La locura del portero

HiguitaFIRMA DE FERNANDO BELTRÁN | Un vuelo de Casillas en una falta. Una pierna de Courtois en un mano a mano. Un traje de Campos en un Mundial. Un peinado cualquiera de Cañizares. O un escorpión de Higuita. Unos tan estéticos, otros tan excéntricos, todos tan especiales, tan solitarios, tan locos, tan bajo palos.

No sé que lleva a un niño a querer ser portero. Ese tipo que lidia a diario con la crítica, con el cálculo pormenorizado de cada centímetro del área, con la reválida constante.

No sé que lleva a un niño a querer recoger un balón de las mallas, a caer contra el suelo una y otra vez, a vivir más tiempo en el aire que sobre el césped, a sentir sobre sus hombros la responsabilidad de todo un equipo.

No sé que lleva a un niño a querer ser portero, a jugarse una temporada a una carta, a la posibilidad de no disputar un solo minuto en toda la campaña, a ser condenado a una suplencia eterna, a entrenar sabiendo que ese fin de semana también se sentará en el banquillo.

No sé que lleva a un niño a querer sufrir a toda una hinchada detrás de su portería, a sus insultos cuando saca o a sus comentarios despectivos cada vez que recoge un balón fuera del campo.

No sé que lleva a un niño a jugarse el tipo en cada salida, a recibir pelotazos una vez tras otra, a exhibir públicamente cómo el más mínimo de sus errores se convierte en la felicidad de sus rivales y en la desolación de sus compañeros.

Sin embargo, sí sé porqué decidí serlo. Ser hincha del Atlético y elegir siempre al peor equipo que encontraba en el ‘Football Manager’ tuvieron mucho que ver en la decisión. Acostumbrado al sufrimiento deportivo, no encontré una posición que se correspondiera más con mi forma de ver el fútbol.

Encontré bajo palos la mejor excusa para levantarme tras cada caída, el mejor de los motivos para superarme a mí mismo, la tranquilidad necesaria en la soledad de tu área para rendir de la mejor manera posible.

Encontré bajo palos la satisfacción, la felicidad y el ‘hobby’ que hoy, ya talludito, no sé porqué llega a algunos niños. Al final va a ser verdad aquello que dicen que estamos un poco locos.

16/03/2014

Fernando Beltrán es periodista de El Mundo.

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