A la ‘misura’ de Pelé

amarildo_3_recortadaSERGIO MENÉNDEZ | Es Milán una comuna donde poner un pie en la calzada constituye un deporte tan arriesgado como subirse a un taxi. Pero dejando a un lado esa forma tan orientativa y típicamente italiana de concebir el código de circulación,  la capital de Lombardía ostenta en términos de moda masculina la categoría de Meca. Sólo el brillo que suele reflejarse en los ojos del género opuesto al escuchar el nombre de París es capaz de hacerle sombra en lo que a pasión por los trapitos se refiere a una ciudad donde ir bien vestido supone para sus habitantes la misma obligación que para un turista visitar la terna formada por el Duomo, la galería Vittorio Emanuelle II y La Scala.

Sin embargo, tuvo lugar el lunes una cita en el planeta fútbol que hizo a los ‘fashionalistas‘ del mundo volver la mirada al otro lado de Los Alpes. La Semana de la Moda daba sus penúltimos coletazos cuando la nube de flashes y la flota de coches privados que desde el sábado se habían hecho fuertes en Corso Venezia tomaron Zúrich por unas horas. La ceremonia de entrega del Balón de Oro 2013 lo merecía. Más, si cabe, teniendo en cuenta lo vivido en la pasada edición de la gala, cuando Lionel Messi prendió la mecha de los foros de estilo merced a su chaqueta de topos, que es como los expertos en materia de estilismo llaman a los lunares y la prensa deportiva a los porteros acusicas. Y lo cierto es que ni el predilecto de Domenico Dolce y Stefano Gabbana ni el resto de asistentes a la gala defraudaron con sus propuestas.

Prendió la mecha en las redes sociales y los foros de estilo quien a la postre fue elegido ganador, Cristiano Ronaldo, durante la rueda de prensa inmediatamente previa al evento, luciendo una gorra con la visera en dirección sur, un aperitivo si lo comparamos con el plato fuerte de la cena. No le falló la intuición a Messi y quiso adelantarse al fallo de la votación para robarle algo de protagonismo al portugués borrando de un plumazo cualquier atisbo de duda sobre su capacidad a la hora de asumir riesgos, ya sea dentro o fuera de la cancha. Lo hizo con un esmoquin en color borgoña realizado en satén que no dejó al Community Manager de Telepizza otro remedio que desmentir la contratación del rosarino como repartidor.

Así estaban las cosas hasta que Fernanda Lima y Ruud Gullit abrieron una ceremonia que parecía no tener fin. Y justo cuando creíamos que después de ver a Pizzi el día de su presentación como técnico del Valencia nada nos podía sorprender en cuestión de tallaje, surge Amarildo y se presenta ante las cámaras con un traje que bien podría haber salido de ‘Confecciones Macanudo’ y un discurso como no se recordaba en la historia de las galas desde Pedro Almodóvar y su agradecidísimo Oscar. Quiso la casualidad juntarle en el escenario junto al también brasileño  Pelé, galardonado con un Balón de Oro a su carrera y hombre al que nuestro protagonista debe su fama. Todo gracias a una herencia que, al igual que su look del lunes, pareció venirle grande al comienzo y, contra pronóstico, supo luego defender a la perfección.

Nos remontamos al Mundial de Chile 1962. Brasil llegaba a la cita como flamante campeona en la pasada edición del torneo celebrado en Suecia y con Pelé tocado en la ingle, lesión de la que recayó tras disputar los dos primeros partidos de la fase de grupos contra México y Checoslovaquia. A la espera de si podría contar el crack del Santos en lo sucesivo, se decidió poner en su lugar al joven Amarildo, lo que constituyó un verdadero acierto a la luz de su magnífico papel en el partido frente a España, donde el jugador de Botafogo remontó con dos dianas el tanto inicial de Adelardo, clasificando a su selección para las eliminatorias. Y aunque su aportación no fue tan prolífica como la de Vavá o Garrincha, ni jugó un papel tan destacado como el de Zagallo, sí resultó clave en la medida en que fue Amarildo quien abrió el marcador de una final que les enfrentó de nuevo contra Checoslovaquia  y donde los hombres de Moreira se alzaron con el título después de vencer por 3-1. Gesta siempre recordada, entre otras muchas cosas, por las lágrimas de ese hombre que hoy parece un cromo vestido de traje, pero en el pasado no sólo alcanzó a jugar en el Milan. En clave de sastrería, cosió también con su fútbol el segundo de los cinco entorchados que alumbran a la ‘canarinha‘.

15/01/2014

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