Hambre

jeseMARIO BECEDAS | Desparpajo gamberro y corte de pelo macarra para el sopor burocrático de la púrpura de Concha Espina, Jesé Rodríguez se ha convertido en la última oportunidad que justifica las tantas bayas amargas caídas del maltrecho árbol de ‘La Fábrica’ blanca. Deje canario y chuleo en las distancias cortas con la cal, Jesé ha dejado de estallar en las portadas de MARCA y, a base de mordiscos de gol, se ha comido el bocadillo eterno que Gareth Bale tiene en sus ancas de potro y que Florentino Pérez no es capaz de digerir.

Mientras la histeria de Chamartín es arrullada por el canto sereno de Ancelotti, un Del Bosque con fisonomía gánster, la anhelante parroquia blanca se despierta del sueño que vivió con Raúl y entona la batallita de marras con el joven y prometedor debut de Butragueño. La moviola de El Buitre congelando la jugada en el área del Cádiz aviva las llamas de la añoranza fabril en un acólito respetable que conoce la sangría de su cantera más reciente.

Entre los acomodamientos de Di María y las desorientaciones del paciente galés, Jesé ha aprovechado sus pocos metros de campo y minutaje y se ha puesto a demostrar al mundo que es un Cristiano Ronaldo en miniatura. Con el hambre de gol, el hambre de juventud y el hambre de escudo por montera, el nuevo ojito derecho de ‘Carletto’ ha enterrado a Morata en el camposanto de ilusiones de Valdebebas y ya se pone a contar estrellas para cuando lleguen las grandes noches de Champions.

Ha tenido la joven joya merengue la habilidad de convertirse en comodín y salvavidas a un mismo tiempo. Se le escapaba al Real Madrid la Liga por el sumidero de la inopia y el desfiladero distraído de Sergio Ramos hasta que un petardo del canario reventó la velada de Mestalla. Su tanto postrero, escorado, imposible, agarró a su equipo con fuerza en la tabla y permitió que, encomendados a la curvatura mágica de Modrić, los blancos sigan a un punto del vecino y de su Némesis blaugrana, esa hidra con cabezas de presidente.

Hombre de todo y para todo en las categorías inferiores de la Selección, Jesé se torna musical y sabe que su éxito en el Bernabéu no será fugaz si, en vez de grabar su disco en el once, se pone cual DJ a pinchar sesiones relámpago para el foro. Amante del rap, el ‘reggaeton’ y la mezcla de entrambos, el canario convirtió el tema Ponme to eso palante, cortesía de El Chuape, en su himno personal y lo ejecuta cada vez que salta al campo. Fundido con el verde, Jesé mete el turbo y, con cadencia latina en las cuartas traseras, se gira y se tuerce, se gira y se tuerce hasta que le ponen en los pies ‘to eso’, el balón, y tira ‘palante, palante, palante…’  hasta que aparece en boca de gol.

Primer díscolo de las batallas intrauterinas con Mourinho y última perla del descaro canterano, Jesé es una promesa de ayer, una travesura de hoy y una reivindicación del mañana. El blasón madridista contra el poderío de una Masía que Rosell ha descuidado a base de talón. El escorzo brasileño y la pulsación guanche hacen que más de un incauto locutor lo bauticé como ‘Yesé’ a la espera de que no naufrague y acabe en un Getafe de la Liga BBVA. Por el momento, el nuevo cresta de Padre Damián sólo demuestra que cada día tiene más hambre.

30/01/2014

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