Suena Míchel

michelSERGIO MENÉNDEZ | Ni los aficionados más pesimistas del Manchester United se imaginaban una temporada como la que viene completando su equipo hasta la fecha. Algo más de cinco lustros habían transcurrido desde su llegada al banquillo de Old Trafford cuando Alex Ferguson decidió,a principios de mayo de 2013, ceder el tridente a su paisano David Moyes de cara a la presente campaña. Quiso el bueno de ‘Fergie’ poner el broche de oro conquistando la decimotercera Premier League para las vitrinas del club y colmando de bendiciones a su sucesor en el cargo. Halagos que han resultado del todo infructuosos a la hora de conferir a la plantilla la solidez que se le supone al vigente campeón y que han conseguido proyectar sobre las espaldas de quien se pasó más de una década dirigiendo al Everton una sombra demasiado larga.

Desbancados a las primeras de cambio de los puestos de cabeza en la competición doméstica, las circunstancias obligaban a cuajar un buen papel en Champions League y tratar, de esta manera, de calmar la frustración que suponía para el supuesto rival a batir el hecho de verse sin opciones al título antes del Boxing Day. Cerrada con éxito la fase de clasificación tras pasar como primeros de grupo por delante de Bayer Leverkusen, Shakthar Donetsk y Real Sociedad,  por primera vez en la temporada la suerte hizo un guiño a los ‘diablos rojos’ emparejándolos en octavos de final con el Olympiacos, considerada a priori la ‘Cenicienta’ del sorteo. Pero lo que parecía una perita en dulce resultó convertirse, a la hora de la verdad, en manzana podrida para el United, que en su visita al Georgios Karaiskakis en el encuentro de ida celebrado el pasado 25 de febrero sufrieron el enésimo varapalo del curso futbolístico. Quizá el más doloroso de todos, por su componente de inesperado y lo felices que se las prometían Moyes y los suyos. Así, los tantos de Joel Campbell y el Chori’ Domínguez pusieron al conjunto heleno en ventaja a falta de que hoy se celebre el decisivo partido de vuelta en lo que constituye sólo uno de los grandes momentos protagonizados recientemente por un plantel capitaneado desde al área técnica por el hombre que después de varios bandazos profesionales y mucho pitorreo con su nombre ha encontrado en El Pireo la horma de su zapato.

En lo que a su trayectoria como jugador se refiere, pocas cosas hay que hablen mejor de la calidad de José Miguel González Martín del Campo, ‘Míchel’ para el grueso de los mortales, que su palmarés. Miembro de ‘La Quinta del Buitre’, sus centros desde el carril del 8 contribuyeron a la consecución de seis Ligas, dos Copas del Rey, tres Supercopas de España y una Copa de la Liga para las vitrinas del Real Madrid.  Si a ello le sumamos su participación en los Mundiales de México ’86 e Italia ’90 y la Eurocopa de 1988 en Alemania, el resultado es un currículum tan envidiable que sólo cabía un destino para él toda vez que hubiese colgado las botas. Al fin y al cabo, constituía un secreto a voces que Míchel acabaría haciendo carrera en los banquillos, pero no fue hasta el año 2005 cuando le vino la oportunidad de estrenarse como entrenador del Rayo Vallecano. El apuesto y gallardo comentarista del ente público y compañero de fatigas de José Ángel de la Casa al que Corbacho caricaturizaba en ‘Homo Zapping’ con sonrisa de suficiencia sexual,  flequillo prominente y poniendo en su boca toda una retahíla de obviedades a modo de apuntes técnicos era historia. A diferencia de lo que ocurre en televisión, no basta en fútbol con tener las facciones bien marcadas para ser considerado un verdadero ‘míster’.

Sin embargo, no fueron precisamente fáciles los inicios de Míchel. Tras fracasar en su intento de ascender con el Rayo a Segunda, al año siguiente volvió a casa de la mano de Ramón Calderón como entrenador del Castilla, filial del Real Madrid con el que descendió a Segunda B. A una efímera experiencia por los despachos en su papel de director de la cantera merengue le siguió su vuelta a los ruedos en abril de 2009 por la destitución de Víctor Muñoz en el Getafe, club al que logró clasificar para disputar la Europa League y en el que permaneció  hasta el final de la temporada 2010/11. Comenzaba entonces una etapa en la que su nombre empezó a sonar no sin recochineo cada vez que un equipo se quedaba huérfano de banquillo. De hecho, tanta fuerza adquirió la broma que traspasó las fronteras de lo deportivo y el bueno de Míchel se perfiló incluso como sucesor de Esperanza Aguirre en la Presidencia de la Comunidad de Madrid o de Benedicto XVI al frente de la Iglesia Católica.

Fue el Sevilla quien acabó contratando sus servicios en febrero de 2012 para suplir la baja de Marcelino García Toral lo que restaba de campaña y toda la siguiente. Pero los malos resultados  precipitaron su salida de Nervión cuando ni tan siquiera se había cumplido un año de su llegada y hubo que esperar hasta principios de 2013 para que Atenas le llamase a filas. Y es allí donde Míchel está cuajando sus mejores actuaciones al filo de la banda en la medida en que los laureles de su escudo son más verdes, si cabe, desde que recaló en Olympiacos. A la Super Liga y la Copa de Grecia conquistadas la temporada anterior debemos añadir ahora un nuevo título liguero obtenido el pasado fin de semana a falta de cinco jornadas para el final del campeonato. Queda por ver esta noche si sus hombres son capaces de certificar el pase a cuartos de final de Champions League y rematar la faena. Como diría su propio técnico en la mítica celebración del hat-trick anotado frente a Corea del Sur en Italia ’90, se lo merecen.

19/03/2014

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