La tregua del fútbol

La tregua del fútbolÁLVARO MÉNDEZ | Cuesta imaginar la cantidad de ocasiones en que un balón se convierte en protagonista de la Historia. Quizá sea ahora mismo, en pleno período navideño, el momento idóneo para recordar uno de los episodios que, por un instante, detuvieron la cruel dinámica del odio bélico y la transformaron en encuentro y fraternidad. Ocurrió hace ya casi cien años, en 1914, en las llanuras de Bélgica y del norte de Francia. Los campos de batalla del frente occidental eran cementerios en potencia, donde las trincheras se convertían en tumbas con la caída de los proyectiles y el sonar de las metralletas. El trágico resultado de la batalla de Marne demostró que alemanes y británicos se estancaron en una contienda en la que la única estrategia pasaba por mantener al último soldado vivo y cuyo último objetivo era el exterminio del enemigo. Tal y como dijo Bertrand Russell, “la guerra no determina quién tiene razón, sólo quién queda”. Y la I Guerra Mundial no había hecho más que empezar.

Sin embargo, en la Nochebuena de ese mismo año, algo cambió. Los soldados germánicos que esperaban órdenes en las inmediaciones de la localidad belga de Ypres comenzaron a decorar sus trincheras y a cantar villancicos. ‘Stille Nacht’ —o, en español, ‘Noche de paz’— fue toda una llamada para dejar las diferencias a un lado en unas fechas tan simbólicas. A poco más de cien metros, las tropas británicas que se hacinaban en las zanjas respondieron entonando otras canciones navideñas y, finalmente, unos y otros acabaron por intercambiar saludos en el mismo lugar donde hacía horas se habían estado enfrentando a muerte.

Al día siguiente, los antes enemigos y ahora hermanos intercambiaron botellas de whisky y tabaco antes de celebrar ceremonias religiosas conjuntas para enterrar a sus muertos. A pesar de los mandamientos que venían desde los despachos, quizá habían entendido que el 25 de diciembre no era el día más adecuado para arrebatar la vida a los demás. El colofón a esta Navidad única llegó en forma de un partido de fútbol entre Inglaterra y a Alemania que finalizó con un 3-2 favorable a los teutones.

Muchas de las misivas que enviaron los soldados a sus familias explicando este milagro navideño fueron interceptadas por los altos mandos de ambos ejércitos. Aun así, algunas sí que consiguieron llegar hasta nosotros, como aquella que mandó el teniente alemán Johannes Niemann: “Un soldado escocés apareció cargando un balón de fútbol; y en unos cuantos minutos, ya teníamos juego. Los escoceses ‘hicieron’ su portería con unos sombreros raros, mientras nosotros hicimos lo mismo. No era nada sencillo jugar en un terreno congelado, pero eso no nos desmotivó. Mantuvimos con rigor las reglas del juego, a pesar de que el partido sólo duró una hora y no teníamos árbitro. Muchos pases fueron largos y el balón constantemente se iba lejos. Sin embargo, estos futbolistas amateurs, a pesar de estar cansados, jugaban con mucho entusiasmo. Sin embargo, una hora después, cuando nuestro Oficial en Jefe se enteró de lo que estaba pasando, éste mandó a suspender el partido. Un poco después regresamos a nuestras trincheras y la fraternidad terminó. El partido acabó con un marcador de tres goles a favor nuestro y dos en contra. Fritz marcó dos, y Tommy uno”.

Al día siguiente el sectarismo y el odio volvieron a tomar el mando. Ambos bandos comenzaron a masacrarse en el mismo escenario donde meses después se desarrollarían las cruentas batallas de Verdún y Somme. Cuatro años y 30 millones de muertos después, los aliados se alzarían con el triunfo final, pero el viejo continente, magullado por la sangre derramada y la traumática herencia de la contienda, tardaría décadas en recuperarse. No obstante, había encontrado un instrumento con potencia suficiente para detener la barbarie.

Hoy en día, el recuerdo de aquella fecha histórica sigue más vivo que nunca. Cada año se suceden los partidos conmemorativos en el mismo lugar donde se produjo aquel memorable alto el fuego improvisado. Además, la Premier League ha anunciado recientemente que construirá un nuevo estadio de fútbol en recuerdo de quienes perecieron hace ya casi un siglo en los campos de la muerte. Y es que las guerras van y vienen, pero el espíritu del fútbol permanece… Y siempre acaba imponiéndose.

28/12/2013

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