El desvelo de Sabella

AlejandroSabellaJULIÁN CARPINTERO | Si hay un adjetivo que defina a Alejandro Sabella ese es el de pragmático. El hombre que se atrevió a coger las riendas de la ‘Albiceleste’ después del batacazo de Maradona en el último Mundial es tan capaz de adaptarse al entorno que durante su etapa como futbolista tuvo la osadía de cambiar la elástica de River por la del Sheffield inglés en pleno conflicto de las Malvinas. Sin embargo, cuando sólo faltan dos meses para que se corte la cinta que aún envuelve la Copa del Mundo que se disputará en Brasil el que fuera entrenador de Estudiantes de La Plata tiene un gran ‘debe’ en su balance: la portería, una posición que en la tierra del tango encierra tanta mística como inquietud, pero que ha sido determinante siempre que Argentina salió campeón.

Resulta complejo imaginar a Sergio Romero saltando al césped de Maracaná como arquero titular de Argentina el próximo 16 de junio, la fecha en que la ‘Albiceleste’ debutará en el Mundial. No por una supuesta inexperiencia, pues el ‘Gato’ fue el meta elegido por Maradona para ser su guardián en la cita sudafricana de hace cuatro años, sino por la falta de actividad de éste, que el pasado verano salió de la Sampdoria para apuntalar la portería del lujoso Mónaco, donde, pese a su cartel, Ranieri ha confiado en el sobrio Subašić. Sus partidos esta temporada se cuentan con los dedos de una mano. No obstante, el resto de opciones que maneja Sabella tampoco son mucho más alentadoras. A pesar de su fiabilidad, Mariano Andújar no parece tener nivel suficiente para soportar una responsabilidad de este calibre; el veterano Orión apenas cuenta con experiencia a nivel internacional; y Ustari arrastra problemas físicos y, sobre todo, de confianza que le desacreditan para ser el ‘1’ de Argentina. A esta amalgama de circunstancias se une la incomprensible y continuada ausencia a las convocatorias de Sabella de Willy Caballero, de largo el mejor portero argentino de los últimos años, oro olímpico en los Juegos Olímpicos de Atenas en 2004, pero que a sus 32 años no ha podido debutar con la absoluta sin que nadie sepa por qué.

Y es que si ser portero ya de por sí resulta ingrato y complejo esa sensación se acentúa en el país que más venera a la figura del ‘10’ en todo el planeta, desde Pedernera a Messi pasando por Sanfilippo, Di Stefano, Bochini, Riquelme o, cómo no, el Diego. Aun así, por el bien del balompié argentino, en los potreros de los arrabales bonaerenses es posible que todavía quede algún niño que prefiera ponerse bajo unos postes pintados con tiza antes que marcar los goles que sus compañeros intentan marcarle mientras sueñan con imitar a Aimar o a Verón. Porque, lejos de lo que pueda parecer, el país a la que Carlos Gardel situó en el mapa del mundo también ha dado grandes guardametas a lo largo de su historia: Barisio, Carrizo, Gatti, Goycochea… Pero, por encima de todos, Fillol y Pumpido, que fueron los que cuidaban el arco albiceleste las dos tardes en que alzaron el trofeo que en 1974 diseñó Silvio Gazzaniga.

A Fillol le llamaban ‘El Pato’. Él mismo cuenta que, siendo joven, River se interesó por él, cuando aún jugaba en Racing de Avellaneda, pero que no quería ir al Monumental porque los ‘millonarios’ vivían en un clima de tensión ante la ausencia de títulos; en ese momento, Ángel Labruna, máximo goleador histórico de River y por aquel entonces entrenador del club, se dirigió a él y le dijo: “Si usted no va a River lo cago a trompadas, lo peleo. Usted no tiene ni la más mínima idea de lo que significa jugar en River Plate, así que no lo piense más y arregle”. Evidentemente, Fillol fichó por la escuadra del barrio de Núñez, desde la que fue convocado para el Mundial de 1974 –en el que fue el tercer portero por detrás de Carnevali y Santoro– y también para el de 1978, en el que fue titular en todos los partidos, rindió de forma excepcional deteniéndole incluso un penalti al polaco Deyna en la liguilla de acceso a la final y fue consagrado como mejor portero del mundo con el ‘5’ a la espalda.

Algo parecido le pasaría a Nery Pumpido, el relevo natural de Fillol tanto en su club como en la nacional. River le fichó desde Vélez Sarsfield en 1983, cuando ya había sido convocado para el Mundial de 1982, en el que no tuvo opción de jugar. Sin embargo, Bilardo le dio la titularidad en la Copa del Mundo de México a pesar de que Fillol había jugado todas las eliminatorias y sería con el meta santefesino con el que Argentina recuperaría el cetro que había conquistado ocho años antes. Unos meses después de esta gesta, la desgracia se cebaría con Pumpido, que perdería un dedo en un entrenamiento después de que su alianza se quedara enganchada en una de las redes de la portería, lo que no le impidió seguir poniéndose bajo palos, pues llegó a disputar el Mundial de Italia, aunque un choque con su compañero Olarticoechea en el segundo partido le produjo una fractura de tibia y peroné de la que no terminó de recuperarse.

Desde este punto de vista resulta evidente que ante el gran momento que atraviesan jugadores como Di María o Higuaín, el supuesto bajo rendimiento de Messi debe producir el menor de los quebraderos de cabeza con los que se duerma Sabella cada noche. La incógnita de quién será el guardián de la ‘Albiceleste’ en Brasil y a qué nivel podrá rendir a buen seguro que le quitan horas de sueño al ‘Pachorra’, que ante su terquedad para con Willy tendrá que confiar su estabilidad cardiaca al desahuciado Romero. Que Dios –o el Papa o Maradona, que para algo son argentinos– les pille confesados.

15/04/2014

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