Los socios del Rey

SantosJULIÁN CARPINTERO | Mientras uno saltaba al césped del Calderón para, en apenas media hora, volver a encandilar a un público al que no le flaqueaba la voz a pesar de haberse dejado la garganta cantándole a su querido Luis, otro dejaba su sitio al juvenil Saponara en un San Siro tan frío por las gélidas temperaturas del norte de Italia como por la sensación de inocuidad que desprende el equipo de Seedorf. A medio camino, un tercero luchaba en su casa de Barcelona para recuperarse, a partes iguales, de su maltrecho tobillo y del huracán mediático al que le han empujado su padre y un Rosell que ha optado por el exilio voluntario. Nunca llegaron a jugar juntos, pero en algún momento de 2003 Diego Ribas, Robinho y Neymar coincidieron en los campos de entrenamiento del Santos, el equipo que les vio crecer por separado y que a día de hoy todavía se lamenta de que el caprichoso destino les privara de disfrutar de un trío que podría haber marcado una época del mismo modo que hicieron Pelé, Coutinho y Pepe.

“En enero y febrero viajábamos por América. En mayo y junio, siempre por Europa. Jugábamos más de 20 partidos en 50 días. Una locura. Pero aprovechábamos el tiempo”. Esas son palabras de José Macia, al que la historia ha bautizado como Pepe, un sobrenombre demasiado terrenal para un futbolista extraordinario cuyo impacto se vio empequeñecido por el simple hecho de coincidir con un tal Edson Arantes do Nascimento al que todos llamaban Pelé. Son las suyas unas frases que hablan por sí solas de la dimensión que el Santos tuvo en el fútbol mundial entre finales de los 50 y mediados de los 60 del siglo pasado, cuando el club de São Paulo dominó con puño de hierro el fútbol brasileño y asombró al resto del planeta con un juego de ataque tremendamente atractivo para un público embelesado con los trucos de aquellos malandros licenciados en el arte de los malabares.

No obstante, antes de que el Real Madrid de Di Stefano o el Barça con más acento húngaro que jamás se conoció hicieran lo imposible para que ‘El ballet blanco’ les pusiera a prueba delante de sus hinchadas, el Santos se había ganado a pulso un respeto cimentado en las Copas Libertadores que ganó ante el durísimo Peñarol de Montevideo en 1962 y frente a Boca Juniors sólo un año después. Pese a todo, y obviando los siete campeonatos paulistas que habían alzado en la última década, aquella admiración tornó en leyenda cuando el anárquico equipo de Luis Alonso Pérez, ‘Lula’, humilló en Lisboa al Benfica de Eusébio (2-5) y al Milan de Rivera en las Copas Intercontinentales de esos mismos años. “El del Benfica quizá fue el partido más lindo en la historia del Santos. Pelé, en una actuación extraordinaria, hizo tres goles, Coutinho otro y yo también puse el mío. Rozó la perfección. Al año siguiente derrotamos al Milan al mejor de tres partidos. Yo marqué dos goles de falta a los italianos en Maracaná, sin Pelé, que estaba lesionado. Éramos un equipo fantástico y en los 60 ganábamos casi todo lo que disputábamos”, le contaba Pepe al periodista de El País Luis Miguel Hinojosa en una entrevista de diciembre de 2011, en la que admite que su estilo de juego se parecía al de Gento y que por ello el Barça quiso hacerse con los servicios de aquel extremo apodado ‘El cañón de Vila Belmiro’.

Y es que ‘Os Fantasticos’ eran mucho más que Pelé, quien, irremisiblemente, atraía la atención de todas las miradas como doble campeón del mundo que era, un torneo el de 1958 en el que se erigió como estrella incipiente. Apenas importaba que su presencia hubiera sido testimonial en el de 1962 a causa de las lesiones: comenzaba a ser ‘O Rei’. Esa condición de estrella indiscutible fagocitaba, sin pretenderlo, las virtudes de Gylmar bajo palos, el buen hacer de Zito en el carril izquierdo, la sobriedad de para distribuir el balón de Mengálvio o la profundidad por el extremo derecho que aportaba Dorval. Pero, sobre todo, el talento de Coutinho y del citado Pepe, los mejores compinches que pudo imaginar Pelé cuando sólo era un niño que peloteaba en su arrabal de Minas Gerais, y a los que sólo les faltó tener un mayor protagonismo en los títulos mundiales de Brasil para alcanzar un status parecido al del ‘10’ santista. Sin embargo, tanto Vicente Feola como Aymoré Moreira –seleccionadores de la Canarinha en 1958 y 196, respectivamente– se decantaron por Garrincha, Zagallo, Jair, Vavá o Amarildo a la hora de representar la función.

Hace menos de un mes que la FIFA, durante la ceremonia que entronizó a Cristiano Ronaldo como mejor futbolista del mundo en 2013, le concedió a Pelé el Balón de Oro honorífico que las excluyentes normas de France Football le habían negado en su época de futbolista. ‘O Rei’, emocionado, no pudo reprimir las lágrimas en el escenario del Palacio de Congresos de Zúrich, donde, curiosamente, también se encontraba su heredero Neymar, nominado a un Premio Puskás que no conquistó. No en vano, al fondo de ese halo de vanidad que rodea al astro carioca seguro que por su mente pasaron las imágenes de Pepe y de Coutinho, sin los cuales nunca habría llegado a convertirse en el mito viviente que es hoy, pues entre ambos le echaron una mano que se resume en más de 700 goles y un legado de regates sólo al alcance de los elegidos. La terna que forman Diego, Robinho y ‘Ney’ tiene trabajo por delante.

04/02/2014

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2 thoughts on “Los socios del Rey

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