Ander Izagirre: “Es precioso oír que alguien pueda estar en La Habana y que su olor le evoque a Atotxa”

izagirreENTREVISTA A ANDER IZAGIRRE | Pese a que el fútbol le genera sensaciones encontradas, la explosión de júbilo que Jesús Mari Zamora provocó aquel 26 de abril de 1981 en casa de sus abuelos con el disparo que otorgó a la Real Sociedad el primer título de Liga en la historia del club marcó de por vida a Ander Izagirre. Ese recuerdo de felicidad  y la equipación que le regalaron por Reyes un año después inocularon en este periodista y escritor donostiarra de pasaporte prolífico un germen que tiñó su corazón de azul y blanco de forma indeleble. Con la serenidad y la pausa propias del viajero experimentado, tratamos de desgranar con el autor de “Mi abuela y diez más” los motivos del sentimiento ‘txuri-urdin’.

PREGUNTA: ¿Por qué te dedicaste al periodismo?

RESPUESTA: Yo no recuerdo un momento determinado en el que me iluminará ningún rayo. Pero desde pequeño me ha gustado teclear. Me parecía que escribir sobre los temas que me gustaban y viajar era una buena forma de ganarse la vida.

P: ¿Hay algún día determinado en el que piensas que tienes que escribir lo que ves en el mundo?

R: De chaval escribía, pero, es verdad que hubo un momento clave. Con 23 o 24 años participé en un viaje que se llamaba ‘Pangea’. Fuimos a todos los continentes y yo era el encargado de escribir una crónica semanal. Acababa de terminar la universidad por aquel entonces y aquello de ir por el mundo contando historias me gustaba mucho. Entonces vi que ése era el camino y desde entonces han pasado ya 13 años o por ahí. Fue el punto de partida.

P: ¿Qué fuerza lleva a Ander Izaguirre a pasar del pavé de la París-Roubaix a las entrañas de la Colombia más selvática y agreste?

R: He escrito cosas muy variadas, pero hay un hilo común que es la pasión por las historias y, sobre todo, la sorpresa o el asombro de la variedad de modos de vida que lleva la gente. Ver cómo viven en Groenlandia, por ejemplo. Luego hay temas más concretos, como el trabajo infantil en las minas de Bolivia. Y también el ciclismo, que es mi pasión desde crío y me parece que es un generador de literatura y de historias muy potente. Casi se parece a un guión.

P: ¿Con el bagaje que llevas a tus espaldas, te consideras más periodista, viajero o escritor?

R: Yo no distingo muy bien. Para mí el conjunto es una tortilla en la que están todos los ingredientes juntos. Escribo y a partir de ahí me importa poco en qué casilla estoy. Evidentemente, sigo el modo de vida del periodismo y me suelo presentar así. Y viajar es que, salvo alguna vez que lo hago en vacaciones, casi siempre es para escribir algo. A veces lo preparo más a conciencia y otras menos, pero siempre voy con el bolígrafo y el cuaderno. Yo creo que los viajes y el periodismo se parecen en que te sirven para acercarte a los demás y contar historias. Ésa es la esencia. Se necesita salir para ver cómo viven otros. Para mí todo va unido.

P: ¿Cuál es la crónica o reportaje que más te ha marcado como persona?

R: El reportaje que escribí sobre los niños mineros que trabajan en Bolivia fue un punto de partida para una historia que estoy escribiendo. Me fui a pasar un tiempo con las familias de los niños, aunque quiero escribir algo mucho más general de la situación del país y las minas. Fue una cosa que empezó siendo muy particular y que se ha convertido en algo a largo plazo.

P: Desde tu punto de vista, ¿cuáles son los motivos del descrédito del periodismo en la sociedad española estos últimos años?

R: No sería tan tajante. Hay un periodismo más partidista, más pegado a la política tradicional diaria en la que hay unos bandos muy marcados y unos intereses prefijados. Pero eso es sólo una parte. Yo creo que también hay cosas que la gente aprecia y que sigue leyendo. Ese descrédito es sólo de una parte. Hoy en día hay mucho buen periodismo en revistas digitales, webs… Hay una ebullición de medios que se han puesto a intentar hacer otras cosas y a los que les falta consolidarse como empresas rentables. Pero si está ahí es porque a la gente le interesa.

P: ¿Qué es lo que más satisfacción te produce de tu trabajo como contador de historias?

