Oriol ‘el Proletario’ Riera

Oriol-Riera-OsasunaDAVID PALOMO | A menudo, la rara sociología de la experiencia suele presentarnos a individuos que no paran de hablar durante todo el rato. Esos a los que les dices que sí por compromiso y escuchas porque te los has encontrado a la entrada del metro e iban en tu misma dirección. Hay mucha gente así, todos ellos buenas personas, no se vayan pensar. Seguro que en su lista de amigos aparece alguno de estos, y también de los otros, de los que siempre están callados y van sorprendiendo poco a poco a propios y extraños. Los que, como hormiguitas, van haciéndose importantes en su grupo de influencia hasta que acaban llegando un día a tomar unas copas junto a una rubia de esas que no se encuentran ni conquistan en dos días.

El protagonista humilde del fin de semana –más allá de los Teixeira– tiene mucho del segundo grupo de personas. La llegada a la élite de Oriol Riera ha sido a base de “trabajo, trabajo y trabajo”, siguiendo la metodología de Luis Aragonés. Nada de saltos bruscos ni sorpresas inesperadas. Lo suyo ha sido más el ‘piano, piano’ hasta que esta temporada ha terminado de explotar en Osasuna, donde lleva nueve goles en toda la campaña, el último de ellos en la victoria (1-0) ante el Getafe. No obstante, el mejor tanto lo marcó contra el Villarreal, metiendo el pie y mandando el balón a la escuadra, mirando directamente a los ojos a Messi y Cristiano, como él mismo reconoció. “Si lo marcan ellos…”, espetó.

Su momento se ha hecho esperar. Oriol Riera, como muchos otros, era uno de esos talentos de La Masía destinados a formar parte de la historia del Barça. En su momento, fue el segundo jugador más joven en debutar con la entidad culé a los 17 años y cuatro meses. Rijkaard confió en él y llegó a convocarle, incluso, para jugar ante el Milan en la Champions League. Por aquel entonces alguien le bautizó como el ‘Shevchenko de Vich’. Pero después de un tiempo intentando ser un fijo en el primer equipo decidió marcharse a jugar en Segunda B, en una etapa en la que aprendió, según sus propias palabras, lo que era el fútbol de verdad. Conoció lo que era la Ley concursal y los problemas para cobrar.

Su descenso a los infiernos le sirvió para volver a subir con más fuerza. Hasta su llegada a Osasuna militó en hasta ocho equipos, si se cuentan los filiales. A sus 27 años vive seguramente la mejor etapa de su vida como futbolista y ha cumplido el sueño que perseguía desde que era niño: jugar en Primera división. Ya poco importa que en su momento compartiera vestuario con jugadores como MessiPiqué o Pedro. La vida le ha llevado por otro camino, igual de bueno que el de sus compañeros, con los que no habla desde hace años.

Ahora se conforma con ser uno de los responsables de que Osasuna no esté pasando apuros, mirando de reojo desde la decimocuarta posición el descenso, pero sin riesgo de quemarse. Un logro que ha ido consiguiendo poco a poco, como a él le gusta señalar en las entrevistas, siendo un ‘proletario’ del fútbol. Y quién sabe, igual algún día encuentre a esa rubia despampanante que le saque las palabras de golpe y borre los recuerdos de aquel primer amor blaugrana que le rompió el corazón. O igual ya ha encontrado una pelirroja capaz de hacerle feliz.

10/02/2014

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