scholes. Su nombre pertenece al de aquellos jugadores que pocas veces se olvidan, que perviven en la memoria como eternos profesionales. Porque ‘El Colorado’, como le bautizó Tévez, era sobre todo un currante sin delirios de grandeza, un antidivo rodeado de jugadores con botas de colores y peinados estrambóticos. Su historia no tiene nada de particular porque así lo quiso el propio centrocampista, que huyó de las entrevistas en activo y se alejó de los medios a su retirada. A él le bastaba con jugar al fútbol.

Sin embargo, como decimos, en Europa tuvo momentos de gozo mezclados con otros de pesar. Su primera final la tuvo que ver desde la grada, en un palco del Camp Nou, escondiendo sus pies para no ponerlos a bailar al son de alguna pelota, viendo cómo el Manchester no lograba darle la vuelta a un gol de Mario Basler para el Bayern Múnich hasta el descuento. Entonces aparecieron Sheringham y Solskjær para cambiar el resultado en los últimos minutos y darle la Champions al United. Pero nunca consideró aquella victoria como propia. Su ausencia fue una sonrisa postiza reflejada en la alegría de sus compañeros. Su momento llegó en la edición de 2008, en la que marcó un gol contra el Barça en semifinales y dio el acceso a la gloria a los suyos. Y con la Copa delante, pudo levantar el trofeo con el permiso del Chelsea tras una trágica tanda de penaltis.

Su historia es tan humana como el relato mismo de la vida. Scholes es un inglés más al que la suerte del destino convirtió en futbolista. Su rutina fue, durante su carrera, como la de cualquiera en las islas: se levantaba temprano, comía a las 12.00 horas, cenaba a las 18.00 rodeado de su mujer y sus tres hijos e intentaba ser lo más discreto posible. Durante ese tiempo luchó contra los micrófonos y el asma. En cada partido en Old Trafford cogía su inhalador antes de empezar y a partir de ahí sacaba su fútbol a relucir. Siguiendo ese ritual alcanzó cuatro finales de la Champions, las dos anteriormente relatadas las ganó y sucumbió ante el mejor Barcelona de la historia en otras dos ocasiones (2009 y 2011).

Su retirada del Manchester United fue casi tan trágica como la de Ferguson. Fue el Xavi de Old Trafford. Con él sobre el campo todo funcionaba mejor. Tocaba en la medular, filtraba en largo, bajaba a ayudar a la defensa y dirigía como el gobernador que fue. Desde que se retiró, el club sigue buscando a alguien que consiga hacer su trabajo. Pero están muy lejos de encontrarlo. Paul Scholes es uno de esos jugadores irrepetibles. Su dominio de la pelota, su toque sutil y sus llegadas al área fueron y seguirán siendo patrimonio del fútbol mundial.

19/05/2014

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