R: Al final, que la gente lo lea, le interese y le guste. Eso es lo más inmediato y lo que te da ánimos. Y, de vez en cuando, pasan cosas, pequeñas historias personales que no le interesan a nadie, pero que son muy emotivas. En Colombia, por ejemplo, cuando estaba haciendo un reportaje sobre la violencia sexual dentro del conflicto del país, me explicaron que había un chico que quería venir hasta Bogotá para contarme su testimonio. A mí eso me impresionó. Él tenía una historia muy dura porque le habían violado unos paramilitares. Y me dijo que me conocía por los reportajes de Bolivia que había escrito hace cuatro años y me seguía en el blog. Encontrarte con alguien así es maravilloso. Te reconforta.

P: En tu libro “Mi abuela y diez más” sostienes que no te gusta el fútbol, que únicamente eres de la Real. ¿Es posible haber nacido en Guipúzcoa y no sentirse ‘txuri-urdin’?

R: Bueno, hay gente que lo consigue. Hay todo tipo de configuraciones genéticas y alguna incluye nacer en Guipúzcoa y no ser de la Real, lo cual me parece muy bien porque encima es original. Pero en el fondo lo que me pasa es que al final te contagias de algo que está en todo tu entorno, en tu familia, en tu sociedad y tú no lo eliges. Yo no he elegido ser de la Real en sí, todos los que somos de Guipúzcoa elegimos la Real porque es lo que vivimos. El fútbol tiene esa capacidad de involucrar a una sociedad alrededor de un equipo y de que una ciudad viva y respire muchas veces eso. A mí una cosa que me sorprende muchas veces es ir al estadio y cuando salimos decir: ‘Joder, aquí estamos 30.000 personas y las 30.000 tenemos el mismo estado de humor cuando nuestras vidas no tienen nada que ver las de unos con otros’. Y todo por una cosa tan banal y tan insustancial como el fútbol. No deja de parecerme un fenómeno muy interesante. Yo, por ejemplo, sigo a la Real, pero es que luego no estoy realmente atento al partido de Champions que puedan jugar el Madrid y el Barça o a los partidos de un Mundial. Mi deporte es el ciclismo. El deporte que me gusta, que de verdad entiendo y que sigo es el ciclismo. Lo de la Real me parece un fenómeno curioso y social más que deportivo en mi caso. Y me parece que está muy bien, que es algo interesante.

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P: ¿Siguen conservando las calles de Donosti esa sensación de calor de hogar que solían tener cuando eras niño y que permitía a los jugadores de la Real Sociedad y su afición sentirse parte de la misma familia?

R: Eso tiene más que ver con el cambio de uno mismo que con el cambio de la ciudad. Yo ya tengo una edad, pero con seis u ocho años vives las cosas de una manera mucho más emocionada y te fascina cruzarte con un futbolista. Ahora, si me cruzo con un futbolista, me olvido al minuto siguiente. Pero me pasa lo mismo con el ciclismo, es una cosa normal. Con diez años mis ídolos eran Peio Ruiz Cabestany y Perico Delgado, y si un día me los encontraba era como si hubiese visto al héroe de una película. Hoy en día, siendo adulto, adquieres cierta distancia, dejas de ser tan fan. Creo que lo más cambia eres tú y no tanto una ciudad, un entorno o el fútbol en sí mismo. Sí es verdad que entonces las cosas eran más pequeñas, más familiares y que los futbolistas eran más cercanos, pero en el fondo creo que tiene más que ver con que vivas así la infancia, con que seas un niño, y no con la ciudad.

P: En “Mi abuela y diez más” dices que Atotxa olía a selva, ¿a qué huele Anoeta?

R: Pues es bastante inodoro, quitando el puro de algún compañero de la grada (risas). Pero lo otro es muy llamativo. El del olor es un recuerdo que tiene mucha gente porque al lado de Atotxa había  un mercado de frutas y se producía un olor muy característico. Además, al ser un campo pequeño, con el césped recién regado y el humo de los puros, se formaba un aroma selvático muy reconocible. Hay una frase muy bonita de Ángel Gabilondo, el ex ministro, que dijo: “Mira, así huele La Habana vieja, en los mercados de frutas y verduras que hay por ahí tiradas. Yo un día iba andando por La Habana, olía aquello, y me daba la impresión de que iba a jugar la Real”. Es precioso oír que alguien pueda estar en La Habana y que su olor evoque a Atotxa. Y es algo que Anoeta no tiene. Es un estadio mucho más aséptico y yo no lo asocio con ningún olor, salvo el puro que a veces me mete por la nariz algún vecino.

P: ¿Qué solución le ves a esa pista de atletismo?

