El apagón de ‘El Cometa’

frank_rijkaardSERGIO MENÉNDEZ | Corría el 19 de mayo de 1985 cuando esta escena de júbilo fue captada por los reporteros gráficos que aquel día concurrieron en el estadio De Meer de Ámsterdam, para cubrir el encuentro correspondiente a la jornada número 30 de la Eredivisie. Ni más ni menos que un Ajax-Feyenoord. ‘De Klassieker’. Una versión holandesa del Madrid-Barça. El partido donde el par de clubes más popular de los Países Bajos (con permiso de PSV Eindhoven) se baten el cobre, el encuentro donde la más pírrica de las victorias es capaz de despertar notas de gloria en el paladar de los ganadores. Una suerte que aquella ocasión, tal y como evidencia la expresión de sus caras y los brazos en alto, recayó sobre los futbolistas ‘ajacied’.

De izquierda a derecha, luciendo el típico anagrama de cinta de cassete, Ronald Koeman, Marco van Basten y Frank Rijkaard celebran el 4-2 final en una instantánea cuyos protagonistas no resultan del todo reconocibles si los comparamos con su imagen actual. Al menos el lo que al jugador en primer término se refiere. Porque si Koeman y van Basten han podido ganar algún kilo que otro a lo largo de los años, lo que diferencia al Rijkaard de la fotografía de quien hace días anunciaba su retirada de los banquillos es la alegría de su rostro.

“Tal como están las cosas, no seré entrenador de nuevo. No tengo ningún deseo de regresar. Estoy agradecido por todo lo que he logrado en el fútbol, pero ahora prefiero hacer otras cosas, ir a ver partidos y disfrutar discutiéndolos después. No tengo ningún deseo de estar de pie en la banda con 60 años”. La noticia saltó a los medios de comunicación entre titulares donde las variantes de las familias léxicas de ‘cansancio’ y ‘hartazgo’ se repetían por doquier junto al diagnóstico ‘falta de motivación’. Casualidades de la vida, Pep Guardiola, su sucesor como técnico del Barcelona y reciente campeón de la Bundesliga en su temporada de debut con el Bayern de Múnich, justificó la misma semana su salida del club azulgrana por verse incapaz de insuflar ánimos a una plantilla en la que advirtió síntomas de empacho. A diferencia del ‘recordman’ de Santpedor, para quien fue suficiente con cambiar la ciudad condal por Baviera para llenarse de nuevo, la desilusión por seguir dirigiendo plantillas ha vaciado el gesto de Frank de sonrisas que se le suponían eternas.

No es la primera vez, sin embargo, que la frustración hace acto de presencia en la carrera de Franklin Edmundo Rijkaard. De madre holandesa y padre surinamés, debutó a nivel profesional en las filas del Ajax de Ámsterdam bajo las órdenes de Leo Beenhakker en 1980 y allí completó siete temporadas consecutivas de éxitos (tres Eredivisie y una Copa de la UEFA) hasta que su mala relación con Johan Cruyff precipitó su salida de la capital neerlandesa en septiembre de 1987 en una carambola que dio con sus rizos en el Sporting de Portugal, equipo al que llegó para tocar pared y marcharse inmediatamente cedido al Real Zaragoza después de que el conjunto portugués se diese cuenta de que era demasiado tarde para inscribir a su flamante contratación en ningún torneo de cuantos disputaba.

Llegó entonces el verano de 1988, el que cambiaría su vida para siempre y le convertiría en leyenda pasando a engrosar las filas del Milan de Arrigo Sacchi. Allí se reencontró con Marco van Basten y se sumó a Ruud Gullit para rebautizar al equipo bajo la denominación ‘El Milan de los Holandeses’ y convertirse en ese paradigma del fútbol total como pionero en la demarcación de ‘todocampista’ desde la que conquistó dos Scudettos y otro par de Copas de Europa, frente al Steaua de Bucarest (1988/89) y Benfica (1989/90), así como sus respectivas Intercontinentales . Por si fuera poco, aún le daría tiempo en 1992 a regresar al Ajax y formar junto a Danny Blind un doble pivote con el que terminó de rodear su palmarés como futbolista merced a la consecución de dos Eredivisie consecutivas (1993/94 y 1994/95) y otra Copa de Europa (1994/95), precisamente contra el Milan.

En lo que a su faceta como entrenador se refiere, la trayectoria de Frank Rijkaard se ha visto salpicada por los altibajos. Formado a la abrigo de Guus Hiddink en el banquillo nacional neerlandés durante Francia ’98, fue sorprendentemente nombrado seleccionador al término del Mundial en lo que representó una propuesta de riesgo pero a la vez exitosa si tenemos en cuenta que, pese a la inexperiencia en el cargo, Rijkaard condujo al combinado ‘oranje’, con el que conquistó la Eurocopa de Alemania 1988 y con el que protagonizó un incidente con Rudi Völler en el Mundial de Italia ’90 con escupitajo de por medio como jugador, hasta las semifinales de la Eurocopa de 2000, cuando fueron eliminados por Italia en la ronda de penaltis. Prácticamente no había dimitido cuando pasó a entrenar al Sparta de Rotterdam, club decano de los Países Bajos con el que descendió a Segunda división y, de ahí, pasó al banquillo del Barcelona al principio de la temporada 2003/04, la primera para él y para el nuevo presidente de la entidad, Joan Laporta, que había confiado en Frank Rijkaard como apuesta personal para el banquillo y en los Ronaldinho, Samuel Eto’o y Deco sobre el césped. Un trío de ases que el preparador de Ámsterdam redondearía con el tiempo gracias a la jugada maestra que supuso para el barcelonismo el debut bajo sus órdenes del mismo Lionel Messi, que el pasado domingo hacía más grande su leyenda anotando un hat-trick a domicilio frente al Real Madrid, mimbres todos que le permitieron levantar dos Ligas, otro par de Supercopas de España y, en especial, devolver la Copa de Europa a las vitrinas del Camp Nou 14 años después del derechazo de Koeman en Wembley. Y es ahí, en la cumbre del éxito, donde se inició el progresivo declive de su constelación de estrellas y, por extensión, el suyo particular. Una caída que precipitó su salida del Barcelona un lustro después de su llegada y un triste deambular por Galatasaray, primero, y la selección de Arabia Saudí, después, que han terminado por arrebatarle la luz de los ojos al hombre que antaño brilló de modo fulgurante sobre los terrenos de juego como ‘El Cometa’.

26/03/2014

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