La maldición del ‘King of pop’

estatua_michael_jackson_recortadaSERGIO MENÉNDEZ | De todos los pretextos que Mohammed Al-Fayed podía haber esgrimido a la hora de justificar el descenso del Fulham, equipo que después de 13 temporadas consecutivas compitiendo en la máxima categoría del fútbol británico certificaba su billete a la Championship para la próxima campaña, lo cierto es que fue a escoger la más original. Justo cuando confiábamos en haber alcanzado los límites de lo rocambolesco al achacar las culpas de una derrota a la connivencia formada por el triunvirato UEFAColegio de árbitrosUNICEF, llega un magnate egipcio para dejar a José Mourinho en la cuneta del camino hacia las excusas peregrinas.

Ni la carta abierta de Felix Magath, el todavía entrenador alemán de este club del oeste de Londres, a los aficionados disculpándose por lo mal que rindieron sus jugadores durante el encuentro frente al Stoke City en el que fueron derrotados por 4-1, resultado que los condenaba irremesible e irremediablemente a la segunda división, hizo que Al-Fayed cambiara de opinión. Profeso de la religión islámica, este sunita ha creído ver entre las suras que narran la caída del Fulham a los infiernos signos evidentes de una maldición que se ha cebado con el equipo que llevaba presidiendo desde que lo compró en 1997 por seis millones de libras esterlinas hasta su venta en julio del año pasado a Shaid Khan, un hombre de negocios nacido en Pakistán pero con pasaporte americano que al poco de reanudarse la competición tras las vacaciones de verano decidió retirar una de las estatuas que presidía los aledaños de Craven Cottage. No se trata, obviamente, de la que rinde tributo al considerado de forma unánime el mejor futbolista que jamás ha pasado por sus diminutos y particulares vestuarios, Johnny Haynes, sino de la reproducción en metal a color que su antecesor mandó levantar en 2011 para homenajear a su amigo personal, hijo adoptivo de Fulham y rey indiscutible de la música pop, Michael Jackson.

¿El motivo? Considerarla una excentricidad que rompía por completo la estética decimonónica, tan típica de la campiña inglesa, del recinto y que dilapidaba la solemnidad del estadio de fútbol con más solera del mundo, patrimonio de la ciudad y último reducto para los nostálgicos de este deporte. Y aunque no le faltaba razón al bueno de Khan, pues lo cierto es que el falso ídolo había suscitado bastantes quejas por parte de los aficionados locales y no menos burlas a cargo de los rivales, el hecho es que el momento de su retirada vino a coincidir con el inicio de una temporada nefasta a nivel de resultados en una plantilla con nombres de tanta calidad y trayectoria como Maarten Stekelenburg, John Riise, Heitinga, Damien Duff, Mitroglou o Scott Parker.

Quienes en el pasado criticaron la imagen del malogrado cantante, próximos ahora al quinto aniversario de su fallecimiento, recuerdan hoy con pesar las palabras que en su día pronunció Mohammed Al-Fayed y que con el tiempo han adquirido visos de premonición: “Si algunos seguidores estúpidos no son capaces de entender ni apreciar el regalo que este muchacho ha significado para el mundo se pueden ir al infierno. No quiero que sigan siendo seguidores del Fulham”. Dicho y hecho. Parece que la única forma de vencer a tanta mística es esperar a que Michael perdone las ofensas de los suyos y que luego los jugadores le devuelvan el favor jugando al fútbol igual que si bailasen la coreografía de ‘Dangerous’: agarrándose los machos y avanzando pasito a paso hasta volver al lugar que, como la estatua, no debieron abandonar.

 

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