R: No lo sé, pero creo que con eso exageramos. Por supuesto que a todos nos gustaría, a mí el primero, tener un campo más cercano y verlo todo más cerca, que haya más ambiente y más presión, pero al convertir esto en una cuestión crucial para la Real y decir que por culpa de las pistas se escapan no se cuántos puntos al año me parece que se nos va un poco la olla. No es para tanto, hombre (risas).

P: Arconada; Celayeta, Kortabarria, Górriz, Olaizola; Alonso, Diego, Idígoras, López Ufarte; Satrústegui y Zamora. Y Ormaetxea desde la banda. ¿Sientes debilidad por alguno o para ti sólo existen como un todo?

R: Para mí son un todo, pero, por ejemplo, al escribir el libro yo me quise fijar en uno al que no se le nombraba tanto y era ‘Bixio’ Górriz. Me parecía un ejemplo de lo mejor que podía tener ese equipo, porque no era una estrella mundial como podían ser Arconada, Zamora o López Ufarte, pero sí una muestra de lo mejor que podía dar un equipo como la Real, un equipo pequeño, de una ciudad mediana. Se trata, además, de un señor futbolista, que ha estado toda la vida ahí, que es el que más partidos ha jugado con la Real, 599 encuentros. Toda su vida, desde los 21 años hasta los 35, jugando en la primera plantilla. Es un jugador que tiene todos los títulos que ha conseguido la Real y ha participado en ellos. Ha jugado un Mundial, ha llegado a semifinales de la Copa de Europa. Tiene una trayectoria futbolística impresionante y a mí me gusta su humildad. Es un tío muy sencillo que nunca quiso fichar por otro equipo y marcharse aunque tuviese ofertas. Y lo que cuento, que me encantó y que me fascinó de él, es que hace años yo iba a la misma zona de Anoeta donde se sienta él y le veía haciendo cola para entrar. En el libro cuento un poco de broma cómo para mí fue emocionante el día que en un descanso fui al baño a mear y estaba él meando al lado. Un futbolista que tendría que estar en un altar en la historia de la Real, como un Di Stefano en el Madrid, como una encarnación absoluta de la Real Sociedad, y el tío, en vez de que estar en un palco, pues está a tu lado meando y va con su bufanda, siempre la misma, la que le tiraron al campo en su partido de despedida en Atotxa. Me parece fenomenal que un futbolista que tiene las circunstancias para ser una especie de héroe en un panteón o ser alguien engreído pues vaya a la grada y viva el fútbol como los demás. Me quedé con Górriz por eso, y cuando me hice tiempo después con una camisa de la Real, al publicar el libro, pedí que me pusieran en ella el ‘5’ de Górriz. Es alguien majísimo que siempre está dispuesto a ayudar cada vez que la Real hace alguna campaña. A él le va la marcha y siempre se ofrece. Vino a la presentación de mi libro, y es que está siempre dispuesto a ayudar. Un tío muy enrollado.

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P: En este reciente resurgimiento del fútbol vasco, ¿cómo se vive a día de hoy la rivalidad con el Athletic de Bilbao desde la óptica ‘txuri-urdin’?

R: A mí me parece que es muy bonita como está ahora. Sí que hubo hace unos 20 años, con el fichaje de Joseba Etxeberria y cosas de éstas feas, un punto más de agresividad y de mal ambiente. Pero a mí me gusta lo que hay hoy en día. Creo que tenemos que ser rivales y nos tenemos que picar y mosquear, eso me parece muy bien, pero a la vez me parece fenomenal que en las dos gradas la gente esté mezclada y que antes del partido las dos aficiones vayan juntas. Así es como tiene que ser. Nada de convertir esto en una guerra civil. Está muy bien que tengamos nuestros piques, que a nosotros haya cosas del Athletic que no nos gusten, pero nada más. Yo he visto derbis en un bar de Bilbao con la camiseta de la Real rodeado de un montón de gente con camisetas rojiblancas que te vacilaban, y es así como tiene que ser.

P: ¿Y la “indignación” y “furia sincera” hacia el Real Madrid continúa vigente o se ha trasladado a otros clubes? En las últimas visitas a Anoeta, el Barça no ha sido recibido precisamente entre aplausos…

R: Ha sido un desplazamiento curioso. Hubo una época en que teníamos una admiración excesiva al Barça, un equipo que precisamente nos ha fichado a muchos jugadores y nos ha desmantelado el equipo alguna que otra vez. Pero, claro, desde pequeños, a los que éramos de la Real, nos inculcaban que los otros, los que ganaban, eran unos chulos y les ayudaban los árbitros. Es algo para vivir con mentalidad de niño. Luego ya, de mayor, le puedes tener más o menos manía, desear que pierda uno u otro, pero no importa tanto. Seguimos teniendo un antimadridismo genético grabado, pero en su medida.

