De buena fuente

françois_gallardoSERGIO MENÉNDEZ | Se las prometía muy felices el inocente de Andreu cuando, a principios de la semana pasada, comenzaba el que ya constituye su segundo regreso a los ruedos catódicos de difusión nacional. Como si de una versión televisiva de Michael Jordan nacida en Reus se tratara, después de seis años liderando un late night homónimo que llenó los bolsillos de  Maurizio Carlotti, primero, y Emilio Aragón, después, el ‘showman‘ por excelencia de la última generación volvía por sus antiguos fueros dispuesto a desquitarse del fiasco que supuso su más reciente y ambicioso proyecto para la pequeña pantalla. Ni la visita de Javier Bardem pudo evitar el fatal destino de un espacio hecho a imagen y semejanza del ‘Saturday Night Live‘ que creyó ver su particular filón en la noche de los domingos. Parecía, sin embargo, como si la suerte no estuviera precisamente de su lado y el programa se despidió a las séptimas de cambio.

Herido en su popularidad, el carismático Buenafuente se refugió en las cadenas autonómicas catalanas y las funciones teatrales para sobrellevar el peso del fracaso hasta que, tras un improvisado periplo junto a Berto Romero en la SER, el noble hidalgo del humor patrio decidió retornar al medio que un día se lo dio todo para después quitárselo y enfrentarse a los molinos de viento de las audiencias, sin Joan Eloi pero con la inestimable colaboración de su fiel escudero y sobrino falaz, haciendo gala de una figura si acaso más estilizada, nunca triste.

Y como donde hubo fuego siempre quedarán ascuas, y quien algo de gracia tuvo habría de retener todavía ciertas dosis de humor, la noticia de su vuelta logró generar entre la audiencia una gran expectación, el único intangible que los rivales del hijo pródigo estaban dispuestos a concederle en la batalla por el share. Al menos, en lo que concierne a Josep Pedrerol. Temeroso de que corriese peligro la posición de líderes que con tanto bombo y platillo se celebra noche tras noche en el césped de Punto Pelota, el principal azote de los becarios se propuso chafar a su paisano el triunfal regreso.

Porque todos aquellos futboleros que al filo de la medianoche del último jueves sintonizaron Intereconomía con ánimo de hacer tiempo hasta que Buenafuente se lanzase de nuevo al espacio compuesto de oxígeno, nitrógeno y argón al que cantaba Mecano, ya no pudieron cambiar de canal hasta que se esclareció el enigma que con tanto apremio dejó sobre la mesa Pedrerol al comienzo de su programa. Si, como cada jueves, la presencia de François Gallardo no resultaba estímulo suficiente para sujetar a su rebaño, el agente FIFA reconvertido a ídolo de masas tenía preparado para dentro de un rato una exclusiva (“-iva, -iva, -iva”) más rocambolesca que cualquier chándal de Joaquín Ramos Marcos. Una noticia que haría saltar por los aires el último tornillo que sujeta la cabeza de Hugo Gatti.

No son Andreu Buenafuente y François Gallardo dos personas tan diametralmente opuestas en contra de lo que la mayoría cabría imaginar. Desde el punto de vista puramente físico, por ejemplo, ambos han sabido hacer de sus gafas una seña inequívoca de identidad. El primero, gracias unas monturas de pasta que constituyen el paradigma de lo ‘hipster‘. François, por su parte, si bien acostumbra a lucir un modelo en blanco y negro de corte clásico, ha sabido compensarlo con una genuina forma de atusarse las patillas, recorriéndolas con los dedos en toda su longitud hasta detrás de las orejas al tiempo que su boquita de piñón deja escapar un tímido suspiro, la única prueba de humanidad detectable en un rostro impertérrito, más propio casi de un autómata. Tan mediático ha resultado el gesto que ni los seres superiores se han resistido a imitarlo.

Lo mismo sucede con sus respectivos acentos, terreno donde el balompédico tertuliano hace gala de una variedad de matices más rica que el de su colega tarraconense, pues el deje típico Baix Camp se queda prácticamente reducido a la nada en comparación con ese dialecto de origen sefardí, a caballo entre el malagueño y el francés, tan sólo dominado por unos poco elegidos entre los que se encuentra un políglota Gallardo. Puede detectarse fácilmente en la tendencia a suprimir las eses finales y la manera de pronunciar su celebérrima y desafiante muletilla: ¡Desmiéntemelo! (léase al mismo tiempo que se alarga el brazo y se apunta con el dedo índice hacia delante).

Pero lo que de verdad ha labrado la fama de François es la combinación de acierto y rapidez que siempre ha mantenido hasta ahora a la hora de dar a conocer determinadas noticias. Al igual que ocurre en todas las facetas de la vida, es en los tiempos de zozobra cuando se fraguan los grandes héroes. Y en ese sentido, la leyenda de nuestro protagonista se comenzó a escribir cuando todavía era un desconocido y se atrevió a desvelar el club y las cantidades por las que ficharía Higuaín una vez abandonase el Real Madrid a finales de la temporada pasada. Nadie le creyó en su momento, pero el tiempo le terminó dando la razón. Luego llegaron la venta de Özil al Arsenal y el montante por la operación de Gareth Bale, primicias ambas que nuestro protagonista deslizó en su día a modo de pildorita y se han terminado cumpliendo. La salida de Leo Messi del Barcelona al final de la presente campaña, el bombazo informativo que ha hecho incluso temblar las grúas de la Sagrada Familia durante toda la semana, ha terminado por hacer de Gallardo un personaje notorio, un gurú en el negocio de la representación y por poco no le convierte en un ídolo adolescente. La clave de su éxito radica, si todavía están permitidos los juegos de palabras, en saber elegir una buena fuente. Y a ese respecto, como en el fútbol sala, disciplina en la que domina igual de bien o mejor las exclusivas, no hay quien supere a este Falcao con peinado de Heihachi.

27/11/2013

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2 thoughts on “De buena fuente

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