Despedidas

GUARDIOLA BAÑO CERVEZADAVID PALOMO | Impregnaron el aire lacrimosos cantos bávaros, melodías agarradas a la nostalgia, comparsas con trombones acunando el futuro, pirotecnia de confeti señalando al cielo y sueños de grandeza por “otra temporada inolvidable más” cortesía de los ultras. El Allianz iluminó su caparazón por última vez en este curso  para recibir al Stuttgart (1-0) con el rojo ‘puticlub’ con el que algún periodista español quiso hacer metáforas el día en que el Madrid puso al Bayern mirando para Cuenca. Fue el final y, al mismo tiempo, el principio. Múnich disfrutó de la última tarde de fútbol como ese colegio que echa el cierre antes de vacaciones.

Los patrones son los mismos: los niños, hartos de darse collejas, se abrazan; los ‘malotes’, siempre amparados en robar el bocadillo, acaban deseándole buen verano a los empollones; y muchos de ellos miran al profesor con la escasa certeza de saber si el año que viene les dará clase o no. Porque en la despedida no hay notas de por medio, eso vendrá un par de días después, ya con los padres delante. En este caso, será en la Copa alemana ante el Borussia Dortmund en presencia de Beckenbauer, Rummenige y compañía, jueces sempiternos de todo lo que ocurra en el equipo de la ciudad en la que se sirven más de 10.000 litros de cervezas al día.

Retomando el argumento, fue el final, pero también el principio. La sentencia puede parecer tópica, incluso obvia. Sin embargo, recoge en esencia lo que ha sido una temporada que empezó con el Bayern fichando a Guardiola para reproducir el juego del Barça y ha finalizado con la directiva pidiéndole otro estilo y el conjunto bávaro vestido de azulgrana. ¿Paradojas del destino? Puede ser. La realidad es que el español ha conseguido cambiar al Bayern hasta en los gestos, reduciendo el mito de la resistencia alemana a escombros e instalando el ‘tiki-taka’ que tan poco gusta a los germanos. Una mutación que también se ha producido a la inversa. El propio Pep ha acabado vestido de bávaro, mojado en cerveza y enamorado de un Allianz que, a pesar de todo, le aplaudió a rabiar en su última tarde.

La despedida es un hasta luego, no un adiós. “Me queda mucho por hacer aquí”, reconocía Guardiola hace un par de semanas. Y esa es la sensación. Pep no ha terminado su obra, su primer año ha sido el comienzo de otra forma de hacer las cosas, desde ponerle coto a la universalización de los entrenamientos hasta el no dar entrevistas, dos de los motivos por los que la prensa bávara no ha bebido de sus métodos, la constancia de que el periodismo no hace daño ni influye en los éxitos de ningún equipo. Al final, lo único que sirve son los resultados. Y en ese sentido la tarea pendiente de Pep es volver a levantar a su equipo para afrontar la final de la Copa alemana ante el Borussia Dortmund. En definitiva, como Beckenbauer le dijo al español: “El fútbol es muy fácil. Sólo consiste en ganar”. Palabra de una leyenda, el único secreto para triunfar en el Bayern.

12/05/2014

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