Una obra maestra

RichardMøllerNielsenFIRMA DE ALBERTO LÓPEZ FRAU | Desde que uno tiene uso de razón y hasta una edad difícil de concretar pero que nota perfectamente cuándo llega, las sensaciones que transmite el fútbol te llegan de una forma especial. Mi verano de 1992 fue el del viaje de fin de curso de octavo de EGB y el de la Eurocopa de Suecia. La primera gran cita internacional a la que faltaba España desde la Eurocopa de 1976, para cuya fase final no se clasificó, y la última a la que ha fallado hasta nuestros días. La recuerdo mejor que ninguna y no sé explicar los motivos.

El torneo no se vivió con mucho interés en España, pues el país futbolero aún vivía inmerso en la resaca de la Liga conquistada por el Barça en aquella última jornada en la que el Madrid sufrió la primera de las dos hecatombes consecutivas en su isla maldita de Tenerife, y el interés polideportivo se centraba a un mes vista en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Pero para un loco del fútbol nacional e internacional, de 14 años en aquel momento, la Euro siempre era especial pese a que faltase España.

Con Yugoslavia en los albores de una cruenta guerra, la UEFA decidió excluir a su selección de fútbol de una Eurocopa para la que se había clasificado de una forma brillante, con una generación de futbolistas excelente. Su puesto lo ocupó Dinamarca, segunda de su grupo de clasificación. Una selección que tenía a sus componentes de vacaciones y a su máxima estrella, Michael Laudrup, fuera de la órbita de la Selección por desavenencias con el técnico. Parecía quedar atrás la generación dorada del fútbol danés de finales de los 70 a finales de los 80. Quedaba algún superviviente como el lateral derecho John Sivebæk o el izquierdo Henrik Andersen, pero la sensación inicial era la de una conjunto de transición.

Recuerdo perfectamente mi sensación de que Francia era la favorita. Michel Platini había armado como técnico un equipo poderoso físicamente, lejos del estilo ornamental de aquel conjunto que él mismo había liderado sobre la hierba pocos años antes. También con algún veterano de lujo como Manuel Amoros o Luis Fernández, pero integrando un grupo aguerrido y contundente que se había clasificado con solidez en su grupo por delante de Checoslovaquia y España.

La vigente campeona, Holanda, la Alemania unificada campeona del mundo –pese a que acudió a la cita sin Matthäus, lesionado– y una Inglaterra de entretiempo, parecían las otras candidatas al título. Holanda y Alemania cumplieron relativamente con sus papeles, pero Inglaterra decepcionó. Por contra, la anfitriona Suecia esbozó un diseño de la gran selección en la que se convirtió dos años después, y vimos competir por última vez a jugadores de la extinta Unión Soviética, juntos bajo la bandera de la Comunidad de Estados Independientes, la inolvidable CEI.

Nunca olvidaré a Lars Elstrup, aquel delantero danés que vivía a la sombra de Povlsen y Brian Laudrup. Él fue el que mandó a la lona a Francia en el descuento del tercer partido del grupo. Dinamarca pasó de estar eliminada a meterse en semifinales junto a Suecia. De paso, la máxima favorita quedaba fuera del torneo. A raíz de ese tanto, la vida de Elstrup no fue fácil: acabó retirándose con 30 años e incluso estuvo en una secta.

Dinamarca se hizo fuerte y batió a Holanda en la tanda de penaltis en la semifinal. Afrontó la gran final ante Alemania en la plenitud de Schmeichel, con tres centrales como Piechnik, Lars Olsen y Kent Nielsen y dos laterales como Sivebæk y Christofte, este último en la final, porque durante el resto del torneo ejerció de central izquierdo u hombre libre, pero la lesión de Henrik Andersen le mandó al lateral en el partido decisivo. Contaba, además, con un mediocampo muy versátil con el ‘robalotodo’ John Jensen, un ‘8’ de toda la vida como Kim Vilfort y un zurdo que la rompía, Henrik Larsen. Arriba, la elegancia sutil en banda de Brian Laudrup y Flemming Povlsen, un delantero enorme, maltratado por las lesiones.

Jensen y Vilfort hicieron realidad con sus goles un sueño que nadie había imaginado un mes antes. O quizá sí. El técnico, Richard Møller Nielsen confió en su equipo, soportó la presión de la prensa, que le culpaba de la ausencia de Michael Laudrup, e hizo creer a sus jugadores que podía interrumpir sus vacaciones para ser campeones de Europa. La historia del fútbol tiene guardado un sitio en letras de oro para este danés que nos dejó el pasado jueves a los 76 años. El mejor homenaje es recordar su obra más completa como técnico, su selección danesa campeona de Europa en el ya lejano verano del 92.

16/02/2014

Alberto López Frau es periodista, colaborador, entre otros, de la Cadena SER o http://www.vertele.com

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