Mandela y el fútbol

Mandela MundialÁLVARO MÉNDEZ | Cuesta no emocionarse al ver la escena final de ‘Invictus’. Para el recuerdo queda el leal y cariñoso intercambio de palabras entre Francois Pienaar y Nelson Mandela cuando el capitán de la selección de Sudáfrica está a punto de levantar la Copa del Mundo al cielo de Johannesburgo. Los temibles ‘All Blacks’ habían sido derrotados gracias al empuje de toda una nación que, después de 33 años de inhumanidad, empezaba a ver la luz al final del ominoso túnel del apartheid. “Gracias por lo que habéis hecho por nuestro país”, felicitó el siempre sonriente Presidente. El fornido ala, consciente de que frente a él se encontraba la personificación del perdón y la compasión, apenas acertó a responder: “Esto no es nada comparado con lo que ha hecho usted por nuestro país”.

El deporte, una vez más, se erigía en vínculo de unión de un pueblo, el sudafricano, que había sido dividido a causa de algo tan insignificante como el color de la piel, a pesar de que él mismo había tenido un papel protagonista en la segregación racial. Por un lado, el rugby era fundamentalmente jugado por los afrikánerers —los descendientes de los colononizadores de origen neerlandés— mientras que los ingleses se dedicaban al críquet. Por el otro, la mayoría de negros se dedicaba a dar patadas a un balón en los patios traseros de sus humildes hogares o en los fangosos parques de los populosos suburbios sudafricanos.

Cinco años antes del éxtasis de la final de la Copa Mundial de Rugby de 1995, ‘Madiba’ acababa de salir de la prisión en la que había estado injustamente recluido durante casi tres décadas. Su mediática puesta el libertad agravó las grietas que ya habían empezado a mermar la salud de un debilitado régimen del apartheid al que se le empezaban a acabar las excusas. La presión de la comunidad internacional y las concesiones políticas, sociales y políticas surtieron efecto. En 1992, la FIFA readmitió a Sudáfrica como miembro del organismo y le permitió disputar la fase de clasificación para el Mundial de Estados Unidos.

Aunque debido al éxito de ‘Invictus’ siempre se ha asociado a Mandela con el rugby, lo cierto es que el Premio Nobel de la Paz de 1993 también fue un fanático del deporte rey. Aunque en sus apariciones públicas siempre apuntaba que no era acérrimo seguidor de ningún equipo, su círculo cercano contaba que, al igual que su infatigable compañero de lucha Desmond Tutu, era socio del Orlando Pirates de Soweto. A pesar de que se le prohibió participar en las distintas ligas que se formaron en la prisión de Robben Island durante sus 27 años de cautiverio, pudo comprobar que las desavenencias quedaban aparcadas cuando el balón echaba a rodar en el patio de la cárcel. Sabedor de que el fútbol podía constituir un firme pilar sobre el cual edificar la convivencia entre los distintos grupos étnicos de la región, Mandela se volcó con su selección en los días previos al partido que Sudáfrica jugaba contra Nigeria, un país que había condenado duramente al régimen racista del apartheid. Una victoria suponía entrar en la fase final de grupos para obtener el tan ansiado billete para la Copa del Mundo.

El fútbol es una de nuestras actividades más cohesionadoras. El continente africano está hoy más unido que nunca gracias a este deporte del que ustedes son nuestros mejores embajadores”, declaró ante sus jugadores y los micrófonos de los medios de comunicación dos días antes del vital encuentro. El discurso no pareció surtir efecto y, llegado el día, los ‘Bafana Bafana’ saltaron al campo acobardados ante el imponente vuelo de ‘Las Águilas Verdes’. No obstante, pasados los primeros 45 minutos se cambiaron las tornas y Sudáfrica inició el asedio a la meta nigeriana. El delirio llegó al graderío del antiguo Soccer City de Johannesburgo cuando George Dearnaley cruzó un disparo raso que se alojó en el fondo de la red. El público saltó de sus asientos con un grito unánime mediante el cual las diferencias quedaron fundidas con el júbilo colectivo. El blanco ariete no encontró otro mejor lugar para celebrar su tanto que en el fondo donde se hacinaban cerca de 10.000 aficionados de raza negra. La fiesta se trasladó instantáneamente a los miles y miles de hogares en todo el país que tenían el privilegio de presenciar el milagro. Pero la decepción llegó cuando los sudafricanos echaron un incrédulo vistazo a la banda y se dieron cuenta de que el linier tenía la bandera levantada. Fuera de juego. Y fuera del Mundial.

A pesar de todo ello, aquel partido sentó un valioso precedente. En sus crónicas, el periodista Simon Kuper relata que jamás vio al país más unido que durante esos minutos: “Sólo aquí, en el estadio, he visto a la gente olvidarse del color de su piel”. Sudáfrica no viajó a Estados Unidos, aunque sembró los frutos del entendimiento entre las facciones enfrentadas que se recogerían dos años después, cuando Nelson Mandela fue finalmente elegido Presidente del país. El fútbol sudafricano tropezó en la primera piedra, sí. Pero dejó de ser esclavo de los prejuicios y se convirtió en amo de su destino y en capitán de su alma.

13/12/2013

Anuncios

2 thoughts on “Mandela y el fútbol

  1. Pingback: Competir por un sueño | Falso 9

  2. Pingback: Capitán | Falso 9

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s