Baño… de sangre

FotoSketcher - capturadaÁLVARO MÉNDEZ | Brazaletes negros sobre las elásticas blancas, solemne minuto de silencio ante el vacío de público y pitido inicial. Ése fue el ritual previo al comienzo de uno de los partidos más surrealistas que se han vivido en toda la historia de las competiciones europeas. El GSP Stadium de Nicosia fue testigo ayer de un duelo descafeinado, de un choque entre el Dinamo de Kiev y el Valencia cuyo resultado final poco importa en comparación con el drama humano que se está viviendo a orillas del río Dniéper. El 0-2 deja la eliminatoria vista para sentencia, aunque sólo Dios sabe si el conjunto de Olej Blojín estará siquiera en condiciones anímicas de completar el juicio en Mestalla.

Cuarenta y ocho horas antes del partido, la UEFA decidió llevarse el encuentro a una zona neutral lejos del caos político, social y militar que asola Ucrania. Chipre fue el destino elegido para huir del horror que se vive en la Plaza de la Independencia de la capital. Los dos días de luto decretados por el Presidente Yanukovich tras la matanza del martes imposibilitaban la celebración de cualquier partido, algo medianamente razonable entre tanta incoherencia si se tiene en cuenta que más de 25 personas perdieron la vida en los enfrentamientos entre la Policía y la oposición aquel día. El riesgo era inasumible. La expedición ‘che’ tenía, además, la intención de hospedarse a escasos metros del epicentro del conflicto, lo que ponía en riesgo incluso la propia vida de los jugadores.

Cierto. La decisión de jugar en Nicosia no fue, quizás, la más lúcida que podría haber tomado el organismo que dirige Michel Platini. Cualquiera habría entendido una cancelación o un aplazamiento en vista de que se normalizara la situación en unas pocas semanas. Sin embargo, pocos se atreven a predecir cuándo la estabilidad volverá a inundar las calles de Kiev y arrastrará consigo los restos de la sangre derramada. Mientras, el viejo continente asiste perplejo a la mayor escalada de violencia que se ha vivido en su territorio desde las sangrías balcánicas. Las trincheras urbanas, los francotiradores, el humo y los más de 125 muertos de las últimas horas no dejan lugar a dudas.

Imagen aérea del centro de Kiev y el Dynamo Stadium.

Imagen aérea del centro de Kiev y el Dynamo Stadium.

El ambiente pre-guerracivilista que se ha fraguado en los últimos meses encuentra su causa en la complicada situación geopolítica que vive Ucrania prácticamente desde que el mundo es mundo. Tradicionalmente, el país se ha encontrado a caballo entre Europa y Rusia, dos gigantes en claro ascenso en el siglo XXI. Ante semejante dilema, los sucesivos gobiernos ucranianos no han dudado en dejarse caer en los brazos de Bruselas o en escuchar los cantos de sirena procedentes de Moscú. Para la Unión Europea, Ucrania podría ser un gran socio comercial en el este del continente, una economía emergente con 47 millones de potenciales compradores que en un futuro podría integrarse dentro del mercado único y la moneda común. Para el Kremlin, no es otra cosa que una región que le fue amputada tras la desintegración de la URSS, una ‘pequeña Rusia’ que siempre les ha pertenecido y a la que, evidentemente, no está dispuesto a renunciar.

Así, quienes han gobernado mirándose en el espejo de Vladimir Putin —como el propio Yanukovich— lo han hecho desde el autoritarismo, la represión y el progresivo acercamiento a una Moscú que les ha premiado con suculentos descuentos en contratos de gas. El encarcelamiento de la ex primera ministra Yulia Timoshenko y de otras personalidades políticas eurófilas que protagonizaron la Revolución Naranja fueron algunos de los medios que justificaron el objetivo final de la ‘rusificación’. Mientras, quienes han preferido tomar la mano de Bruselas han encontrado promesas de libertad a cambio de una democratización de las instituciones y la justicia.

Estas son las dos caras de la moneda, dos formas antagónicas de entender el poder que son las causantes de la psicosis violenta que arrasa Kiev estos días. Sin embargo, no existe psiquiatra objetivo que no quiera sacar rédito de la confrontación. El tiempo apremia. Si Ucrania no resuelve su crisis de identidad con prontitud nada ni nadie será capaz de paliar los efectos secundarios que se derivarán de ello. Ni siquiera una hipotética —y milagrosa— clasificación de los ‘bilo-syni’ para los octavos de final de la Europa League.

21/02/2014

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3 thoughts on “Baño… de sangre

  1. Pingback: Lannister o Stark | Falso 9

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  3. En el partido que sí se juega en Kiev, hoy sábado 22 de febrero, Yanukovich al banquillo y sale al terreno de juego Timoshenko. ¿Conseguirá Ucrania pasar la eliminatoria con este relevo?

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