Recóndito Tsymbalar

Tsymbalar

Tsymbalar pugna por un balón con Gianfranco Zola en el Rusia-Italia de la Eurocopa de 1996.

JULIÁN CARPINTERO | Hubo un tiempo en el que al fútbol le rodeaba un intenso halo de misterio. La ausencia de las tecnologías de la información impedía conocer los sistemas tácticos que se utilizaban en los rincones más lejanos del planeta, por lo que jugar contra equipos de países exóticos convertía al partido en una incógnita que jugadores y técnicos tenían que despejar una vez que el árbitro indicaba el inicio del encuentro. En base a esta teoría se explica, por ejemplo, que el Dinamo de Kiev barriera en la final de la Recopa de 1986 al Atlético de Luis Aragonés o que el ‘Dream Team’ de Cruyff fuera eliminado en la segunda ronda de la Copa de Europa por el CSKA de Moscú la temporada en la que le tocaba defender el título cosechado en Wembley. En este sentido, uno de los últimos exponentes de ese inhóspito fútbol fue Ilya Tsymbalar, la perla del Mar Negro que con su zurda maravilló al viejo continente en la década de los 90.

Aquel 30 de septiembre cayó en miércoles. Corría el año 1998 y al Real Madrid de Guus Hiddink le tocaba jugar en Moscú ante el Spartak –considerado tradicionalmente el ‘equipo del pueblo’ en Rusia debido a que su fundador, Nikolai Starostin, estuvo injustamente recluido en un gulag soviético– en busca de su segunda victoria en la fase de grupos. Unos 90.000 aficionados del Spartak llenaron las gradas del Estadio Luzhniki, desafiando a las bajas temperaturas y a una incesante lluvia que no cesó durante los 90 minutos. Si bien es cierto que el vigente campeón de Europa se había adelantado en el marcador cuando mediaba la segunda parte merced a un gol de cabeza de Raúl tras un disparo de Seedorf que el poste escupió, al campeón ruso le bastaron seis minutos de agitación para dar la vuelta al marcador y quedarse con tres puntos que, a la postre, no les servirían para alcanzar los cuartos de final.

Las crónicas de aquella fría tarde moscovita hacían especial hincapié en el desconcierto reinante entre los hombres de Hiddink y la superioridad casi insultante del Spartak a pesar de lo ajustado del marcador. Los focos apuntaban a aquel interior zurdo que había vuelto loco a Panucci y que, con un magistral lanzamiento de falta directa, había conseguido batir al gigante Illgner para poner el 1-1 en el minuto 72 antes de que Titov echara sal en la herida de la maltrecha zaga blanca. Así, el talentoso volante que tenía un guante en su pierna izquierda lucía el número ‘4’, portaba el brazalete de capitán y respondía al nombre de Tsymbalar, nueve letras que, tras la exhibición ante el equipo más laureado de Europa, adquirieron mucha relevancia en el contexto de la competición en las siguientes semanas.

Nacido en la Ucrania soviética en 1969, con sólo 20 años tuvo que abandonar el Chornomorets Odessa, el club más importante de su ciudad natal y en el que siempre había soñado triunfar, en busca de unos minutos que encontró en los otros equipos locales: el Dinamo y el SKA. Después de dos temporadas a un excelente nivel en este último, el Chornomorets volvería a llamarle a filas para disfrutar de su fútbol de seda durante cuatro temporadas, hasta que en 1993 –seducido por el Balón de Bronce al tercer mejor jugador de la competición ucraniana– Oleg Romantsev pidiera su fichaje para el Spartak, el club en el que viviría los mejores años de su carrera y con el que alzaría seis ligas y dos copas.

Un año antes, y ante el fracaso de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), Tsymbalar había decidido vestir los colores de Ucrania, el país en el que vino al mundo; sin embargo, después de tres partidos carentes de oficialidad, el habilidoso centrocampista renegaría del amarillo para abrazar el azul de la Federación de Rusia. El odesita se unía de tal forma a una espléndida generación que reunía nombres de la talla de Mostovói, Onopko, Lediakhov, Nikiforov, Rádchenko o Karpin, pero que, a pesar de todo, no pudo brillar en los grandes torneos a los que acudió. Incluido entre los 22 hombres que Pavel Sadyrin se llevó al Mundial de Estados Unidos en 1994, Tsymbalar fue titular en la derrota rusa frente a Brasil, se perdió el choque contra Suecia y participó en la histórica e inútil goleada por 6-1 ante Camerún, en la que Salenko anotó cinco tantos. Dos años después también formaría parte de la convocatoria que su mecenas y padrino Oleg Romantsev anunció para afrontar la Eurocopa de Inglaterra. Encuadrada en un grupo de extrema dificultad junto a Alemania, la República Checa e Italia, Tsymbalar fue titular en los tres encuentros y llegó a hacerle un gol a Peruzzi.

La mañana de ayer nos despertó con la triste noticia del repentino fallecimiento de Tsymbalar a causa de un fallo cardiaco en su Odesa natal cuando sólo tenía 44 años. Retirado desde hacía más de una década, el mito del Spartak no se había desligado del fútbol tras colgar las botas, pues llegó a trabajar como técnico asistente de modestos equipos rusos e, incluso, directivo del Anzhi. Con él se va el recuerdo del último reducto en el que los analistas especializados no pudieron penetrar para descifrar su fútbol y un auténtico diamante con el que la nueva generación de parabólicos se habría frotado las manos. Pese a todo, la joya del Dniéster se va del mismo modo en que transcurrió su carrera: como un fugaz destello.

30/12/2013

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s