En busca de la igualdad

fe68c2a8-73df-4ce2-aebe-5137075dbcab_16x9_600x338ÁLVARO MÉNDEZ | Para cualquier forastero, el choque cultural que ha de afrontar cuando llega a un país de mayoría musulmana se debe casi siempre a la misma causa. Ver por la calle a­ las mujeres tapadas con hijab –o incluso con burka– y a los hombres regentando las tiendas de ultramarinos o sentados en la calle supone, de primeras, un shock. En un país como Jordania, teóricamente moderado, la sensación es, a priori, la misma. Sin embargo, cuando uno se va sumergiendo en la cultura y en las costumbres propias del país se pueden observar ciertos elementos que dan pie al optimismo.

Cuando viajé a Jordania en 2011, tuve la oportunidad de visitar un balneario que escapa al concepto de turístico, unas aguas termales frecuentadas por la clase media jordana. El complejo de Hammamat Ma’in, a unos 40 kilómetros de Ammán y a cuatro del Mar Muerto, ofrecía unas piscinas naturales irresistibles para cualquier viajero sediento de descanso. Rápidamente nos dimos cuenta de que ninguna de las mujeres optaba por bañarse en la piscina principal, sino que esperaban a la sombra sin quietarse una prenda de vestir. La razón era más que obvia. Sin embargo, las mujeres tenían una piscina apartada donde podían disfrutar sin miedo a las lascivas miradas masculinas. Aun siendo insuficiente a ojos de un occidental, la mera posibilidad de elección es algo revolucionario en una región caracterizada por la imposición. De esta forma pudimos comprobar que, aunque el machismo lo impregna todo en la sociedad, en ocasiones sí se dan oportunidades a las mujeres en un país como Jordania.

La monarquía del rey Abdalá II es precisamente un oasis en medio del desierto. Y nunca mejor dicho. A pesar de la represión que sufre la mujer en Oriente Próximo, dentro de sus fronteras encontramos prácticas más que esperanzadoras. Y el fútbol se ha contagiado de ello. De hecho, las jugadoras de la Selección nacional se han convertido en auténticos iconos tras golear a otros equipos de la región. Kuwait, por ejemplo, sufrió una dolorosa derrota por 21-0 en una gesta que permitió a las ‘bravas’ clasificarse para la Copa de Asia. Es relevante también el hecho de que Jordania potencie las categorías inferiores y tenga potentes selecciones sub-15 y sub-17. Fruto de esta pasión por el balompié, Jordania albergará el Mundial femenino sub-17, algo insólito para una nación cuya legislación se inspira en el Corán.

Siendo criticable, la aceptación del uso del velo por parte de la FIFA parece haber abierto la puerta a muchas mujeres que deseaban dedicarse al deporte rey, pero que encontraban en las normas religiosas un enfrentamiento con la legislación balompédica internacional. Así lo cree, por ejemplo, Sama Zghayer, una de las figuras de la Selección femenina. “Si alguna vez ha habido razones islámicas para restringir el acceso de mujeres al fútbol, ahora no pueden defenderlo con las nuevas reglas de la FIFA”.

Ahora bien, no es arriesgado afirmar que, a largo plazo, esta decisión pueda resultar contraproducente. Aunque en un primer momento pueda animar a muchas mujeres a introducirse poco a poco en el deporte rey, los organismos internacionales no deberían aceptar como normal una prenda de vestir que, bajo la concepción occidental del ser humano, supone una vulneración de los derechos de las mujeres. Es de sentido común que generalizar su uso intensificará su obligatoriedad. Pero eso no somos nosotros quienes tenemos que decidirlo. La pelota se encuentra en algún tejado de Zúrich.

02/05/2014

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