‘Jefecito’

mascheMARIO BECEDAS | Las entradas avanzaron por su frente a medida que el ‘Jefecito’ aprendía el viejo oficio del fútbol. Javier Mascherano, que nunca quiso ser protagonista, siempre recibió el encargo de ser un gran líder. Desde que Jorge Solari le descubriera en la temprana Argentina, todos le vieron encomendado a grandes hazañas tras el balón.

Le pusieron el mote antes de empezar, muy del gusto de los argentos. Le consideraron, sin preguntar, un sucesor en miniatura de la leyenda Astrada, el ‘Jefe’. Inteligencia y saber estar fueron sus avales, como si del vigilante de unas obras en la zona donde se construye el fútbol se tratara. Y con esas credenciales, el menudo Javier conquistó la cancha de River como si llevase un reloj de cadena en cada mano.

Después vino la mala experiencia en Brasil. Malos tiempos con el Corinthians. Hasta los músculos se le estresaron. Más tarde, el rebote en el West Ham, donde apenas jugó. Y, por fin, el desembarco en Liverpool. Fue en las rocas de Anfield, acantilado rojo del fútbol, donde vimos por primera vez a Mascherano convirtiéndose en lo que Benítez le pedía, mutando a cada partido, adoptando formas infinitas en la contención de la medular.

No se arredró el ‘Jefecito’ metiendo el hocico de pato amable en la tosca Premier de entonces. Su proyección no tenía sombra y pronto se encontró con el honor de poseer dos oros olímpicos con su selección, combinado en el que primero fue capitán y después peón de brega. Un día el Barça se fijó en la suspicacia de su tempo y lo quiso para sí.

Muchos no entendieron el fichaje. Fue Guardiola quien cerró interrogantes. Se deshizo en elogios ante un jugador que, sin esperarlo, acabó en proeza. En un centro del campo lleno de príncipes, Mascherano se abocó a la polivalencia. Y cuando los dioses castigaron los mimbres de Puyol, Abidal y Piqué, surgió de la espesura un magro y rápido central que nos llenó de seises las semanas del Comunio y que tocó el cielo de su fútbol en Wembley.

Aconteció en la final de la Copa de Europa de 2011. El punto más alto de la historia culé. Como en un perfecto combinado de fútbol sala, Mascherano se quedó solo, de cierre, en una mitad del campo exclusiva para él y Valdés ante un Londres repleto de sardana. Un culmen tras el que vendrían las dudas y las opciones. Barajó irse, pero Fernanda, férrea esposa, le dijo: Te vas solo. Y Javier tuvo que seguir de bombero en Barcelona.

Hasta que la fatiga de los materiales lo desbarató todo en el trágico año del Barça. El agujero defensivo y las coberturas a la nada han dejado, tristemente, a ‘Masche’ abandonado en la orilla del adiós. Es por ello justo recordar al pequeño hombre que siempre corrió a saltitos a un lado del balón, con los codos hacia fuera, la cara patidifusa y los ojos muy abiertos en busca del fútbol. El Camp Nou tendrá que desplegar todos sus honores para despedir al ‘Jefecito’, otro gran héroe del balompié.

15/05/2014

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s