El fútbol entre costuras

mel1MARIO BECEDAS | Sabiduría al servicio de la pasión y fútbol meridional en las venas. Pepe Mel, hombre leído y lector, hombre instruido e instructor, ha sufrido el pertinente y antihigiénico corte de cabeza con el que el balompié español suele recibir a la Natividad del Señor. Extensión del beticismo en el campo, su busto ya tiene el hueco oportuno en el mausoleo de las injusticias del balón. Soltó la guillotina un estamento dirigente ahogado en el mar de incertidumbre de sí mismo. Una serie de errores propios de gag de trompetas y payasos dejó a las franelas verdiblancas vendidas y en franca posición para que Stosic, el nuevo villano deportivo, le haya pasado el estoque a un entrenador que lleva años avisando de la soledad de su cargo.

Profeta del juego y párroco de la cantera ahogado por el windsor verde de la corbata, Mel siempre buscó la facilidad a través del balón. Madrileño de primera hora e intrahistoria del fútbol regional, no se puede entender la brava globalización de Getafe y Rayo Vallecano sin su vasta mano constructora de libros y estucos futboleros. Impecable y sereno tras las técnicas gafas, el perfecto reloj mental de Pepe Mel ha tomado el compás del latido bético hasta construir un virreinato de fe en la aorta del Villamarín. Escuela sevillana de gracejo y desparpajo, escuela andaluza de regate y velocidad, Mel ha llevado la teoría del fútbol a  su máxima potencia para fundirse en el abrazo semanal con una grada que le adora con razón.

Delantero del milímetro y novelista en ciernes, Mel se mesó las botas en ‘La Fábrica’ para luego tomar la sombra de Michael Robinson en Osasuna y acabar comulgando en la solemne ceremonia de Heliópolis, empleando dos décadas en pasar del engranaje a la fábrica de la creación futbolística. Verde y blanco de tapete mimetizado con el verde y blanco de los corazones en medio de la vorágine judicial y el lío de cuentas que han dejado a la sístole trianera sin empanada por Navidad y al caballero Mel perdonando mucho finiquito a la truhana directiva que lo ha ejecutado.

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Magisterio de la palabra en chándal, Mel no quiso sumergir su proyecto vital sólo en los petos y las pizarras legando a la cultura sus novelas y su gusto por la arqueología. Savia nueva para el deporte alumbrada por la Clío de los ‘Episodios Nacionales’, como manifestó en su confesión con los ‘Panenka’ y conocimiento del pasado como única manera de salvar el futuro para un erudito sin tiempo y auténtico Pigmalión de la cantera. Pepe Mel se debate con el destino del fútbol entre la trágica España de Galdós y la constante regeneración biliar de la profesión balompédica.

Caen ahora relámpagos furtivos sobre un pobre Juan Carlos Garrido que tragará todas las antorchas de la masa enfurecida verdiblanca sin culpa ninguna. Es un convidado de piedra más en este mito de Edipo envenenado que ha recorrido las tripas del Betis. Queda en el horizonte una desolación errante para Mel, genio y buen tipo, que encontrará el remanso del juego rey allá donde deposite sus anhelantes cuartillas. Tinta bombeada desde el ventrículo para escribir el fútbol, siempre después de leer.

Se despide así Mel, como telonero del buen gusto y sastre impecable desde que leyese el éxito de María Dueñas. Como un costurero tenaz que puso a sus primerizos hilanderos a tejer un juego de filigrana y confección. Empezando por la cogida del dobladillo en la Segunda División y muriendo en la última puntada sobre el hilo europeo. Una delicada sinfonía de agujas y dedales que ha acabado con la malversación del género y la rotura definitiva y casi buscada del paño. Es la circunstancia textil de Pepe Mel. Es el fútbol entre costuras.

05/12/2013

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