Derroche

Nuevo-Camp-NouDAVID PALOMO | Me van a permitir hablarles de una anécdota personal –como excepción– para ilustrar el error de aquéllos que aprobaron la construcción del nuevo Camp Nou el pasado fin de semana. Hace aproximadamente seis o siete años, un servidor trabajaba de becario en una televisión de Puertollano, Ciudad Real. Por aquel entonces, el equipo de fútbol de la localidad minera se encontraba en Segunda División B y la aspiración, como no podía ser de otra forma, era que en los subsiguientes años subiera de categoría. Ese verano, los socios aprobaron unas cuentas ofrecidas por el entonces presidente José Antonio Navarro en las que los números salían en negativo. ‘¿Por qué han votado que sí?’, me pregunté yo.

Pasó un año, no se consiguió el ascenso y la historia se repitió. La Junta Directiva volvió a comparecer ante los aficionados con una deuda aún mayor. Se les prometió que no se gastaría más de lo que se tenía en fichajes, que llegaría un patrocinador… Muchas mentiras y pocas verdades. ‘Naturalmente’, los socios respaldaron de nuevo la política de su presidente. Varios días después, le pregunté en la radio al director deportivo por qué se seguían adquiriendo jugadores a precios poco razonables. Él dijo no entender la pregunta, a pesar de que era bien sencilla. A final de temporada, el club no pudo pagar a sus jugadores y en los correlativos cursos el Puertollano tuvo que descender de categoría por impagos y entrar en Ley Concursal.

La historia del también llamado Calvo Sotelo no es más que un reflejo de lo que ha ocurrido en muchos de los clubes españoles. Para que se hagan una idea del derroche, el Ayuntamiento de Puertollano solía ‘premiar’ al club en algunos de esos años con más o menos un millón de euros cada temporada. ¿De verdad no se podía mantener a un equipo en Segunda B con ese dinero? Años después mi padre siempre me recuerda que tuvieron que votar que no. Pero claro, entonces ni él ni muchos se cuestionaron que los números rojos fueran a dar con el club en Tercera división. Tampoco nadie paró la construcción de un nuevo estadio que se edificó en dos fases: la primera la hizo una empresa que quebró y la segunda se financió con un Plan E que no sirvió sino para tapar los agujeros de la que se le venía encima a España.

Este fin de semana me he vuelto a acordar de aquel caso en relación al referéndum del nuevo Camp Nou. Y los errores parecen repetirse a una escala aún mayor sin que nadie se acuerde de los fallos cometidos en el pasado. Los socios del Barça han dado la confianza a una Directiva que ha mentido por activa y por pasiva. Así ocurrió con el fichaje de Neymar, que pasó de los 57 a algo más de 90 millones de euros. Y volvió a ocurrir con los traspaso de juveniles. La Junta salió en rueda de prensa acusando a una ‘mano negra’ de querer acabar con los buenos resultados del club y de atacar a La Masía. ¿Se les puede creer?

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El Barcelona, adalid del catalanismo, se ha comportado en ambos casos como esos españoles de los que se quieren independizar. Igual es que tienen mucho más en común de lo que ellos se creen, que parecen no ser tan eficaces como pregonan. Pero eso es entrar en política. Hablando de ‘fútbol’, han impulsado la construcción de un nuevo Camp Nou. ¿De verdad es necesario? ¿No se puede reformar el antiguo, como se ha hecho en Old Trafford, y dejarlo conforme a las exigencias que requiere un club como el Barça?

Los socios dieron su voto a favor de la faraónica construcción sin saber quién será el arquitecto, qué empresa pondrá su nombre al estadio, cómo se va a financiar una obra de 600 millones, de qué manera va a afectar a la planificación deportiva, si Qatar tendrá algo que ver. Da igual. Ellos dijeron que sí, como aquéllos que en la asamblea del Puertollano daban su aprobación al presidente sin cuestionarse nada. Pero la realidad es que de salir mal la jugada del estadio, el Barça se puede endeudar de por vida.

Y de dos ejemplos negativos a uno positivo. Quizá el del primer club que pasó a tener un estadio de los llamados vanguardistas. El Allianz Arena se construyó con motivo de la celebración del Mundial de Alemania de 2006. El costo de la operación ascendió a 340 millones de euros, financiados por la aseguradora, que patrocinará hasta 2041,  Bayern y TSV 1860.

Hace unos meses, el club hasta hace poco presidido por Uli Hoeness anunció que todo estaba pagado. Allianz compró el 8’3% de las acciones de la entidad por 110 millones de euros, convirtiéndose en el tercer mayor accionista por detrás de Adidas y Audi. Sobre estas tres empresas bávaras se apoya la gestión del Bayern desde hace años.

Valgan los tres ejemplos para culpar o no a los gestores, pero también para señalar a los socios. Por suerte, España vive en una democracia –imperfecta seguramente– que deja a los ciudadanos escoger quién les gobierna o quién está al frente de clubes como Barça o Real Madrid. Perdonen que mezcle ambos conceptos, aunque creo que van de la mano. Antes de votar, seguramente, hay que cuestionarse las cosas, hacer preguntas y, sobre todo, no seguir dándole alas a los que mienten. Es una reflexión personal, una anécdota que no deja de ser una excepción. El próximo lunes volveremos a hablar de fútbol. Que de eso, últimamente, se comenta poco en Barcelona.

07/04/2014

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2 thoughts on “Derroche

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