Totti y la Roma, ciencia exacta

TOTTI-ROMAFIRMA DE YAIZA ACOSTA | Se dice que el amor eterno no existe. Que todo lo que viene se va. Y en el fútbol, como microcosmos de la vida cotidiana, los sentimientos son más extremos. La felicidad más absoluta se esconde detrás de un gol, igual que la caída al fondo del pozo más oscuro –que se lo digan a la Juventus después de que el Galatasaray les eliminara de la Champions–. Esas sensaciones son muy intensas y tienen un ritmo vertiginoso, pero su duración es limitada. Las contradicciones se suceden y la estabilidad sólo es una teoría. A veces se necesita una constante a la que agarrarse cuando parece que todo está patas arriba. Como, por ejemplo, Francesco Totti y la Roma. Su Roma.

Totti es la Roma y la Roma es Totti. Desde hace 20 años –exactamente desde el 28 de marzo de 1993– esa ecuación permanece inalterable. Ni los millones ni las ofertas ni las tentaciones la han modificado. Matemática pura. Tras unos años de tinieblas (no ganan el Scudetto desde la temporada 2000/01), ensombrecidos por Milan, Inter y por la resurrección de la Juventus, la Roma ha vuelto a sentirse capital. Y el héroe ha sido el mismo que la última vez, y que la anterior, y que, seguramente, la anterior también: Il Capitano‘.

La Roma de Rudi García ha sido líder de la Serie A durante las 12 primeras jornadas. En ellas, un Totti con 37 años volvió a demostrar con tres goles y, sobre todo, con mucho carácter por qué su impronta en la elástica de los ‘giallorossi‘ será eterna. Sus 230 goles en 549 partidos, según el registro de la web del propio club, marcan una época que dura ya más de dos décadas, desde que debutó con 16 años. En esos primeros partidos de la Serie A, la Roma cosechó diez victorias consecutivas. Días después, ante el Nápoles, los isquiotibiales de su muslo derecho dijeron basta.

Tras 50 días de baja, el pasado fin de semana volvió a sentarse en el banquillo y su presencia devolvió a los romanistas a la senda del triunfo, desconocida en sus cuatro partidos de ausencia. Esos cuatro empates consecutivos no fueron suficientes para mantenerse en la proa del campeonato, que ahora ocupa la Juventus. Para entender esa necesidad de Totti hay que saber qué significa su nombre para los romanistas y su país.

En Italia, Totti tiene fama de inculto. Todo empezó cuando dijo que el único libro que se había leído era ‘El Principito. Esas declaraciones se convirtieron en un filón para sus detractores y también para los humoristas, que aderezan la caricatura con el cerrado acento romano del ’10’. Pero ‘Il Capitano, en lugar de montar un numerito, se lo tomó a guasa y le sacó partido al asunto. Ha publicado dos libros con un título que no deja lugar a dudas: ‘Los chistes sobre Totti contados por sí mismo‘ y ‘Los nuevos chistes sobre Totti contados por sí mismo‘. Los beneficios de esas publicaciones han ido destinados a causas sociales.

Totti Roma 2

Totti es el tipo simpático del vestuario, ese que se para a firmar autógrafos, el que suele caer bien –excluyendo a los seguidores de la Lazio, claro–. Pero la trayectoria de los más grandes del fútbol pocas veces queda inmaculada. El romanista no se libra. Este ‘one-club man‘ ha sido protagonista de varias y muy sonadas polémicas. Por un lado, ha tenido sus más y sus menos con el arbitraje y los seguidores de la Lazio (en 2010 fue multado con 20.000 euros por provocar a los aficionados del conjunto rival mostrándoles los dos pulgares hacia abajo cuando su equipo estaba a punto de descender).

No obstante, cuando se le fue la cabeza del todo fue en mayo de 2010. Durante la final de la Coppa de Italia contra el Inter, el ’10’ de la Roma persiguió a Mario Balotelli sobre el césped del Olímpico hasta que consiguió darle una patada que le dejó en el suelo. Vio la roja directa y le cayeron cuatro partidos de sanción que cumpliría cuando su equipo estaba en plena lucha por el Scudetto. Se lo llevaron los ‘nerazzurri‘ de Mourinho.

A pesar de esos borrones, por encima de todo Totti es otra cosa. Un genio. En YouTube hay decenas de vídeos que no dejan duda de su clase. Si al cóctel se le suma la actitud y una seguridad que roza lo temerario se obtiene la definición de mito. Entenderán de qué hablo con el siguiente fragmento de la columna sobre fútbol italiano que Enric González escribía para ‘El País‘ (‘Historias del Calcio’):

Era el 29 de junio de 2000 y la semifinal Italia-Holanda del Europeo acababa de terminar en empate. Se jugaba en Holanda y los italianos, encerrados en el círculo central, hablaban de quién tiraba los penaltis. Di Biagio fue el primero en reconocer que la cosa imponía. (…) Entonces llegó la frase inmortal [de Totti]: “Nun te preoccupá, mo je faccio er cucchiaio”. O sea, “no te preocupes, yo le hago la cuchara”. El gran jefe Maldini tenía la oreja puesta y al cabo de unos segundos, cuando comprendió, se dirigió con gran alarma hacia Totti. “¿Pero estás loco? Estamos en una semifinal del Europeo”. Pero Totti ya tenía la idea clavada en el entrecejo: “Sí, sí, le hago la cuchara”. (…) [La cuchara es] Una broma, algo que no se hace en el momento más crucial del año. Lo que pasa es que Totti es Totti. El capitán del Roma tendría poco de qué hablar con Einstein, pero la inconsciencia le da a su juego el toque de locura y genio de los grandes idiotas del fútbol”.

El penalti lo metió, por si lo dudaban. Por esa osadía, por ese carácter, la Roma y Totti se necesitan. Italia, inundada siempre de jugadores capaces de marcar una época (Maldini, Del Piero o Pirlo), no vive esa sensación de desamparo cuando ‘Il Capitano‘ de la Roma no está sobre el terreno de juego. De eso hace ya siete años –2006–, cuando el propio Totti puso un punto y final que puede acabar siendo sólo un impasse, pues su gran estado de forma ha desatado los rumores que le colocan en el Mundial de Brasil vistiendo la ‘Azzurra‘. El seleccionador, Cesare Prandelli, se mostró encantado con esa posibilidad: “Si el Mundial estuviera próximo convocaría a Totti. Después echó el freno, por si acaso.

Quedan muchos meses para ir a Brasil y, aunque Italia levantó por última vez el trofeo con el romanista en sus filas, no hay dependencia. Eso sí, en Roma no pueden decir lo mismo.

15/12/2013

Yaiza Acosta es redactora del diario As.

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