Competir por un sueño

Sudán del SurÁLVARO MÉNDEZ | 9 de julio de 2011. Mientras en España se hablaba de los turbulentos comienzos de Bielsa al frente del Athletic Club, de las magulladuras físicas y etílicas que dejó el tercer encierro de los Sanfermines o de la victoria de Rui Costa en Super Besse el día que el mítico Galibier cumplía 100 años, cientos de miles de personas celebraban a orillas del Nilo la independencia de su país. Tras años de guerras civiles, de violencia religiosa y de odio racial, las comunidades nilóticas animistas y cristianas del sur de Sudán lograban escapar al control de la elites árabes y musulmanas de Jartúm para crear su propio Estado independiente.

Tan solo un año más tarde, el todopoderoso Joseph Blatter admitía a Sudán del Sur como miembro de pleno derecho de la FIFA, una decisión que no estuvo exenta de polémica pero que desató la algarabía en la recién creada Federación de fútbol de la joven nación. Desde entonces, la Selección apenas ha jugado tres partidos oficiales —todos ellos en la Copa CECAFA, la competición más antigua del continente en la que se enfrentan los combinados nacionales de África central y oriental— donde ha cosechado otras tantas derrotas. Sintomático es que, además, los pupilos de Ismail Balanga todavía no hayan conseguido averiguar a qué sabe el gol tras perder 1-0 ante Etiopía, 0-2 contra Kenia y 0-4 frente a Uganda.

No obstante, es necesario alegar en su defensa la fragilidad del balompié sursudanés, una disciplina que lucha por salir a flote en un pueblo sobre el cual aún planea el fantasma de la guerra civil. No es de extrañar que la inmensa mayoría de jugadores que forman el combinado nacional vivan de la economía de subsistencia y que realicen heroicos esfuerzos para entrenar en campos que harían hincar la rodilla a más de un futbolista de la vieja Europa. La imberbe Liga de Sudán del Sur no da para más.

A pesar de todas las dificultades, será uno de los 51 países que pugnará por clasificarse para la Copa de África 2015 que se celebrará en Marruecos. Empresa harto complicada, pero que servirá de escaparate mundial para un país que muy pocos sabrían situar en un mapa. Su primera vez en la reina de todas las competiciones del continente africano supondrá todo un reto, una aventura patriótica para dar a conocer el sueño de la independencia. Mayo será el mes clave. Las copiosas lluvias empezarán a inundar las sabanas y a fertilizar los campos tras meses de sequías. Lo que está por ver todavía es si estas mismas bendiciones se trasladarán a los terrenos de juego en las rondas preliminares de la Copa África.

Las esperanzas de todo un pueblo recaerán sobre la figura del veterano James Moga. Con un físico arrollador, el ariete de Nimule ya jugó para Sudán cuando su comunidad todavía suspiraba por tener una voz propia lejos del islamismo y el Corán. Su fútbol de contacto y su habilidad para el gol le llevaron a jugar a la exótica India con la elástica del East Bengal. Es allí donde se ha ganado un puesto en el fútbol profesional. Durante la presente campaña, Moga ya ha anotado cinco tantos en ocho partidos jugando para el club que dominó el balompié indio a comienzos del siglo XXI. Ahora, con la bandera de su patria en el corazón, será el referente en una plantilla inexperta e inocente que luchará en cuerpo y alma por defender los colores de un país que empieza a buscar con ahínco su lugar en el mundo.

31/01/2014

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