‘Mágico’

magico-1MARIO BECEDAS | Fue la gamuza que pasó el polvo de décadas por el tapiz del Ramón de Carranza. Suyos los sorbitos de buen fútbol que bebieron los 80 en la Tacita de Plata. Cádiz resultó la tierra primera en la que ‘Mágico’ González se adentró en la noche del balón con un conejo para cada chistera y una varita en el vidrio de sus pies.

Nació Jorge Alberto González Barillas un 13 de marzo que cayó —como hoy— en jueves. Fue la suya una infancia que creció entre sus ‘cheros’, derrumbando pizarras sin ‘regarla’ nunca en la conducción, divino pecado. Desde la canchita de La Flor Blanca —palabra de Pablo Ordaz— el ‘Mago’ se proyectó a todo el mundo hasta romper golletes con su quiebro de tobillo en la España del 82. El fútbol viscoso de El Salvador conquistó la UHF y, de todas las novias, sólo la ‘Sirena del Océano’ se llevó el talento del Mundial a la cama.

De las sábanas le costaría moverse al ya bautizado ’Mágico’, que pronto se puso a consagrar rutas en la noche. Sus tabacos se unieron en humo con los de Camarón y su colchón siempre tuvo una espalda de mujer encendida por el nuevo sol. La tarea del gallo fue una china para el club, que le tuvo que poner un asistente para arrastrarlo al entreno. Agarrado como un koala al tronco de sus sueños, hasta en la camilla del vestuario se le llegó a aparecer Morfeo.

En Cádiz, salada claridad de Manuel Machado, ‘Mágico’ —enseguida perdió el artículo— halló la península de su perdición. Quiso impedirlo David Vidal, galaico brujo de Portosín que no pudo atar el vuelo de la pelusa. La pena habitual para el genio era la elevada pecunia y el aviso de banqueta. Hasta que la grada gritaba “¡Gallego, sácalo!”, y el druida Vidal arrancaba del escaño al Bob Dylan de azul y amarillo para que espolvorease la música sobre el campo.

Admitía ‘Mágico’ su culpa en todo esto, pero nunca estuvo capacitado para concebir el esférico como un trabajo. Taciturno tras un entrenamiento, se aproximó a Vidal y, dando 15 toques seguidos a una cajetilla de cigarros, le sentenció al jefe que eso era lo que sabía de fútbol. El ser un relajado de la norma le costó el traspaso al Barça de su compadre Maradona. Compartieron ambos gira blaugrana en la tostada de los USA, pero una alarma de incendio en el hotel de concentración no consiguió levantarlo del sobre, donde yacía con libidinosa compañía.

Quizá todo devino de la complicada geometría sentimental de ‘Mágico’, repleta de aristas y complejos volúmenes. La depresión y las inseguridades lo trituraban lejos de la calima noctámbula, como le pasó en su breve exilio en el Valladolid. Tuvo que volver a Gades para remontar un 0-3 adverso contra el propio Barça en el entonces reputado Trofeo Carranza. Hasta que los goles imposibles y las cabalgadas acabaron en el 91. El siguiente paso fue volver a la patria y empuñar el taxi. Una pirueta más antes de sobrevivir patrocinando calzado deportivo y sumergirse en el mar de homenajes que rezuma a sus 56 soles.

13/03/2014

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