El exorcista

JorgeJesúsBenficaJULIÁN CARPINTERO | En la primavera de 1962 a la parte benfiquista de la ciudad de Lisboa le dolía la cara de tanto sonreír. Hacía sólo unas semanas que se habían proclamado campeones de Europa por segundo año consecutivo tras vencer en la final al Real Madrid de Di Stefano y el dictador Oliveira de Salazar acababa de despejar todas las dudas sobre el futuro de Eusébio, la joven y cotizada estrella de ‘las águilas’, al declararle un bien del Estado, de modo que su entrenador Béla Guttmann pidió un aumento de sueldo que creía merecido. La directiva del Benfica no sólo no vio con buenos ojos la osadía del técnico húngaro, sino que además decidió despedirle en un inusitado golpe de autoridad. Fue entonces cuando Guttmann lanzó la célebre maldición que lleva medio siglo persiguiendo a un Benfica obsesionado con sus palabras pero que confía en exorcizarse a sí mismo gracias al buen hacer de un sacerdote sobrado de carisma.

“En 100 años desde hoy ningún club portugués se convertirá en campeón de Europa y el Benfica sin mí nunca ganará una copa europea”. Esa fue la frase que Guttmann pronunció el día que el Benfica le mostró la puerta de salida después de que éste le hubiera elevado a la cima del continente europeo y cuya primera parte ha caído deliberadamente en el olvido a fin de magnificar el mito del preparador judío. No acertó Guttmann en esa mitad inicial, pues el Oporto –al que también había entrenado con anterioridad– sí alzaría la Copa de Europa hasta en dos ocasiones, pero ni mucho menos erró el tiro en la segunda. Así, desde aquel maldito día ‘las águilas’ han doblado la rodilla en nada menos que siete finales continentales: cinco de la Copa de Europa (1963, 1965, 1968, 1988 y 1990) y dos de la antigua Copa de la UEFA (1983 y 2013), una losa mental y emocional no apta para voluntades frágiles. Tanto es así que durante la década de los 80 hasta el propio Eusébio visitó la tumba de su fallecido míster para pedirle que, estuviera donde estuviera, acabara con este sufrimiento. Pero no hubo manera.

Desde que en 1904 una veintena de alumnos de la Real Casa Pia fundaran el Sport Lisboa e Benfica en la rebotica de la Farmácia Franco el conjunto rojinegro ha sido el más popular de Portugal. Es más, a día de hoy puede presumir de ser el club de fútbol con más socios de todo el mundo, con más de 200.000, por delante incluso de los globales Barcelona y Bayern de Múnich, una cifra que habla de la grandeza de una entidad que domina su panorama nacional con más de 20 copas y 30 ligas, la última lograda, precisamente, el pasado domingo con la victoria ante el Olhanense. En este sentido, no es el Benfica una escuadra entre cuyas filas se escondan grandes estrellas mundiales, pero sí dispone de un grupo cohesionado que rema al unísono en la dirección que marca su líder, el carismático Jorge Jesús.

Hijo de un futbolista del Sporting de Portugal, aquel pequeño de bucles rubios se crio en la academia del José Alvalade para llegar a jugar en el primer equipo verdiblanco. Sin embargo, su carrera como futbolista no fue todo lo fructífera que él hubiera deseado y colgó las  botas a los 35 años tras una trayectoria en la que llegó a jugar en más de una decena de equipos, todos ellos lusos. Inmediatamente después se sacó el título de entrenador e inició una meteórica ascensión que le llevó al banquillo de Da Luz en el verano de 2009, cuando remplazó a Quique Sánchez Flores. En este contexto, el mayor de los logros de un hombre que perdió un millón de euros en la quiebra del Banco Privado Português, más allá de los títulos –dos Superligas y tres Taças de la Liga– haya sido la capacidad de reinvención año a año, cuando, resignado, ha visto cómo los grandes de Europa le arrebataban a sus mejores hombres: Di María, Javi García, Ramires, Coentrão, David Luiz, Witsel, Matić… Además, la temporada pasada dio una exhibición de fe después de que su equipo perdiera los tres títulos a los que optaba en menos de una semana, como si del Bayer Leverkusen en 2002 se tratara, recuperando a sus jugadores anímicamente para lo que este año estaba por llegar.

Así las cosas, el Benfica afrontará el jueves las semifinales de la Europa League, esas que le emparejaron con la temible Juventus de Conte, con la motivación de poder acabar no sólo con el favorito a alzarse con el título, sino con un conjuro que ya ha durado demasiado tiempo. En menos de dos meses, la sufridora afición del Benfica ha despedido con lágrimas en los ojos al mismísimo Eusébio y a Mário Coluna, quizá los dos máximos exponentes de esa época dorada que vivieron cuando los 60 comenzaban a desperezarse. Si se encuentran con Guttmann cara a cara quizá puedan convencerle de que ya es hora de desterrar la maldición, pero si el terco Béla sigue en sus trece, todo dependerá de la pericia de Jorge Jesús, un hombre con las facciones tan marcadas como compleja es su tarea.

22/04/2014

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