P: A pesar de lo doloroso del descenso y la peregrinación por Segunda, ¿crees que aquella etapa significó dar un paso atrás para después caminar dos hacia delante?

R: Seguramente sí. La Real andaba muy desnortada. Hacía fichajes muy extraños, entraba en Champions y a la vez se arruinaba. Pero es lo que ocurre muchas veces. De la necesidad haces virtud, vuelves a recuperar el sentido común y a hacer cosas interesantes en la medida de tus posibilidades para funcionar bien. Fue amargo estar en Segunda, pero no me pareció lo peor que podía pasar. Prefería un equipo más digno y sano en Segunda que esos esperpentos que se ven en Primera: equipos hinchados artificialmente con la llegada de personajes millonarios que se montan películas extrañísimas. Estar en Segunda no es lo peor que le puede pasar a un equipo.

P: Has dicho antes que no sueles mitificar, ya por la edad, a los futbolistas. Pero, ¿con qué jugador de la actual plantilla no te importaría irte de pintxos?

R: Yo le tengo mucho aprecio a Xabi Prieto. Él se portó muy bien cuando presentamos el libro, lo leyó y repartió ejemplares en el vestuario, por lo que le tengo cierto agradecimiento personal. Además, es un ejemplo de Górriz actual, ya que es un tío que ha hecho toda su carrera en la Real y que es una persona que representa lo mejor que tiene el fútbol: se siente parte de la ciudad, de la gente. No le da igual jugar en la Real que en otro equipo. Tiene muchos críticos porque no es una locomotora en el campo, pero eso a mí también hace que me caiga mejor. Mi vecino de grada se pone muy histérico, le grita de todo y no le soporta, pero a mí eso me hace apreciarle más. Además, es un tío que el año pasado le metió cinco goles al Madrid en los dos partidos de Liga —hat-trick en el Bernabéu y dos en Anoeta— y que al comienzo de su carrera también metió otros dos goles en el Bernabéu con un penalti a lo Panenka. Tiene todos los ingredientes para que me caiga bien. Además, estudió en la misma ikastola que yo. Ya le dije: “Los dos hemos hemos empezado a jugar al fútbol, pero tú te has quedado estancado y yo me he dedicado a otras cosas” (risas).

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P: En el libro también cuentas que en 1913 se derribó el velódromo sobre el que se construyó luego Atotxa, donde tantas emociones viviste. ¿Cómo llevas esa bipolaridad fútbol-ciclismo?

R: Como a lo largo de la temporada futbolística hay poco ciclismo, se relevan, de modo que lo llevo bastante bien. No tengo ninguna duda que para mí el primer deporte es el ciclismo. Mis prioridades están claras: primero el ciclismo y luego todo lo demás. Como aficionado al ciclismo, sí que afecta la omnipresencia del fútbol, una pasada en los medios que se refleja, sobre todo, en los casos del Madrid y el Barça. A mí me harta, la verdad. Me da mucha envidia que en periódicos de otros países, como L’Équipe o La Gazzetta, puedes ver que en la portada se van turnando los deportes. Aquí sería impensable. Es siempre fútbol, aunque no pase nada, y nos meten al Madrid y el Barça a todas horas. Me da envidia que haya un ecosistema deportivo más variado en otros países. Como aficionado al ciclismo me da rabia. Yo recuerdo estar en Italia, abrir La Gazzetta dello Sport y ver un reportaje a doble página sobre Tom Boonen. Y yo pensaba: ‘¡Pero si esto es Italia y le están dedicando dos páginas a un ciclista belga!’. Aquí, por ejemplo, a la Clásica París-Roubaix le dedicarían, como mucho, un breve. Me da envidia. Creo que es muy empobrecedor para la cultura deportiva que la gente no tenga ni idea del Mundial de atletismo o de una Clásica ciclista y que todo sea partidos de fútbol a todas horas.

P: En este sentido, ¿qué representó para ti “Plomo en los bolsillos”?

