Gol en San Jerónimo

rajoyMARIO BECEDAS | El graderío apretaba con fruición. La afición, vagamente identificada, se mordía las uñas ante el ‘streaming’ de mala calidad que es el transistor de hoy. Con sus estucos de progreso decimonónico y sus arañas liberales colgando por los nudos de techumbre, el Congreso de los Diputados volvía a ser por un instante la caldera hirviente de San Jerónimo. Se jugaba un partido importante, y bajo el palio de la democracia edificada sobre el Convento del Espíritu Santo comenzaba una nueva batalla en la que viejas plumas ilustres como la del maestro Raúl del Pozo añoraban las lenguas de fuego y el pistolón del diputado duelista.

13/02/2014

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