La paradoja del doctor H.

hugh_laurie_2_recortada2SERGIO MENÉNDEZ | No fue la manita que el Real Madrid le endosó al Rayo Vallecano la única victoria de la jornada para Tomás Roncero. Y quizá no sólo no fuera la única, sino también la menos relevante. Si bien el redactor jefe del diario As –no pierdan tiempo en comprobarlo, el cargo es correcto– representa un caso de deformación profesional llevada al extremo, por interiorizado que lleve al club de sus alegrías y desvelos hasta el punto de que un triunfo merengue represente uno propio, los cinco goles encajados por los chicos de Paco Jémez en el Santiago Bernabéu adquieren una importancia relativa si nos ponemos a comparar en su totalidad los logros de este ‘showman’ de Villarubia de los Ojos durante el pasado fin de semana.

Aunque los tres puntos seguramente hinchieron de gloria a este William Wallace con la cara pintada de blanco y violeta, no significaron lo mismo desde un punto de vista personal con el hecho de difundir por el mundo la palabra del ‘Villarato’, religión de la que Alfredo Relaño constituye su único Dios y Tomás Roncero su principal profeta. No del término como tal, cuya etimología puede resultar un tanto difusa para el extranjero en la medida que no resulta tan conocido el sujeto que lo inspiró, Ángel María Villar, máximo representante federativo del fúrbol’ nacional, sí lo ha hecho la idea. Y hablamos ya no sólo de traspasar fronteras políticas o barreras idiomáticas. Es que incluso ha derribado lindes gremiales, consiguiendo sumar adeptos en círculos profesionales que hasta el momento habían permanecido ajenos a la polémica y han decidido ahora unirse a la causa. Como, por ejemplo, los actores.

Sucedió al término del encuentro que Espanyol y Barcelona disputaron el sábado. Y aunque no todos los preceptos del ‘Villarato’ salieron reforzados de Cornellà – El Prat tras el polémico triunfo visitante, sí que lo consiguió al menos esa teoría de que existe entre los jugadores culés una querencia a rodar con demasiada frecuencia y/o facilidad por el suelo tras un contacto por parte de los rivales. Las fuentes que han tratado de dar explicación al fenómeno, aparte de irónicas, son muy diversas: hay quien lo justifica como una interpretación demasiado entusiasta de la filosofía de juego culé, tan dispuesta siempre a llevar el balón por el piso y tendente a la horizontalidad que obliga a sus jugadores a ponerse en paralelo y fundirse con el césped en caso de peligrar la posesión; otros lo achacan a la perturbadora influencia de Dani Alves, que fruto de su peso específico en el vestuario culé habría iniciado al resto de compañeros en la aplicación de técnicas dramatúrgicas en el fútbol, disciplina en la que el lateral brasileño es considerado todo un Laurence Oliver a ojos de la caverna mediática; los menos ingeniosos, directamente, prefieren tildar al futbolista de ‘nenaza’ o ese calificativo tan clementiano de ‘mingafría’ y le atribuyen a su estructura ósea la denominación de origen Meissen. En esa línea fue, precisamente, el comentario de Hugh Laurie en su cuenta personal de Twitter, confesando no entender “cómo los jugadores del Barcelona pueden tocar el balón sin romperse las piernas” y apostillando que “se van al suelo como figuras de porcelana”.

Roncero, naturalmente, aprovechó la ocasión que le brindaba el sarcasmo para apuntarse el tanto entre sus followers del modo siguiente: “Grandioso el doctor House diciendo la gran verdad. Un doctor sabio y certero en sus juicios”. Ni rastro de Hugh Laurie. Tan sólo “el doctor House”. Existe un antes y un después en la carrera del actor británico hasta que interpretó al carismático y asocial jefe de diagnóstico del Hospital Universitario Princeton-Plansboro de Nueva Jersey, personaje que le catapultó a la fama, le convirtió en todo un sex-symbol para las mujeres y un reclamo publicitario para los hombres con patas de gallo y los bebedores de tónica. La vinculación del intérprete con el fútbol viene, sin embargo, de mucho antes. Antes incluso de meterse en la piel del padre de Stuart Little o de cuando formó parte del elenco de “La víbora negra” (“Blackadder”, en inglés), una comedia de situación típicamente inglesa creada por Richard Curtis y Rowan Atkinson, otro ejemplo de lo que te puede pasar cuando un personaje con nombre de habichuela se vuelve tan popular que termina canibalizando a su actor.

Virtuoso del piano, la guitarra, la batería, la armónica y el saxofón y también cantante, existen discrepancias alrededor de las filias futbolísticas de Hugh Laurie. Allí donde Internet Movie Data Base le coloca junto a Elizabeth Hurley, Lilly Allen, Pierce Brosnan, Hugh Grant, Benicio del Toro, Daniel Radcliffe, Andrew Johnston o el mismísimo Michael Jackson como seguidores del Fulham, son varios los foros de que le sitúan cerca de la órbita del Arsenal. En este sentido, el dato más fiable sobre el origen de la relación de este hombre del Renacimiento con el deporte rey nos lo proporciona la videoteca. Concretamente, un sketch de ‘A bit of Fry and Laurie’, programa de humor que se emitió entre finales de los 80 y mediados de los 90 por la BBC donde Laurie, aparte de darse un aire a Quique Sánchez Flores, interpretó en cierta ocasión a Dave Wilson, un patético entrenador cuya premisa futbolística consistía en llegar al área y dejarse caer. Curiosamente, lo que tanto y tan irónicamente viene a criticar ahora de los jugadores del Barcelona. Si a ello le sumamos la afición que Hugh Laurie y Leo Messi comparten por el ‘choripán’ argentino, parece evidente que nos encontramos no sólo ante una enésima paradoja, sino también ante la prueba definitiva de que en el fútbol la realidad también es capaz de superar en muchas ocasiones a la ficción.

02/04/2014

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