R: Para mí es una satisfacción y un premio mayúsculo. Es un libro que ha ido creciendo. En 2003 escribí diez historias breves, porque era el año del Centenario del Tour, y luego decidí que si lo desarrollaba y me documentaba más podía publicar un libro. Ganó el Premio Marca en 2004 y luego vino la reedición en 2012, que fue una sorpresa absoluta. De todo lo que he escrito es algo que me dio mucho gusto escribir y que ha traído una recompensa mucho mayor de lo que esperaba. Y que siga, que siga (risas).

P: ¿Sería descabellado concebir “Mi abuela y diez más” como un “Fiebre en las gradas” a la donostiarra?

R: Creo que es bastante distinto. Para empezar, es más breve y más sencillo. Fiebre en las gradas” es un libro escrito por un loco del fútbol, lo que nos convierte a Nick Hornby y a mí en dos personas totalmente distintas. Sí que comparten esa idea del fútbol como hilo conductor a lo largo de una vida, en mi caso bastante más leve que en el de Hornby, para quien supone la razón principal de su vida. En ese sentido, la importancia que le damos es muy distinta, pero, aunque no tiene mucho sentido compararlos, sí es verdad que tienen aspectos en común.

P: Durante los últimos años no han dejado de proliferar una gran cantidad de libros con temática deportiva. ¿A qué crees que puede deberse? ¿Piensas que hay público para tanto libro?

R: Creo que es un síntoma bueno para el periodismo, debido a la proliferación de títulos como ‘Libros del K.O.’ o revistas digitales, y el deporte en general. El panorama en los medios deportivos tradicionales es tan desértico, con el monocultivo del fútbol y hablando de Madrid y Barça todo el rato, que la gente también tiene ganas de conocer otro tipo de historias. Hay otro público y me parece muy buena señal que incluso nos apetezca leer de deportes que no son ni los que más gustan ni los que se han practicado toda la vida, pero que traen historias muy buenas. A mí, por ejemplo, no me gusta nada el boxeo, pero hay crónicas de combates maravillosas y las leo encantado. Lo mismo pasa con el baloncesto y el atletismo, que también pueden encerrar historias tremendas. ¡La pelota! Hay unas historias de pelota con jugadores de cesta punta que en la época de oro estaban hasta en cuatro continentes a la vez jugando en frontones de América, de África y de Oceanía, con anécdotas alucinantes que nos llevan a preguntarnos de qué sirve estar siempre pendientes del partido de liga del domingo.

P: ¿Qué crees que diría tu tío abuelo Juan Alcorta si viviera en el País Vasco en 2014?

R: Estaría muy contento y muy aliviado. A él le tocó vivir una época en que estuvo amenazado. y se trataba de una amenaza muy real. Había gente a la que mataban por no plegarse a las condiciones que, en su caso, le impuso ETA para que pagara un chantaje. Tanto a él como a mucha otra gente que sigue viva y ha pasado por lo mismo seguro que supone un alivio enorme. Estamos todos muy contentos de que la situación haya cambiado.

P: ¿Cuál es el próximo destino al que apunta la Vespa cargada de esteras y equipaje que vemos en tu web?

R: La uso poco para viajar, no te creas. Estuve en Sicilia hace dos años con ella y ahora la uso para moverme por la ciudad. Pero sí que tengo un capricho, ahora que me acuerdo. No muy lejos de aquí, a 200 kilómetros, en Francia, hay una capilla dedicada a los ciclistas. Nuestra Señora de los Ciclistas, o algo así se llama. En las vidrieras, en lugar de aparecer santos, tienes imágenes de Ocaña y Poulidor. Es un sitio muy peculiar que siempre he tenido muchas ganas de visitar, lo que pasa es que tendría que ir en bicicleta, no en Vespa.

P: ¿A qué personaje, vivo o muerto, siempre soñaste con entrevistar?

R: Para empezar, no me gusta hacer entrevistas. Prefiero estar con alguien compartiendo un tiempo y luego contar su historia. Voy a decir uno un poco raro: Fridtjof Nansen, un explorador noruego que cruzó Groenlandia esquiando e hizo una expedición para llegar al Polo Norte impresionante. Fue también diplomático, salvó a miles de personas durante la Primera Guerra Mundial y le dieron el Premio Nobel de la Paz. Un personaje tremendo y quizá no tan conocido con una vida muy curiosa.

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P: ¿Qué sueños periodísticos le quedan por cumplir a Ander Izagirre?

R: No tengo grandes ambiciones porque tampoco me planteo la profesión como una carrera en la que tenga que llegar a ningún sitio. Disfruto viajando, escribiendo y contando historias y haciendo reportajes variados, y me gustaría seguir así. No aspiro a llegar a ningún sitio en particular.

06/04/2014

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