Vuelta al mundo V: el Pequeño Maracaná

Estrella RojaFIRMA DE SERGIO RODRÍGUEZ | Cuando uno visita un templo o un lugar importante en la historia siempre sueña con él primero: lo imagina y acude a él con las ideas una y mil veces. Más aún con los lugares que evocan batallas épicas, héroes de cien luchas, combates sin cuartel. Eso es lo que yo había hecho antes de visitar el Pequeño Maracaná de Belgrado. Había repetido su nombre cientos de veces, había visto en sus gradas y oído sus cantos.

No diré que fue una pena visitarlo para un partido de la liga serbia porque sólo poder cruzar sus puertas ya merece la pena. Pero quién no ha soñado con presenciar un Serbia-Croacia en sus gradas o, mejor todavía, al Estrella Roja de principios de los 90, antes de la maldita guerra. Aquel equipo con Savićević, Pančev, Prosinečki o Miodrag Belodedici. Un campo donde reinó el Ajax de Cruyff o donde Panenka lanzó un penalti que pasaría a la historia.

Ya ha llovido desde entonces. 22 años más tarde el equipo que había enfrente del Estrella Roja no era el Olympique de Marsella, como aquella tarde en el San Nicola de Bari. Aunque el azul y el blanco formen parte de los colores del FK Jagodina, nada sería parecido.

El Pequeño Maracaná está a las afueras de Belgrado, cerca de donde se encuentra enterrado el Mariscal Tito y, lo que es más curioso, a escasos metros del Partizan Stadium, el campo del eterno rival. Desde luego que un partido de la liga serbia no levanta mucha expectación actualmente, como ya conté tras mi visita a la Vojvodina. Así que no hubo problemas para poder encontrar entradas la misma mañana del partido, visitar el museo y admirar la única ‘Orejona’ del club y recorrer el campo. Un estadio que, como muchos otros ha sido pervertido por la publicidad y el dinero. Ver las gradas vacías con esa emoción que supone el saber que te sentarás en ellas más tarde se ve, en cierto modo, empañado por el patrocinio de una marca petrolífera rusa que cubre los asientos, la mayoría vacíos durante el choque.

Algunas partes del estadio ni son abiertas para encuentros de este tipo. Es una pena ver un templo de 50.000 asientos prácticamente desierto. Eso es lo que ocurrió el día que yo lo visité. La parte positiva de todo es que pude elegir las mejores localidades del campo para intentar disfrutar del espectáculo. Y digo intentar porque eso es todo lo que pudo hacer uno, asistir a un envite con apenas un par de destellos de calidad que muy pronto se vio que estaría dominado por el Estrella Roja. O eso parecía hasta el minuto 82, cuando los visitantes marcaron su único gol en un partido que parecía abocado a la goleada y que, gracias a ese tanto, depararía por lo menos diez minutos de emoción.

El Estrella Roja está de capa caída en las últimas décadas, pero sigue levantando pasiones y siendo el equipo más seguido no sólo de Serbia, sino de todos los países que formaban parte de Yugoslavia. Fe de ello dan la magnífica tienda que tiene el campo y, como no podía ser de otra manera, su entregada sección radical, que por lo menos dio color al partido y que a mí me ayudo a soñar que, en vez de ver a la Jagodina, el equipo de enfrente era el Bayern de Múnich y que aquel día no era el 17 de agosto de 2013 sino el 24 de abril de 1991.

Puedes seguir el resto del viaje en la página web: Brújula viajera.

02/03/2014

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