El equipo del pueblo

beckhamolympicsÁLVARO MÉNDEZ | Aunque el título pueda hacer intuir lo contrario, no vamos a debatir hoy sobre selecciones de la órbita comunista. Ni siquiera vamos a explicar los tejemanejes de algún excéntrico oligarca propietario de algún equipo del espacio post-soviético o de Europa del Este. Tampoco del Spartak de Moscú, quien tiene el honor de haber sido llamado por tan popular apodo prácticamente desde su fundación. De hecho, el tema que nos ocupa podría haber sido adelantado por el mismísimo Adam Smith en cualquiera de sus obras premonitorias del capitalismo más salvaje. Teniendo como protagonista al jugador que globalizó el marketing balompédico en el nuevo siglo, es más que necesario que, por un  día, enterremos la hoz y el martillo hasta nuevo aviso.

David Beckham nunca se ha escondido. A pesar de poseer un talento innato para el toque del balón, nunca fue el mejor en su posición. Con la elástica de los red devils no destacó precisamente por su regate ni por su velocidad, cualidades a priori indispensables para jugar pegado a la cal. Sí despuntó, en cambio, a la hora de ejecutar centros parabólicos con una precisión inigualable y libres directos que encontraban en la escuadra contraria su destino final. Eran ésas las obras que el noble público del ‘Teatro de los Sueños‘ aplaudía puesto en pie.

Pero, como actor de éxito en el escenario más exigente, el mediocampista se convirtió rápidamente en toda una ‘celebrity’ al norte del Canal de la Mancha. Su relación con la picante Victoria Adams y sus extravagantes cambios de look hicieron de él todo un generador de ingresos gracias a su faceta como imagen comercial. Los títulos llegaban y su fútbol se internacionalizaba al tiempo que era investido Caballero del Imperio Británico por la reina Isabel II. Su llegada al Real Madrid de los galácticos en 2003 de la mano de Florentino Pérez no ofreció lugar a dudas. Beckham se erigió en auténtico icono mundial del deporte, en un fenómeno económico sin igual, en un dulce caramelo que ningún estratega de los negocios podía dejar escapar.

Su posterior viaje a Estados Unidos supuso un claro empujón para el deporte rey en un país donde jamás ha llegado a la categoría de siervo. Pero en el multimillonario contrato que le vinculaba a Los Angeles Galaxy figuraba una cláusula que hoy toma relevancia, un anexo mediante el cual se concedía a ‘Becks’ un descuento de 25 millones de dólares si en un futuro decidía crear una franquicia en el desdichado soccer estadounidense. Gracias a este particular artículo, el centrocampista apareció ante los medios de comunicación estadounidenses para explicar su salto al mundo de la gestión de clubes. ¿Su intención? Establecer un nuevo equipo de la MLS en Miami.

“No queremos dinero público. Construiremos el estadio nosotros solos, sin ayudas. Hemos trabajado realmente duro para llegar donde estamos. Queremos crear un equipo que sea el equipo del pueblo, el equipo de la gente”. Con estas elocuentes palabras quiso Beckham desterrar a los agoreros que piensan que el deporte de los europeos no tiene cabida en Estados Unidos y enterrar el fantasma de los Miami Fusion, el equipo que desapareció hace ya más de diez años debido a la falta de apoyo popular. Ésta será su cruzada: dar un impulso a una disciplina que en el imaginario colectivo ‘yankee’ sigue estando muy por detrás del fútbol americano, el baloncesto y el béisbol.

¿Es David Beckham un nuevo oligarca del deporte? Sin lugar a dudas está dando sus primeros pasos. No es empresa fácil, pero si de algo sabe el antaño capitán de los ‘pross’ es de manejar con éxito los recursos que posee. Ya sean físicos o económicos.

07/02/2014

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