San Keylor Navas

Keylor-navas-LevanteDAVID PALOMO | El fútbol es, a menudo, injusto con esos señores que se resguardan en la portería, que dejan al aficionado sin el éxtasis del gol, sin el desahogo necesario para volver con fuerzas al trabajo el lunes. Es el guardameta un ser odiado por casi todos. Desde que en el patio del colegio nadie quiere ponerse entre las dos mochilas ni que le regalen guantes por su cumpleaños. Tan solo el gordito es capaz de aceptar con gusto la posición por sentirse parte del grupo, por no quedar apartado en las escaleras comiéndose el bocadillo o ser objeto de pelotazos por los más ‘molones’ de la clase.

Sin embargo, ese sufrimiento tiene su recompensa cuando se llega a la edad adulta. Cuando el gordito ya no lo es y escasean los buenos arqueros para jugar el torneo del barrio. Entonces, ese chico pasa a ser el más importante. Si él falla, todos tiemblan. Un ejemplo que se puede trasladar a instancias profesionales. Como bien sabe el Betis, que vive en un estado de pánico constante con Andersen; o el Levante, al que le ocurre justo lo contrario con Keylor Navas, autor de hasta media docena de paradas decisivas en la última victoria del conjunto valenciano ante el Sevilla (2-3) el pasado fin de semana.

El arquero costarricense es uno de los grandes responsables de la buena marcha del equipo ‘granota’, que sin grandes fichajes ni jugadores con contratos ‘a lo Neymar –esta categoría hay que incluirla desde ya en las crónicas– ha conseguido que la entidad valenciana se coloque octava, a cinco puntos de los puestos que dan acceso a la Europa League. El otro responsable de este éxito es Joaquín Caparrós, capaz de sacar lo mejor de plantillas que, en muchos casos, están confeccionadas para luchar por no descender.

No obstante, Keylor Navas ha tardado en saborear la gloria. No porque fuera gordito en el colegio, sino por lo poco valorado que ha estado hasta ahora. Nacido en Pérez de Zeledón –ciudad a la que se llega pasando por el Cerro de la Muerte–, el portero comenzó su carrera jugando en el Deportivo Saprissa, hasta que el Albacete le fichó en 2010. Por aquella época su nombre estuvo en boca de todos por un supuesto interés de Real Madrid y Barcelona, el cual no trascendió y, finalmente, firmó con el Levante, donde le ha costado ser titular pero ha conseguido su objetivo.

Esta temporada, además, irá a Brasil con la selección de Costa Rica, encuadrada en uno de los grupos de la muerte junto a Uruguay, Inglaterra e Italia. Da igual, pues muchas de sus grandes intervenciones las ha hecho con el combinado nacional. Una de ellas ante España, cuando era suplente de Munúa en el conjunto valenciano. La única mala noticia que ha sufrido este año ha sido la lesión de su compañero Bryan Oviedo, jugador del Everton, que sufrió una dura entrada en el partido de la FA Cup ante el Stevenage y se perderá, casi con toda seguridad, el Mundial.

Sea como fuere, el fútbol, aunque injusto con los porteros, también les reserva una localidad en la eternidad. Ellos son los únicos que pueden ser santos y diablos en una misma vida. Al fin y al cabo, son una pieza más de la religión con más devotos del mundo.

26/01/2014

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