Ghiggia, el matador

alcides_ghiggia_1_recortadaSERGIO MENÉNDEZ | Brasil ha sido el indiscutible protagonista del inmaculado fin de semana que acabamos de dejar atrás. El país que mejor representa la sinonimia con el fútbol ha eclipsado al resto de competiciones en el planeta gracias a dos acontecimientos deportivos de diversa índole.

Primero y, sin embargo, posterior en la sucesión cronológica de los hechos, los vergonzosos sucesos que tuvieron lugar el pasado domingo en el transcurso del partido entre el Atlético Paranaense y Vasco da Gama en lo que suponía la jornada de clausura del Brasileirão. Encuentro de alto riesgo y mucho nervio el que se pudo ver en el estadio Arena de Baixada de Curitiba, con la clasificación de la Copa Libertadores y el descenso a la Serie B en juego, respectivamente. Tanto que las correspondientes aficiones no pudieron soportarlo más y, cuando solamente habían transcurrido 17 minutos del pitido inicial, se enzarzaron en una lluvia de mamporros que puso a examen la elasticidad de varias camisetas y desafió los límites de la barbarie. Las videotecas dejarán para el recuerdo de semejante vergüenza la imagen de un hincha tendido en el suelo de la grada, inconsciente y con la cara ensangrentada, mientras varios aficionado rivales se afanaban en pisotearle la cabeza contra el hormigón.

Hechos que repercuten directamente sobre el segundo de los acontecimientos, el más temprano de ambos. No hablamos sino de la celebración del sorteo que el viernes desveló tanto la configuración de los ocho grupos en que quedaron repartidas las 32 selecciones que concurrirán el próximo verano en el Mundial como los diferentes cruces hasta la final del 13 de julio de 2014. Una cita con el azar que dejó tras de sí una profunda resaca de reacciones. No tanto por el vídeo difundido a través de Internet que ha levantado las sospechas de amaño, quién sabe si con bolas frías, calientes o la complicidad de Jerome Valcke, secretario de la FIFA y maestro de ceremonias con alma de prestidigitador, quien gracias a la trinchera que su atril le otorgaba frente a la indiscreción de las cámaras, podría haber dispuesto a su libre albedrío, obedeciendo quizá unos intereses ocultos, los nombres de los diferentes países.

El motivo estriba más bien en la mujer a su izquierda en la pantalla, Fernanda Lima, la modelo que ha desencadenado todos los chascarrillos que la similitud entre sus atributos femeninos y las bolas del sorteo cabría tolerar y que ha marcado un punto de inflexión en la noble industria de las azafatas como no se había conocido desde Carmen Sevilla y su ovino Telecupón. Hasta tal punto llegaron los estragos que la belleza de Porto Alegre provocó en el ambiente, que Lothar Matthaüs, Zinedine Zidane, Mario Alberto Kempes, Fernando Hierro, Cafú, Fabio Cannavaro, Geoff Hurst y Alcides Ghiggia no pudieron evitar el intercambio de algún codazo, sonrisilla o verse afectados de algún modo por su despampanante figura. ¡Menuda inocencia la de sus manos! Sobre todo en el caso del representante uruguayo, que a sus 86 años protagonizó la anécdota de la jornada al escurrírsele una pelota justo cuando se disponía a pasar el esférico testigo a la joven. ¿Quién se lo iba a decir a Ghiggia? Precisamente a él, que si algo había demostrado a lo largo de su etapa como jugador era sangre fría. No en vano, estamos hablando del principal artífice de un fenómeno balompédico que puso patas arriba el estadio carioca por excelencia, mismo escenario donde se disputará la final de la inminente cita mundialista, pues el charrúa es a ojos de la historia el autor del célebre ‘Maracazano’.

Comentaba el entrañable Ghiggia en una reciente entrevista con motivo del sorteo que considera Brasil su segunda casa. Y no es para menos, pese al tremendo disgusto que el entonces futbolista de Peñarol de Montevideo dio a la nación entera al concluir el último partido de la Copa Mundial de Fútbol de 1950 celebrada en el país de la samba, donde la selección anfitriona y teóricamente favorita para alzarse con el trofeo Jules Rimet se batió el cobre con Uruguay. Se daban todos los ingredientes para la victoria local, no sólo por la ventaja que suponía jugar en terreno propio, sino debido también al hecho de que a Brasil le bastaba con arrancar un empate. Después de una primera parte en que Roque Máspoli, cancerbero del combinado celeste, las pasó canutas a la hora de detener los envites de Friaça y los suyos, el triunfalismo que reinaba en el ambiente se multiplicó cuando a los dos minutos de la reanudación tras el descanso el delantero del Ponte Preta perforó las redes contrarias. La locura desatada por el gol sirvió de acicate a los hombres capitaneados por Obdulio Varela, bajándole primero las revoluciones al encuentro y subiéndoselas luego de golpe con un par de acciones que terminaron por dar la vuelta al marcador a cargo de Juan Alberto Schiaffino y Alcides Ghiggia, cuyo derechazo a la cepa del primer poste de la meta defendida por Barbosa hizo entrar al público de Maracaná en un profundo estado de shock y sumió a los presentes en un profundo silencio que sólo Frank Sinatra y el mismísimo Papa han sido capaces de repetir. Hubo incluso quien, como si de un crack bursátil se tratase, decidió que no merecía la pena vivir si a cambio estaba obligado a padecer tamaño sufrimiento.

Todo por culpa de Gigghia, un matador que a día de hoy puede no ser capaz de sostenerse sin ayuda de su muleta y, sin embargo, será siempre recordado por haberle asestado a Brasil una estocada mortal provocándole una herida que le viene supurando desde mediados del siglo XX. Una brecha que la ‘canarinha‘ buscará cicatrizar en breve.

11/12/2013

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