Modificación genética

Manchester City v Arsenal - Premier LeagueJULIÁN CARPINTERO | “Estos deben ser los encargados de vengar la afrenta de 1950”. Así rezaba la portada de uno de los principales diarios brasileños el día después de que Luiz Felipe Scolari hiciera oficial la lista de 23 futbolistas con los que intentará repetir el título logrado en Corea y Japón hace ahora 12 años. En ella, además de que sólo cinco jugadores repitan presencia con respecto a Sudáfrica, llamaban la atención las ausencias de Miranda y Filipe Luís, así como las de Lucas Moura, Fernando o Kaká. Y es que es Scolari un técnico que se caracteriza por profesar una fe ciega a una guardia pretoriana entre la que se encuentran Paulinho o Fred. Sin embargo, el que hacía meses que tenía un hueco asegurado era Fernandinho, un hombre al que cualquier entrenador querría tener cerca, tanto por sus cualidades como por su extraña ubicuidad para estar en el equipo que siempre acaba levantando el trofeo.

Cuando Mansour bin Zayed-Al Nahyan, el ostentoso propietario del Manchester City, contrató a Txiki Begiristain y a Ferrán Soriano para que cogieran las riendas de la parcela deportiva de los ‘sky blues’ su apuesta era clara: quería construir el fútbol de su equipo a partir de hombres que conocieran, precisamente, el fútbol. Esta afirmación, que a priori puede parecer una obviedad, había sido un error recurrente del empresario emiratí en sus primeros años al frente del club ‘citizen’, cuando creyó que sólo con dinero le alcanzaría para tener bajo su mando los cromos con los que siempre había soñado. No obstante, Txiki y Soriano, arquitectos del gran Barça de Laporta, confiaron en un ingeniero para comandar su barco y escucharon sus peticiones. En este contexto, la primera de ellas fue el fichaje de un brasileño que había sido el metrónomo de un Shakthar Donetsk que pudo poner Europa a sus pies justo después de su desembarco en la fría Ucrania y al que el hecho de jugar en una liga menor como aquella le hacía invisible a los ojos de los grandes clubes europeos. Y de Dunga.

25 millones de euros fueron los culpables de que Rinat Akhmetov, el hombre más rico de Ucrania y máximo dirigente del Shakthar, accediera a vender a Fernandinho al City dejando huérfana la medular de Lucescu. Con él no sólo se iba el referente de la época de mayor esplendor del cuadro minero, sino un profesional entregado –muy alejado del prototipo de futbolista brasileño– con una inusitada obsesión por ganar. Y es que así lo demuestran las cuatro ligas consecutivas que Fernandinho ganó con el Shakthar entre 2009 y 2013 y que se unen a otras dos conquistadas anteriormente, cuatro Copas, tres Supercopas y la Copa de la UEFA de 2008. Y sólo el milagroso gol de Pedro en la prórroga impidió que en su palmarés figure también una Supercopa de Europa…

Algunas voces cuestionarán el valor de estos títulos al no ser el ucraniano un campeonato de enjundia, pero probablemente desconozcan la competencia salvaje entre el Shakthar y el Dinamo de Kiev, un equipo tradicionalmente vinculado a la oligarquía del país del trigo y que hasta la eclosión del cuadro de Donetsk dominaba con puño de hierro dentro de sus fronteras permitiéndose darse, de vez en cuando, una alegría en Europa en forma de Recopa. Pese a todo, cuando Fernandinho hizo las maletas rumbo al vanguardista Donbass Arena ya sabía lo que era saborear las mieles del éxito, pues en 2005 fue finalista de la Copa Libertadores con el Atlético Paranaense, el equipo que le dio la oportunidad de probarse en la élite del fútbol brasileño, y que ingresó siete millones de libras por su venta.

La oportunidad de debutar con la ‘Seleçao’ no le llegaría hasta 2011, con Mano Menezes en el banquillo carioca, aunque con las categorías inferiores ya había protagonizado una hazaña aún recordada tanto en Brasil como en España. Fue en el Mundial sub-20 de 2003 que se celebró en los Emiratos Árabes Unidos, y en el que ambas selecciones se citaron en la final. En ‘La Rojita’ que dirigía el mito atlético Ufarte figuraban nombres como los de Gabi, Juanfran Torres, Sergio García o el mismísimo Andrés Iniesta; mientras que en la Brasil que entrenaba Paqueta sobresalían Dani Alves, Adriano, Nilmar y el propio Fernandinho, que sería el encargado de definir la final con un solitario gol a falta de tres minutos para la conclusión que le elevó a la categoría de héroe nacional. Comenzaba entonces un aparente letargo que ahora parece tocar a su fin.

Porque la racha triunfal de Fernandinho no se ha cortado en Inglaterra, donde el domingo se proclamó campeón de la Premier League con el Manchester City –con el que ya había ganado la Capital One Cup–, en un esquema en el que ha sido fundamental ejerciendo como escudero de Touré Yaya y mostrando todas las credenciales por las que Pellegrini le apuntó como prioridad en su agenda: inteligencia táctica, despliegue físico, fiabilidad y llegada al área rival. Con 29 años recién cumplidos, el brasileño menos brasileño que se recuerda en la ‘Seleçao’ se encuentra en el mejor momento de su carrera y apunta a titular en el doble pivote de Scolari junto a Paulinho o Ramires. Con él, toda Brasil tendrá bien cubiertas las espaldas y nadie puede asegurar que en un hipotético cruce con España a Iniesta no se le aparezca el recuerdo de aquella noche en Abu Dhabi.

13/05/2014

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