Foulkes y la flema del United

ManchesterUnitedJULIÁN CARPINTERO | Fue Patrice Evra quien no acertó a despejar un saque largo de Krul, el portero del Newcastle, que pretendía encontrar a un Moussa Sissoko que profundizó por la banda derecha para poner un centro al punto de penalti para que Yohan Cabaye batiera a De Gea con un disparo raso y cruzado. Era el minuto 60 de partido, pero el Manchester United sería incapaz de remontar el 0-1 con el que las Urracas’ acabarían tomando Old Trafford. En ese momento, la derrota dejaba a los ‘red devils’ en un sonrojante noveno puesto a 12 puntos del líder, el Arsenal, al que para colmo de males le restaba un partido por jugar. El equipo más laureado de Inglaterra atraviesa, de esta forma, la peor crisis que ha vivido en los últimos años, pero ni mucho menos se trata de la situación más compleja de su centenaria historia, esa a la que sus aficionados se agarran siempre que les toca apretar los dientes.

Un día después de que el recién ascendido Cardiff le arañara un empate a los chicos de David Moyes se hacía pública la noticia del fallecimiento de Bill Foulkes, el legendario defensa central del ManU que mejor encarnó el espíritu de superación de la entidad. Hombre adusto, de barbilla prominente y con nariz de boxeador, el rojo del United fue el único color que vistió a lo largo de sus 19 temporadas como profesional, todas ellas de manera consecutiva y en casi 700 partidos oficiales. Nacido en Merseyside en 1932, su vida fue una constante carrera de obstáculos, pues no conforme con salir airoso de los ataques alemanes durante la Segunda Guerra Mundial cuando tan solo era un niño fue uno de los supervivientes de la tragedia aérea de Múnich que acabó de forma fulminante con exitosa carrera de los ‘Busby Babes’ en febrero de 1958. Al término de aquella trágica temporada, el chico que siete años antes se levantaba cada mañana para picar en las minas de Lea Green Colliery era el encargado de portar el brazalete de capitán del improvisado Manchester United que saltó a Wembley para disputar –y perder– la final de la FA Cup ante el Bolton Wanderers, quizá el instante más trascendental en los 135 años de historia mancuniana.

El zaguero de Saint Helens desempeñaría un papel fundamental en la reconstrucción que Matt Busby –y su mano derecha, el galés Jimmy Murphy– llevaría a cabo en los años posteriores a la muerte de Duncan Edwards y el resto de la genial camada. Una vez rehecho afectivamente, el entrenador escocés edificó el nuevo Manchester United sobre la figura de Bobby Charlton, al que rodeó de fichajes de relumbrón como Denis Law, que desembarcó en 1962 desde el Torino por una cifra récord de 115.000 libras; y de canteranos como Nobbie Stiles o el propio George Best, identificados con la historia del club y con un talento que les acreditaba como aptos para ennoblecer la memoria de los desaparecidos. No en vano, el zaguero tendría un papel tan discreto como clave.

Soccer - FA Cup Final - Leicester City v Manchester United - Wembley Stadium

Bill Foulkes saluda a una de las personalidades presentes en la final de la FA Cup de 1963 entre Manchester United y Leicester City.

El proceso de germinación se completó el 29 de mayo de 1968, cuando el United derrotaba por 1-4 al Benfica de Eusébio en la final de la Copa de Europa celebrada en el estadio de Wembley, el mismo escenario al que una década atrás Foulkes había saltado con un nudo en la garganta en la final de aquella FA Cup que el Bolton y la niebla de una tarde del febrero alemán le habían arrebatado. Best, Kidd y Charlton, en dos ocasiones, anotaron los goles que convertían al ManU en el primer equipo inglés –que no británico– en coronar Europa; sin embargo, había sido un tanto del ‘5’ en la segunda parte de la vuelta de las semifinales en el Santiago Bernabéu el que permitió a los ‘red devils’ empatar 3-3 ante el Real Madrid y acceder a su primera final de la máxima competición continental.

William Anthony Foulkes se retiraría con honores en 1970, a los 38 años de edad, habiendo amasado un palmarés compuesto por cuatro ligas, una FA Cup y la mencionada Copa de Europa. Su marcha coincidiría con el final de la ‘era Busby’, que también cedido su cetro a Wilf McGuiness, y daría paso a una peregrinación por el desierto en la que el gran club de Manchester no sólo experimentó un doloroso descenso a la segunda división del fútbol inglés en 1974, sino que tardaría 26 años en volver a ganar otra liga. De tal modo, tendría que ser otro escocés quien en 1986 cogiera el timón de Old Trafford para que el tridente del diablo volviera a hacer temblar a Inglaterra y a Europa.

A estas alturas de la temporada no es ningún disparate afirmar que el Manchester United aún no ha sido capaz de asumir la marcha de Sir Alex Ferguson, aunque no está claro si es Moyes quien no se ha adaptado a los jugadores o si, por el contrario, es la plantilla la que no entiende los conceptos del ex técnico del Everton. Lo que sí es evidente es que, a pesar de estar clasificado para octavos de la Champions League, la que se presumía como transición más compleja de la historia del fútbol es, hoy por hoy, una realidad para un equipo acostumbrado a ganar. Aun así, parece bastante complicado pensar que Moyes no vaya a terminar una temporada en la que su equipo casi ha encajado los mismos tantos que ha marcado: tiene a Rooney y a Van Persie, conserva al sempiterno Giggs e incluso ha lanzado al descarado Januzaj. Quizá le falte un Foulkes.

10/12/2013

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3 thoughts on “Foulkes y la flema del United

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