El hijo del autobusero

Samir Nasri Manchester CityDAVID PALOMO | Es uno de esos ‘locos bajitos’ que andan por toda Europa pregonando el fútbol de toque. Por edad y contexto, le ha tocado mamar del tiqui-taca español a pesar de haber nacido en Francia. Ante eso poco ha podido hacer, salvo ayudar a su país a clasificarse para el Mundial de Brasil e intentar heredar la filosofía de toque que Wenger y Pellegrini le han sugerido adoptar. Porque él también tiene mucho de jugón, como la mayoría de los centrocampistas a los que idolatra: Xavi, Iniesta o Cesc, con el que compartió vestuario en el Arsenal. Esa es la realidad de Nasri, que esta misma semana se enfrentará contra el equipo que en los últimos años mejor y con más eficacia ha pregonado la doctrina de la posesión, la que a él le gusta y le favorece por sus cualidades.

Esta campaña no ha podido disfrutar mucho de la gran temporada del City, que todavía sigue vivo en las cuatro competiciones que disputa, frente a las dos a las que opta Mourinho, por poner un ejemplo visible. Sin embargo, ha regresado por todo lo alto. Da igual que haya estado fuera durante mucho tiempo. En los octavos de la FA Cup anotó uno de los goles en la victoria de su equipo ante el Chelsea (2-0), asociándose precisamente con el jugador que más se le parece en estilo de juego, David Silva. En la Champions está por ver que vaya a ser titular, aunque, como bien sabe Pellegrini, sus características le pueden venir bien para quitarle el balón al Barça.

Aparte de pedir una victoria en el próximo encuentro, poco más le puede reclamar a la vida este francés nacido en un suburbio del norte de Marsella y que empezó a jugar al fútbol en la calle. Sus padres, hijos de inmigrantes argelinos, trajeron al mundo a cuatro pequeños para que se pelearan con la vida. Con la suerte de que el mayor, Samir, parecía tener un talento natural para mimar la pelota y meterla entre dos mochilas en el recreo. Una afición que se fue haciendo más grande y que acabó por convertirse en una forma de vida.

Su divertimento cambió el estatus completo de su familia. Su padre, que hasta entonces era autobusero, se convirtió en el representante de su hijo, y su madre, ama de casa, le cedió su apellido, Ben Saïd, para que lo llevara por todo el mundo en su camiseta. No obstante, cuando empezó a jugar con la Selección sub-16 cambió para siempre su nombre en la elástica para ser, sencillamente, Nasri.

Con este nombre se dio a conocer en el Olympique de Marsella, donde empezó a jugar antes de que le llamara Wenger y le reclutara para su Arsenal. Allí coincidió con Cesc Fàbregas, con el que pasó varios años en el primer equipo para, más tarde, poner rumbo a Manchester, adonde llegó por cerca de 30 millones de euros. Ahora le toca demostrar que realmente puede convertirse en uno de los grandes  de Europa. Su talento es incuestionable, pero su irregularidad tampoco pasa desapercibida. Por edad no va a ser, pues a sus 26 años todavía tiene cuerda para rato. Le queda mucho camino, incluso puede que darle una mala noche a alguno de sus ídolos. El martes, en cualquier caso, tendremos el resultado.

17/02/2014

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