Temores

RobertLewandowskiJULIÁN CARPINTERO | Fue una noche de abril como la de hoy cuando un confiado Real Madrid visitó el Westfalenstadion –groseramente llamado Signal Iduna Park en los últimos tiempos– convencido de que los errores que había cometido ante el Borussia Dortmund en la fase de grupos no se repetirían en esa apasionante semifinal. Sin embargo, 90 minutos después los blancos se retiraban a los vestuarios aturdidos por el ensordecedor ruido producido por esa columna humana que responde al nombre de Südtribüne. La culpa de la sonrisa indisimulable que lucía Klopp la tenía un polaco que había perforado hasta en cuatro ocasiones la meta de Diego López, un póker de estacazos con los que selló el ataúd de José Mourinho en el Santiago Bernabéu y cuyo recuerdo aún hace que algunas noches la afición madridista se despierte entre sudores fríos. No obstante, Lewandowski no fue el primero, pues antes existió Élber.

“Recuerdo el Bayern de finales de los 90 como un equipo lleno de jugadores permanentemente cabreados. Una jauría de sabuesos siempre ladrándole a la cara al Real Madrid del nuevo milenio, encerrado y aletargado en aquel Olímpico de Múnich que, desde las alturas, parecía un gran lago drenado”. Esa frase, cuya autoría pertenece a Fran Guillén, ilustra a la perfección lo que significaron aquellos duelos entre el Real Madrid y su ancestral enemigo en el viejo continente. En este sentido, en ese equipo que Ottmar Hitzfeld tenía cogido por las riendas sólo tenían cabida toxicómanos del triunfo como lo eran Effenberg, Kahn, Salihamidžić o Lizarazu, a los que ningún contrincante o ambiente era capaz de achicar. Entre ellos se intercalaba la figura aparentemente inofensiva de un delantero brasileño, de tez morena y pelo azabache, más intuitivo que hábil, el cual siempre encontraba un resquicio por el que meter la puntera de su bota obligando a Casillas a adoptar su consabida pose con los brazos en jarra y la mirada perdida en el infinito mientras espeta un resoplido que para sí lo quisieran muchos caballos jerezanos.

Sólo los más devotos seguidores de la Bundesliga de mediados de los 90 fueron capaces de decir más de tres palabras sobre aquel ariete llamado Giovane Élber que el Bayern fichó en el verano de 1997. Aterrizó en Baviera con la vitola de haber sido el máximo goleador de Alemania la temporada anterior en un Stuttgart en el que brilló junto a Balakov y Bobic, una entidad que a su vez le había descubierto buceando en la siempre prolífica liga suiza –en el Grasshopers, para más señas–, a la que había llegado después de que el Milan le dejara sin ficha nada más traerle de Brasil. Aunque no tardó en cogerle el tono a la Champions League sus dos primeras temporadas en el gigante de Múnich le sirvieron de aclimatación para lo que acontecería en la 1998/99, cuando su conexión con Basler, Jancker y compañía llevaron al Bayern a la final de una Liga de Campeones que todavía no entienden cómo se la robaron Sheringham y Solskjær.

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Giovane Élber celebra, junto a sus compañeros, un gol al Real Madrid en la temporada 2000/01.

Pese a todo, sería a partir de ese duro varapalo cuando comenzaría a convertirse en el protagonista de las novelas de terror que el Real Madrid leía cada vez que el azar le emparejaba con su archienemigo muniqués. Su primer gol se lo haría en la segunda fase de grupos de la campaña 1999/00, cuando los de Hitzfeld, que ya habían vencido en el Bernabéu por un contundente 2-4, derrotaron al equipo de Del Bosque por 4-1 en el Olympiastadion; no en vano, Bayern y Real Madrid volverían a cruzarse en semifinales, una ronda en la que el internacional carioca se encargó de meter el miedo en el cuerpo de los madridistas anotando el 2-1 en el coliseo alemán, un resultado que a la postre sería inservible. A final de curso, y a pesar de Élber, la ‘Octava’ fue a parar a las vitrinas de Concha Espina tras hacer hincar la rodilla al Valencia en la final de París.

Un año después el Real Madrid y su álter ego alemán volvían a reunirse en semifinales de la máxima competición continental, un doble duelo en el que el Bayern salió vencedor de la ida en el Bernabéu por 0-1 gracias a un gol del punta brasileño, que también marcó en la vuelta para hacer imposible la remontada blanca. El Bayern sucedía así al Real Madrid como campeón de Europa con el denominador común de que otra vez fue el Valencia el que lloró amargamente.

En la 2001/02, y por tercer año consecutivo, ambos conjuntos se vieron las caras con la Champions League como escenario, esta vez en octavos de final, una eliminatoria de la que los de Del Bosque salieron vivos sin que Élber consiguiera hacer un solo gol y que despejó el camino hacia la ‘Novena’ y, hasta ahora, última Champions blanca.

De este modo, en el verano de 2003, y con la Bundesliga ya comenzada, Élber abandonó el Bayern de Múnich para agotar sus últimos días de fútbol en el Olympique de Lyon. Se marchaba de Baviera el hombre que, no tanto por el número de goles en sí, sino por la trascendencia de los momentos en que los marcó, despertó durante muchos años los temores más ocultos de la afición madridista. Esos que sólo Messi ha sido capaz de recrear y entre los que, a veces, se cuela la imagen de Lewandowski enseñando al mundo cuatro de los cinco dedos de su mano derecha. Cuidado, pues para no tener pesadillas es fundamental no dormirse.

08/04/2014

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2 thoughts on “Temores

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