Campeonar

SanLorenzoJULIÁN CARPINTERO | Sólo él podría confirmarlo, pero a buen seguro que el Papa Francisco trasnochó el pasado domingo. Al hincha más famoso de San Lorenzo de Almagro –que me perdone Viggo Mortensen, pero su Aragorn saldría perdiendo en todas las comparaciones posibles con el Cardenal Bergoglio– no le quedaba otra que seguir con especial atención el desenlace del Torneo Inicial argentino, que llegaba a la última jornada con cuatro equipos en disposición de levantar el título de esta primera parte de la temporada: Lanús, Vélez Sarsfield, Newell’s y la citada escuadra de Boedo. Para más inri, los cuatro se enfrentaban entre sí en una tarde en la que muchos corazones, incluido el del vicario de Dios en la Tierra, tendrían que soportar tensiones por encima de sus posibilidades. Al final, fue San Lorenzo quien se llevó el gato al agua, aunque su historia dice que no es necesario ‘campeonar’ para ser inmortal a ojos de su afición.

Los aficionados del Real Madrid recordarán con pavor aquellas tardes de junio de principios de los 90 en las que el caos se apoderaba de sus futbolistas, a quienes el calor y la humedad insulares bajaban la tensión hasta el punto de noquearles. En el Heliodoro Rodríguez López se dejó ‘La Quinta del Buitre’ dos Ligas que, para colmo de males, fueron a parar a la saca del Barça de Cruyff. Uno de los protagonistas de ese Tenerife que se paseó por Europa durante aquellos años fue Juan Antonio Pizzi, un desconocido delantero argentino que la entidad que entrenaba Jorge Valdano había reclutado para la causa desde el Toluca mexicano. Aquel que se nacionalizó español y fue internacional con Javier Clemente, que vistió las camisetas de Valencia y Barcelona, que jugó para su querido Rosario Central hasta en tres ocasiones y que colgó las botas en un Villarreal que aún no se codeaba con las altas esferas del fútbol patrio. El mismo Pizzi que, desde el banquillo, ha conseguido que los colores de San Lorenzo vuelvan a lucir por toda Argentina después de seis años sin paladear el sabor de la victoria.

Ha tenido que pasar más de medio siglo para que un español –aunque sea de adopción– triunfe en el Nuevo Gasómetro. Y es que el simbolismo que nuestro balompié tiene para San Lorenzo de Almagro es gigantesco desde la década de los 40 del siglo pasado, cuando las penurias derivadas de la Guerra Civil llevaron a una serie de excepcionales futbolistas, entre los que se encontraban Luis Regueiro o Guillermo Gorostiza, a realizar una gira por Sudamérica con el fin de reclutar fondos para el bando republicano. Uno de los integrantes de esa selección de Euskadi era Isidro Lángara, un delantero que había sido el máximo goleador de la Liga española en tres ocasiones con el Oviedo y que decidió quedarse en Argentina una vez que Franco anunció la rendición definitiva del Gobierno de José Miaja. Así, fue el equipo que fundó el cura Lorenzo Massa en 1908 el que le abrió sus puertas de par en par, del mismo modo que había hecho con otros exiliados como Iraragorri o Zubieta. Aquel conjunto, bautizado por el periodista Hugo Marini como ‘El Ciclón’ por la facilidad con la que barría del campo a sus rivales, no fue capaz de levantar ni un solo título y, sin embargo, su recuerdo ha permanecido nítido con el paso de los años.

Carasucias

Los cinco ‘Carasucias’ de San Lorenzo posan antes de un partido en 1963.

Ásperos y duros, el Racing de Pizutti y el Estudiantes de La Plata de Zubeldía fueron los conjuntos que dominaron Argentina a mediados de los 60 gracias a una propuesta agresiva que muchas veces degeneró en violencia. No en vano, como si de un movimiento contestatario se tratara, San Lorenzo dio la alternativa en esa época a un grupo de jóvenes y talentosos futbolistas, criados en las categorías inferiores del club y que no tardaron en conectar con la grada del Viejo Gasómetro. Doval, Areán, Veira, Casa y Telch recibieron el apodo de ‘Los Carasucias’, pues era frecuente que los niños que pasaban horas jugando en los potreros anduvieran con la cara manchada. Pese a las memorables actuaciones que esta banda de descarados e irreverentes muchachos brindaron a la parroquia blaugrana, fue una vez disueltos –‘El Loco’ Doval cruzó el charco para jugar en el Elche; ‘El Nano’ Areán se había marchado a Banfield; y ‘El Manco’ Casa jugaba para Platense– cuando ‘Los Carasucias’ dejaron paso a ‘Los Matadores’, que sí ganaron un Metropolitano en 1968 con Veira y Telch en sus filas. No obstante, esa es otra historia.

Ganar un campeonato”. Esa es la pragmática definición que la Real Academia Española ofrece sobre el término ‘campeonar’, un verbo que no han parado de repetir en el barrio de Boedo desde que Romagnoli, Correa y Alvarado sumaran ante Vélez el punto que les hacía falta para ahogar tantos años de peregrinación por el desierto. Aunque Pizzi podría estar haciendo las maletas –apunta a sustituto de Đukić en el Valencia– esta generación tiene ahora un reto más complicado que el haber devuelto la gloria a San Lorenzo: permanecer en el recuerdo de la gente. Su gente.

17/12/2013

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2 thoughts on “Campeonar

  1. Pingback: ‘Macanudo’ | Falso 9

  2. Gran post. Pizzi venía de ‘fracasar’ en Central por no subirlo a Primera, y fue muy resistido al principio en San Lorenzo. Lo que atajó Torrico (que hace meses era el ‘tercer’ arquero) en los últimos partidos no tiene nombre.

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