‘Macanudo’

pizziMARIO BECEDAS | Cabellera mafiosa de brillantina hacia atrás y rostro arrugado por el sentir del fútbol, Juan Antonio Pizzi llega al Valencia para enderezar un proyecto con más cascotes que la Ciudad de las Artes. Pizzi, santafesino de cuna, apenas tuvo tiempo de ser piola en sus calles y, a la marchanta, se embarcó para acovacharse en la pelotera madre Europa. En el adeudo le restaba un riñón perdido por un embale con Roberto Bonano en el trágico vuelo de la bocha.

Paseo marítimo de soles y volcanes, de goles y carnavales, Tenerife fue el enclave en el que Pizzi demostró lo rana que era en las cercanías de la cal. Ariete poco gambetero y muy resolutivo, Pizzi se puso pipón de tantos y conquistó la ínsula canaria sin perder el acento argento. Con el combo de compatriotas, Redondo en el piso y Valdano en el banco, se armó el quilombo y Míchel lloró las dos ligas perdidas por el Real Madrid en la canícula del Heliodoro.

Seguido al éxito le llegó la chance en su primer Valencia, al que justo dos décadas después iba a regresar. Acartonado por las lesiones, el rendimiento fue escaso y la vuelta a Tenerife quedó firmada al verano entrante. Una vez redestinado, el pibe sin riñón se comió de nuevo la cancha chicharrera y bombardeó de goles la Liga que supuso el doblete colchonero del “Radomir te quiero“.

Henchido de gloria, el Barça le puso la chequera a la vez que arribaban Ronaldo y Bobby Robson. Punta irregular pero siempre pistola, Pizzi tuvo el honor de anotar el quinto en la inolvidable batalla de Copa contra el Atlético. El 0-3 colchonero se tornó en un 5-4 rematado por él y abrochado por el canto locutor del gurú mediático Joaquim Maria Puyal, quien le rebautizó como ‘Macanudo’ en las agrestes aguas del Camp Nou. Era el idilio de Pizzi con la España que le había visto macerarse con ella en la Euro del 96 y aún lo haría en el Mundial del 98. La Argentina quedaba fuera de esto, que no de su cuore.

pizzi2

Sólo pudo ser bienio el sueño culé y ahí empezó el calvario de Pizzi hasta la retirada. Cromo de River Plate, valija en Rosario Central y estampita en el Porto para colgar las botas en un Villarreal que aún soldaba el Submarino en los astilleros. Su ruta como DT iba a comenzar en la Santa Fe de sus raíces y le iba a llevar por todo el continente sudamericano hasta la banqueta de San Lorenzo, extensión de Gasómetro para el lunfardo Papa Francisco. Campeón allá, recibió el telefonazo de un Valencia en derribo tras la ronda de la excavadora de Đukić.

Prendido de eléctrico en el pizarrín y artesano del detalle en cada entreno, Pizzi lleva transitando dos semanas por la azarosa jungla ché buscando una reactivación full que aparece con pequeños espasmos. Posos de media hora de balompié valiente y caliente que se diluyen en las postrimerías del encuentro. Dentición maltrecha por el nervio canchero y terno de anchosas latitudes, al genio ‘Macanudo’ del único riñón le queda todo el fútbol por delante.

16/01/2014

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s